¿Qué representa psicológicamente el Último Primer Día (UPD) para un adolescente?
Representa un ritual de cierre de ciclo. Para ellos es muy importante marcar simbólicamente momentos que sienten trascendentes, y el inicio del último año del secundario lo es. El UPD funciona como una celebración que refleja crecimiento y el fin de una etapa significativa de sus vidas. Es una manera de señalar que están dejando atrás una fase y avanzando hacia otra.
¿Por qué este tipo de rituales suelen estar asociados a conductas de exceso?
No necesariamente deben asociarse al exceso. Cuando aparecen conductas de riesgo suele influir la ausencia de límites claros por parte de los adultos.
En la adolescencia predomina la búsqueda de novedad y el sentido de pertenencia al grupo. A nivel cerebral, el área emocional tiene mayor peso que la corteza prefrontal, que es la encargada del control de impulsos, la planificación y la anticipación de consecuencias. Por eso el adolescente tiende a vivir más el momento que a medir riesgos futuros.
Si en ese contexto no hay adultos presentes que orienten y establezcan límites claros, es más probable que aparezcan conductas impulsivas o excesivas.
El alcohol es consumido por chicos cada vez más chicos. ¿Funciona como desinhibidor?
Sí, funciona como desinhibidor. Por eso es clave que los adultos regulen antes que prohibir. La prohibición, cuando algo está al alcance, suele dejar al adolescente sin herramientas.
Regular implica informar: explicar qué efectos tiene el alcohol en el organismo y en el cerebro, advertir que disminuye la capacidad de razonar y medir consecuencias, y brindar pautas concretas. No alcanza con decir "cuidate". Es importante anticipar situaciones: qué hacer si alguien se descompensa, cómo volver si el plan cambia, a quién llamar, establecer puntos de encuentro seguros.
Los adolescentes necesitan adultos que funcionen como guía, que pongan límites claros y traduzcan el cuidado en información concreta.
¿Qué está pasando a nivel emocional o social para que el consumo de alcohol se vuelva tan central? ¿Es una herramienta para pertenecer, un símbolo de adultez?
Intervienen varios factores. En esta etapa la identidad está en construcción y se apoya fuertemente en la aprobación del grupo de pares. Si la mayoría consume, el adolescente tiende a hacerlo para no quedar afuera.
También influye la atracción por lo novedoso o lo prohibido. Por eso la información es fundamental. El consumo temprano es especialmente riesgoso porque la corteza prefrontal todavía está en desarrollo, y el alcohol afecta funciones clave como el razonamiento y el control de impulsos.
Además, se han instalado prácticas peligrosas como desafíos para ver quién bebe más rápido. Es importante hablar explícitamente de estos riesgos y hacerlo desde el acompañamiento, no desde la amenaza o el castigo. Se les debe informar los riesgos de mezclar bebidas, la importancia de alternar con agua y de comer antes.
El objetivo es comprender cómo viven su vida social y dar herramientas para decidir con conciencia.
La Fiesta Nacional de los Estudiantes implica meses de trabajo en carrozas, ensayos y organización. ¿Por qué en esta etapa la identidad grupal pesa tanto?
Porque la adolescencia es una etapa de búsqueda: quién soy, qué me gusta, con quién me identifico. El grupo de pares se vuelve el principal espacio donde el adolescente se define y se reconoce.
La forma de vestirse, hablar, los gustos musicales y los códigos compartidos son parte de esa construcción identitaria. En ese proceso se produce un movimiento natural de mayor distancia respecto a la familia y una mayor necesidad de pertenecer al grupo.
¿El trabajo colectivo entre los chicos tiene impacto en la construcción de valores como el compañerismo y el compromiso?
Sí, totalmente. El trabajo en proyectos compartidos fortalece valores como el compromiso, la responsabilidad y el compañerismo.
Para los adultos también es importante interesarse por el mundo del adolescente: sus referentes, sus intereses, los grupos con los que se vincula. Comprender a quién admira y por qué permite entender mejor cómo está construyendo su identidad y qué valores está incorporando.
¿Cómo hablar de límites sin romper el vínculo?
Cuidar el vínculo es fundamental, porque si el adolescente se siente juzgado o amenazado puede dejar de acudir al adulto cuando realmente necesite ayuda.
No se trata solo de decir "cuidate", sino de traducir ese cuidado en pautas concretas y herramientas prácticas. Sin información, el adolescente queda expuesto y sin recursos para actuar en situaciones de riesgo.
¿Qué mensaje les podés dar a los adultos que miran estas celebraciones con preocupación?
Que es una etapa muy significativa en la vida de un adolescente. Más que reaccionar con miedo o castigo, es una oportunidad para acompañar, contener y guiar con información y herramientas claras.
El objetivo no es que nadie lo pase mal, sino que puedan disfrutar de estas celebraciones sin exponerse a riesgos. El rol adulto es estar presente, ocuparse y transformar estas situaciones sociales en espacios de aprendizaje y cuidado.