El verano suele asociarse con descanso, actividades al aire libre y más tiempo fuera de casa. Sin embargo, no siempre se habla de un factor clave que también se intensifica en esta época del año: la calidad del aire. El calor extremo, combinado con la contaminación y los incendios forestales, puede generar un cóctel perjudicial para los pulmones, incluso en personas sin enfermedades respiratorias previas.
“Las altas temperaturas no son lo único que sube en verano. Cuando se combinan las emisiones de carbono, los gases de escape de los coches y los aviones con el calor, se empiezan a observar aumentos en los niveles de ozono, y cuando estos son muy altos en verano y también a medida que el día se calienta, las personas pueden tener más problemas respiratorios”, plantea la Dra. Kalliope Tsirilakis, neumóloga pediátrica, especialista en salud respiratoria infantil, integrante del equipo del NewYork-Presbyterian y Weill Cornell Medicine.
Durante los meses de verano, las temperaturas elevadas favorecen la formación de smog y aumentan la concentración de contaminantes en suspensión. A esto se suman los incendios forestales, cada vez más frecuentes, que liberan grandes cantidades de partículas al ambiente.
“Las altas temperaturas pueden causar incendios forestales que liberan una gran cantidad de material particulado al aire. Esta combinación de calor aumenta considerablemente la liberación de ozono y empeora de forma significativa la calidad del aire”, explica la experta.
Estas condiciones no solo afectan a quienes ya tienen asma o enfermedades pulmonares crónicas, sino también a personas sanas que pueden comenzar a experimentar tos, ardor en el pecho o dificultad para respirar.
No toda la contaminación se percibe a simple vista. De hecho, los contaminantes más peligrosos muchas veces son los que no se ven.
“Los dos principales contaminantes son las partículas en suspensión, como el hollín y la ceniza, que pueden ser muy pequeñas y penetrar profundamente en las vías respiratorias, causando irritación y problemas incluso en personas sin enfermedades respiratorias subyacentes”, advierte la neumóloga pediátrica.
A esto se suma el ozono, un gas que se forma a nivel del suelo cuando el calor interactúa con los gases contaminantes del tránsito y la actividad industrial.
“Cuando los niveles de ozono son muy altos, las personas pueden presentar tos, sibilancias y sensación de opresión en el pecho, aun sin antecedentes respiratorios”, señala la especialista.
El índice de calidad del aire, una señal clave
Para anticiparse a estos efectos, los especialistas recomiendan prestar atención al índice de calidad del aire (ICA o AQI), un indicador que resume el nivel de contaminación ambiental.
“Un índice de calidad del aire por debajo de 100 suele ser seguro para la mayoría de las personas. Cuando supera ese valor, quienes tienen asma, EPOC u otros problemas respiratorios pueden comenzar a presentar síntomas”, explica Tsirilakis.
Los niños y los adultos mayores suelen ser los grupos más sensibles a la mala calidad del aire.
“Los pulmones de los niños son más pequeños y reactivos. Ante un irritante, las vías respiratorias pueden contraerse más rápido, lo que explica por qué a veces los síntomas son más intensos que en los adultos”, detalla la médica.
Cuando la calidad del aire es mala, las recomendaciones son claras:
- Reducir la actividad física al aire libre en días con alto índice de contaminación
- Priorizar el ejercicio en espacios cerrados
- Usar aire acondicionado con filtros limpios en lugar de ventilar con aire exterior
- Considerar el uso de purificadores de aire
- Utilizar barbijo si es necesario salir en días con contaminación elevada
“Encender el aire acondicionado y asegurarse de que el filtro esté limpio ayuda a reducir la exposición a contaminantes. En días con mala calidad del aire, abrir las ventanas no siempre es la mejor opción”, recomienda la profesional.
El verano no solo desafía al cuerpo por el calor: también pone a prueba la salud respiratoria. Estar atentos a la calidad del aire, adaptar las rutinas y tomar medidas preventivas simples puede marcar una diferencia importante, sobre todo en niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias. Respirar mejor también es parte de cuidarse en verano.