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Adoctrinar el aula

Lunes, 09 de marzo de 2026 23:26

En los últimos tiempos hemos registrado noticias sobre casos de presuntas situaciones de adoctrinamiento en las aulas. En general se trata de docentes que exponen enfáticamente sus preferencias electorales en clases, o expresan opiniones particulares sobre el pasado reciente del país en actos escolares.

Si bien estas situaciones, en general, son puntuales y desde ya no es deseable que ocurran, no hay que confundirlas con adoctrinamiento que va mucho más allá de casos particulares y tiene otro sentido. Estos son comportamientos más propios de la militancia política que de la docencia. En todo caso, el adoctrinamiento es, por definición, el acto de inculcar ideas creencias o doctrinas, limitando el pensamiento critico y la libre elección.

No hay dudas acerca del papel que han tenido la escuela, y la educación pública argentina, en general, desde el siglo XIX en la construcción de una sociedad y el sostenimiento del Estado Nacional. Fue determinante en incorporar masas de inmigrantes, y particularmente, a sus hijos. La enseñanza de los símbolos argentinos, la idea de patriotismo, y el reconocimiento de unos próceres de carácter decidido, son algunos de los aspectos de esa escuela que recibía a todos sin distinción de clase. Esa escuela pública, sin dudas, adoctrinó a los ciudadanos, a los que formaba, con un objetivo claro de incorporación a la nueva sociedad.

Ahora bien, ya superada aquella etapa fundacional, empezamos a realizar algunas observaciones. Esto se refiere a algunas cuestiones que durante muchos años se inculcó en el alumnado sin una visión amplia y critica, y que, sin dudas, entran en el campo del adoctrinamiento.

Por ejemplo, el proceso que dio como resultado la primera declaración de independencia en 1815, en el que participaron varias provincias litoraleñas, bajo la tutela de Artigas, no tiene el espacio, que merece, en la enseñanza de la historia del país. Y es un hecho importante para comprender como se llega al Congreso de 1816 donde participan los porteños, y se ausentan aquellos que ya habían participado en Entre Ríos. Algo que nos toca mas de cerca es la participación fundamental de las comunidades del norte para definir una Nación cuya frontera norte no fuera simplemente Córdoba y se extendiera hasta mucho más allá.

Si no se enseña acerca de la sangre derramada por jóvenes jujeños, muchos de ellos de comunidades originarias, después es difícil explicar el contenido del concepto de federalismo para que lo entiendan los poderes centrales. Y en relación a estos hechos, ¿acaso se enseñan las consecuencias de la batalla de Pavón, de 1861, en la construcción de un país centralista y regionalmente inequitativo que aun padecemos? El mismo papel que jugó Belgrano con sus ideas económicas o su impronta en la educación argentina no siempre se valoriza adecuadamente.

Otro ejemplo es la ausencia de mujeres, en general en la narración de nuestra historia, que no es inocente, a pesar de que siempre jugaron un papel trascendente aunque se oculte. Hay que reconocer que el peronismo de los años 40 del siglo pasado tuvo acciones de adoctrinamiento, en el sistema educativo, que hoy en día no se realizarían. Y después, de su derrocamiento todos los procesos o próceres que tuvieran connotaciones populares se señalaban, en las clases de historia, con adjetivaciones negativas, lo cual también es inaceptable.

Estos contenidos buscan claramente adoctrinar con un sentido claro. En la Alemania de posguerra, convulsionada, este tipo de problemas en el sistema educativo también estaban presentes a partir de las distintas posiciones originadas en su historia reciente. Así, en 1976, especialistas en educación construyeron lo que se conoce como Consenso de Bueutelsbach, con tres premisas. La primera era no adoctrinar en el aula, enseñar las ideas y procesos controvertidos incluyendo todas las miradas y, otorgar al alumno los elementos necesarios para analizar críticamente los hechos.

Tan trascendente era la temática, que uno de estos investigadores, Michael May, desarrolló la definición de “tacto pedagógico” que deben poseer los docentes. Y esto se relaciona a que hay algunos aspectos como fundamentalismos, extremismos, y xenofobia, que, aunque se enseñe su presencia en algunos sectores de las sociedades, son totalmente incompatibles con la construcción democrática.

En este contexto se entiende que la medida del Gobierno nacional al implementar una línea telefónica para denuncias de esos casos del mal llamado adoctrinamiento, no es más que otro aprovechamiento político que no responde a un debate de fondo acerca de esta cuestión. En fin, una educación plural, amplia, que subraye los derechos consagrados en la Constitución, es lo que todos deseamos.

 

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