En el corazón de la Puna, a unos 90 kilómetros de Abra Pampa y cerca de la laguna Guayatayoc, se celebró la XXVII edición del Encuentro Cultural de Villancicos de Zonas Rurales.
El evento reunió a unas 700 personas y 14 grupos de pesebres de diversas comunidades, consolidándose como un acto de identidad y fe que trasciende lo religioso para convertirse en un hecho puramente comunitario.
La celebración comenzó temprano con la recepción de los pesebres por parte de la comunidad de Tusaquillas.
Las imágenes del Señor del Milagro y del Niño Jesús fueron entronizadas bajo la sombra de un churqui, árbol que simboliza el cobijo y la resistencia en el paisaje puneño.
Los pesebres realizaron danzas que evocaron las tareas rurales. Tusaquillas, por ejemplo, representó el hilado en pusca y el amasado de pan como una ofrenda de agradecimiento.
La música de los sikuris acompañó cada movimiento, fundiéndose con el silencio de la Puna.
Uno de los pilares fundamentales de este encuentro es la ausencia total de comercio. Siguiendo una tradición de décadas, se respeta un acuerdo de solidaridad.
Cada pesebre lleva comida para ofrecer. Los peregrinos pueden acercarse a cualquier mesa con sus propios platos y cubiertos para servirse gratuitamente.
Su creadora Catalina Callata en diálogo con El Tribuno de Jujuy dijo “Aquí todo se da, todo se comparte, nada se negocia. Venimos a cargarnos de fuerza para continuar”.
Lo que hoy es una cita multitudinaria nació en 1996 como un sueño de cuatro jóvenes del grupo "Noche de Luna": Salvador Callata, Eugenio Lamas, Catalina Callata y Griselda Alejo.
En esta edición participaron grupos de: Tusaquillas, Alfarcito, Santa Ana de la Puna, Agua Chica, Santuario de Tres Pozos, Quebraleña, Aguas Blancas, Cochagaste, Cerro Negro, Susques, Sausalito, Casabindo, Rinconadillas y Barrancas.