A pocos días de la fuerte crecida registrada en zonas rurales del departamento Ledesma, vecinos de Termas de Caimancito y del paraje Normenta describieron los daños que dejó el temporal y plantearon pedidos. En Caimancito pidieron voluntarios para sacar el barro, y en Normenta paneles solares de 220 v para contar con heladeras y mangueras para el agua.
Explicaron que la subida del agua fue inusual para los pobladores, quienes aseguran que el arroyo alcanzó cerca de seis metros en algunos sectores, provocando inundaciones, aislamiento y pérdidas materiales importantes.
En Termas de Caimancito, Mae Strelkov, responsable de un establecimiento de aguas termales, relató que el desborde fue mucho más fuerte que en ocasiones anteriores y explicó que el arroyo, que normalmente tiene un cauce pequeño, creció de manera repentina hasta cubrir zonas que nunca antes se habían inundado.
"Subió seis metros un arroyo de cauce chico, algo totalmente atípico. Otras veces el agua entraba un poco a las piletas, pero esta vez quedamos tapados. El agua llegó hasta los lugares más altos, entró a la casa y dejó una cantidad impresionante de barro", dijo.
Detalló que el agua afectó la vivienda, los vehículos y gran parte de las instalaciones del complejo, incluyendo habitaciones, colchones y electrodomésticos. "Entró hasta la cocina, a las habitaciones, y todo quedó bajo el barro. Es una pérdida muy grande", expresó.
El principal problema ahora es poder limpiar las piletas termales, entre ellas una pileta semiolímpica que, según explicó, es única en el país por sus características. Debido a la cantidad de lodo acumulado, no pueden ingresar máquinas y la limpieza debe hacerse de manera manual.
"Nos prestaron maquinaria para el canal, pero no puede entrar a las piletas. Necesitamos muchas manos, palas y carretillas. Estamos pidiendo ayuda porque con la situación económica no podemos pagar mano de obra", dijo y convocó a voluntarios para poder reabrir el lugar antes de la próxima temporada turística.
El complejo recibe visitantes durante todo el año por las propiedades terapéuticas del agua termal, aunque la mayor afluencia se registra en Semana Santa y vacaciones de invierno. Por ahora, el predio permanece cerrado.
Otro vecino de la zona, que prefirió no dar su nombre, confirmó que la crecida se originó en el canal que pasa por detrás de las aguas termales y desemboca en el río San Francisco, atravesando el sector de finca La Lucrecia. "Fue una crecida como nunca. El canal se desbordó, inundó el camino y llegó hasta la casa donde viven chicos que asisten a la escuela rural. La escuela no se inundó, pero no se podía pasar", relató.
Los vecinos explicaron que personal de Vialidad trabajó en el lugar para reparar los desagües y los accesos, ya que se habían desmoronado los costados de un puente.
En el paraje Normenta, ubicado a 50 kilómetros de Fraile Pintado, la situación también fue complicada. Yolanda Goyochea recordó que los pobladores y docentes quedaron aislados durante varios días, por el que finalmente los trasladaron en helicóptero. Dijo que si bien el camino fue reparado, todavía sólo pueden circular vehículos de doble tracción. "La máquina de Vialidad arregló el camino, pero todavía no pueden entrar colectivos. Los docentes seguramente tendrán que ir en camionetas".
Más allá del temporal, la vecina sostuvo que el principal problema de la comunidad es la falta de servicios básicos, que se agrava cada vez que quedan incomunicados, por lo que solicitó instalación de paneles solares de 220 voltios para cada familia, lo que permitiría contar con heladeras y conservar alimentos. "No podemos tener carne fresca porque no tenemos energía. En las escuelas hay paneles de 220 y funcionan, por eso sabemos que se puede", dijo.
También planteó la necesidad de extender el tendido eléctrico desde la zona de Guayacán, ubicada a unos diez kilómetros, y mejorar el acceso al agua ya que actualmente muchas familias se abastecen con mangueras conectadas a un arroyo, que suele arrastrarlas cuando llueve. "No tenemos agua potable. Cuando llueve se lleva las mangueras y tenemos que hervir el agua o comprar cuando podemos", explicó.
Goyochea agregó que en la zona viven unas 50 familias dispersas, dedicadas en su mayoría a pequeñas producciones hortícolas, cría de animales y venta de verduras en Fraile Pintado, pero el aislamiento, provoca pérdidas porque no pueden trasladar ni conservar la producción. Recordó además que el año pasado se construyeron defensas para contener el agua, pero la última crecida las destruyó. "Hicieron tres defensas, cada doscientos metros, y el agua se las llevó. Necesitamos más y más fuertes", afirmó.
Son problemas estructurales
Sobre lo ocurrido en La Lucrecia, los vecinos explicaron que el desborde de un canal cortó el camino hacia la escuela y afectó viviendas cercanas, aunque no llegó al edificio escolar. Vialidad trabajó en la reparación de una alcantarilla dañada y se esperaba que el acceso quedara normalizado hacia el final de la semana, y desconocía si llegarían los docentes. Mientras continúan las tareas de limpieza y reparación, los pobladores coinciden en que la crecida dejó en evidencia problemas estructurales que se repiten cada año y que requieren soluciones de fondo para evitar que las lluvias vuelvan a dejar aisladas a las comunidades rurales de la zona