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Descubriendo la felicidad en la vida sin importar la condición

Para David Palacios y Noemí Hoyos tener a "Santi" con síndrome de Down es una alegría que agradecen siempre.
Martes, 03 de marzo de 2026 23:56
INCONDICIONALES | SANTIAGO PALACIOS -CENTRO- JUNTO A SU PAPÁS, DAVID PALACIOS Y NOEMÍ HOYOS.

Santiago Agustín Palacios es un ejemplo de resiliencia absoluta, porque desde que abrió sus ojos al mundo, se aferró a la vida para descubrirla desde una mirada especial.

Nacido el 3 de marzo de 1997, este joven abrazó a sus padres y transformó todo desde el primer momento. Tener síndrome de Down, no fue un obstáculo para su familia que lo recibió con amor genuino. "Al principio fue la sorpresa y después, poco a poco, la aceptación porque como padres no imaginábamos que vendría un hijo con esta condición, tenía la trisomía 21 y entendimos que era síndrome de Down, en familia supimos salir adelante", expresó David Palacios, padre de "Santi" como le dicen de manera afectuosa.

El joven tiene 29 años y una hermana melliza con quien compartió sus primeros tiempos en la incubadora por tener bajo peso. No obstante, se enfermaba cada dos meses ya que no podía alimentarse correctamente; y a los nueve meses le hicieron transfusiones, lo que lo llevó a atravesar una situación crítica. Al cumplir dos años, sus padres se dieron cuenta de que no podía caminar y realizaron un tratamiento especial. "Como ellos nacen con hipotonía -que es cuando la musculatura no tiene fuerza- lo que necesitaba era aprender a comer y le tuvimos que hacer masajes abajo, en el mentón. Así empezó a darse cuenta que tenía que mover la lengua para poder tragar y alimentarse mejor", explicó.

Con este tratamiento, su salud fue mejorando ya que subió de peso y aprendió a caminar hasta que llegó a los cinco años, siempre con la contención familiar que fue la base para todo.

La vida lo sorprendió a cada instante. Pudo crecer, aprender y viajar con el acompañamiento de hermanos y padres. "A los nueve años practicó básquet en el club Luján con el 'profe' Aquino, siempre hizo distintas actividades. Además, tocó el trombón en una formación orquestal, donde los chicos lo aceptaron como uno más a los doce o trece años", reveló el padre, orgulloso.

Terminar el nivel primario en la escuela 415 "Confederación General del Trabajo" (CGT) fue de gran valor para él ya que significó los primeros pasos para su independencia personal por lo que ya cuenta con una conexión profunda con amigos de su infancia. "Yo agradezco a todo el personal de la institución porque, si bien, empezó tímido hoy en día se maneja solo, sale a andar en bicicleta. De la escuela iba y venía, uno como padre tenía los miedos por la discriminación", expresó Palacios. El espíritu aventurero de "Santi" lo hizo participar de las olimpíadas especiales a nivel nacional en atletismo y viajó a Buenos Aires, siendo un veinteañero para quien participar, fue muy importante.

Hoy la expresión a través de la danza moviliza sus emociones y es una experiencia que no quiere dejar. Le gusta. Y entrega su energía en las presentaciones del ballet "Ecos de Luz", espacio que elige con el corazón. "Tenía vergüenza a todo, porque miraba al piso todo el tiempo. Yo creía que no iba a poder. Y una docente me dijo que confiara. Yo estaba con miedo, después se terminaron las vergüenzas. Es lindo ver cómo mi hijo se fue preparando con sus dificultades y salió adelante", dijo Noemí Hoyos, mamá de "Santi" que encuentra en la danza un motivo para ser feliz.

El arte en movimiento fue ideal para el joven que llegó a Cosquín, seis años atrás. "Todos los papás hemos llorado de verlos, todos emocionados con los 'profes'. Viajamos a San Luis, a Tupiza y a Salta. A mi hijo y a sus compañeros les encanta salir a bailar en el escenario y lucirse", detalló Hoyos compartiendo con ilusión que -desde hace tres meses- su hijo trabaja en una pasantía otorgada por la asociación "Todos Juntos" y el municipio capitalino, para la huerta orgánica en el parque "General Manuel Belgrano". Conmovida, su sensibilidad materna, aconsejó a los padres a dar amor y tener paciencia para acompañar a sus hijos con o sin discapacidad porque siempre deben ser abrazados por una familia comprometida con su crianza.

 

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