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¿Si hubiera...?

Martes, 03 de marzo de 2026 23:51

"Si hubiera dicho que no", "si hubiera elegido aquel camino", "si no hubiera confiado tanto"... ¿Cuántas veces al día nos martirizamos con estas dos palabras? Parecen una pregunta, pero en realidad son una trampa.

Desde la psicología y la neurobiología, a este proceso lo llamamos rumiación. Somos como vacas mentales: masticamos una y otra vez un pensamiento que ya no tiene vida, que ya pasó, y lo único que logramos es desgastarnos el alma. Nos quedamos atrapados en un pasado que no existe, mientras el presente se nos escapa entre los dedos.

La cárcel del perfeccionismo. Desde pequeños nos enseñaron que "equivocarse es malo". Crecimos identificando nuestro valor con lo que hacemos de manera "perfecta". Como explican Verónica y Florencia Andrés en su libro Confianza Total (2010), cuando vivimos en el Paradigma del Miedo, nos aterra el rechazo. Entonces, usamos el "si hubiera" como un látigo para castigarnos por no haber sido perfectos.

Le damos poder a la visión del otro y nos cerramos a la posibilidad más grande que tiene el ser humano: el aprendizaje. El miedo nos vuelve rígidos; el amor y la confianza nos vuelven curiosos.

Fijate cómo cambia tu cuerpo y tu química cerebral (el cortisol del estrés vs. la dopamina del bienestar) según la pregunta que te hacés:

- El camino de la angustia: Perdiste un vínculo o un trabajo y te decís: "Si hubiera sido más atento/a, si hubiera hecho las cosas distinto...".

Resultado: Te hundís en el resentimiento o la tristeza. Es una pregunta que cierra puertas, que te deja encerrado en una celda sin salida.

El camino de la expansión: Ante la misma situación, soltás el "si hubiera" y preguntate: ¿Qué más es posible aquí que no estoy viendo?" Gracias a esta situación: ¿qué aprendí?

Resultado: El pecho se abre. Dejás de ser la víctima de tu pasado para ser el creador de tu presente.

Grandes maestros como Freud o Lacan nos recordaban que siempre estamos buscando algo que nos "llene", pero la verdad es que la vida es una espiral de estaciones. A veces toca soltar para que algo nuevo nazca.

Científicamente, estamos hechos de átomos que son, en su mayoría, espacio vacío. ¿Por qué le tenemos tanto miedo a ese vacío mental? No pasa nada si soltamos el "hacer" constante y el control. Al soltar el "si hubiera", dejamos de pelear con la realidad y empezamos a Vivir.

Cuando te encuentres rumiando, hacé una pausa y cambialo:

1. Detectá el "si hubiera": Es el primer paso para despertar.

2. Cambiá la pregunta: En lugar de castigarte, preguntá al universo: ¿Cómo puede mejorar esto?

3. Agradecé el aprendizaje: Decí "Gracias a esto, hoy sé algo que antes no sabía".

Una imagen para que te lleves: Imagina que el "Si hubiera" es un ancla pesada en un bote que quiere navegar. No importa cuánto remes hacia adelante, el ancla te mantiene en el mismo lugar, agotándote. Cortar la soga no es olvidar, es elegir navegar hacia el mar abierto de lo que sí puede ser hoy.

(*) Licenciada en Psicología. Magister en Salud Pública. Coach Ontológico Profesional. Bienestar Emocional y Vínculos Conscientes. Nota del editor: los interesados podrán dejar sus comentarios, hacer preguntas y proponer temas en la página web del diario www.eltribunodejujuy.com.

 

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