La organización Árbol & Vida que lleva adelante el proyecto de forestación de Polylepis (conocida comúnmente como queñoa) en la Quebrada y en la Puna jujeña concretó una instancia de intercambio de saberes sobre la producción de esta especie nativa con integrantes de la Asociación Civil Armonía de Bolivia que trabaja en la restauración de bosques nativos de la vertiente sur del Tunari.
Una comitiva del programa que se desarrolla en Villa Tunari, departamento de Cochabamba visitó la provincia para conocer más sobre la producción de las especies de queñoa a partir de semillas dado que en Cochabamba trabajan con otra especie de queñoa que producen a través de esquejes.
De esta manera los integrantes de la organización Árbol & Vida mostraron su trabajo de producción a través de talleres, ejercicios prácticos e intercambio de técnicas, una capacitación apoyada por la iniciativa Acción Andina que nuclea a ambas organizaciones.
También, aprovechando su presencia, se llevó a cabo la Jornada Internacional de Educación Ambiental "Conservación y restauración de bosques de montaña, experiencias de Argentina y Bolivia" que se desarrolló en la Facultad de Ciencias Agrarias. Una instancia a la que calificaron como muy fructífera y necesaria para la conservación de la región Andina.
La queñoa es un árbol que crece en las altas montañas y cumple un rol ecológico muy importante en la conservación del agua y del suelo, en la conservación de la biodiversidad y principalmente tiene un valor cultural para las comunidades.
Es por todas estas características que, desde el año 2021, el ingeniero agrónomo y docente de la cátedra de Ecología Agrícola de la Facultad de Ciencias Agrarias, Ezequiel Medina, junto a un sólido equipo de estudiantes, voluntarios y especialistas lleva adelante el proyecto Árbol y Vida.
La iniciativa logró, contra todo pronóstico, la producción a gran escala de la queñoa a través de la germinación en viveros. Es que este tipo de producción resultó sin éxito en varas experiencias anteriores y el equipo jujeño lo logró.
"Nunca se había hecho una producción a este nivel en el NOA (sólo algunas experiencias en Córdoba) y eso fue lo innovador, lograr una producción de miles de árboles y alcanzar porcentajes de germinación más altos de lo que decían las publicaciones científicas", destacó el agrónomo.
BOSQUE DE QUEÑOA | ESPECIE POYLEPIS AUSTRALIS EN EL PARQUE PROVINCIAL POTRERO DE YALA.
Es que las experiencias científicas registraban sólo entre el 1 y el 5% y "en la provincia se alcanzó poco más del 30%", siendo este un dato que todavía no publicaron oficialmente ya que deben hacer más estudios y repeticiones para una legítima validación.
En lo que va del proyecto produjeron 80.000 árboles de los cuales no todos sobrevivieron al plantarlos y este año están produciendo otros 70.000.
El foco está puesto en esta especie por el excelente rol ecológico que cumple y también por el riesgo de ser muy utilizada para leña en la Puna. Situación que impulsa a la organización a no dedicarse solo a la producción sino también a la educación ambiental para que las comunidades la puedan utilizar pero luego las vuelvan a plantar para que no desaparezca.
Todos los proyectos que tienen apuntan a la conservación de los bosques de queñoa, pero están abiertos también a realizar proyectos de producción agroecológica para una alimentación más sustentable, pero recién se están adentrando en esos temas.
Imitar a la naturaleza
Sobre cuál es la situación ecológica de la provincia el docente advirtió que "las tres cuartas partes del territorio es Puna y lo que nos queda de bosque se sigue conservando porque Jujuy tiene muchos cerros y montañas, pero en la zona pedemonte, donde está el bosque de las Yungas, está desapareciendo porque al ser llano es más fácil cultivar. Y es ante esta circunstancia que dijo que "hay que apuntar a recuperar esos ambientes y a conservar los bosques que nos quedan. Y es fundamental que la producción cada vez tienda más a conservar el suelo que es un gran sumidero de carbono".
Y agregó: "Lograr esto no es fácil pero la mejor manera es imitando a la naturaleza con sistemas de producción agroecológicos que son nuevas técnicas dentro de la ciencia", concluyó.
Invitan a ser voluntarios del proyecto
Respecto a las proyecciones a futuro, Ezequiel Medina indicó que lo principal es seguir ampliando el equipo y generar más alianzas con instituciones, empresas e interesados en la conservación de bosques nativos.
Su aliado más fuerte es Acción Andina, un programa de conservación de bosques andinos y a la par está la Universidad Nacional de Jujuy, a través de la Facultad de Ciencias Agrarias, el Ministerio de Ambiente y algunos municipios que colaboran con el transporte y las comunidades originarias. Pero todavía no hicieron lazos con empresas, "que estaría muy bueno empezar a sumarlas", exclamó.
Si bien este proyecto tiene un equipo fijo (líderes, viveristas y colaboradores especialistas), funciona también gracias a sus voluntarios que estando ahora en etapa de producción se suman a las actividades que esta tarea conlleva. "Muchos de los voluntarios que empezaron realizando estas actividades hoy forman parte del equipo fijo", alentó el docente que no dejó pasar la oportunidad para destacar la potencialidad y empuje del equipo que lo acompaña.
Los interesados en sumarse como voluntarios pueden comunicarse con ellos a través de sus redes sociales que se encuentran como Árbol & Vida en Facebook, Instagram y Twitter. Luego serán integrados a un grupo de Whastapp desde donde les compartirán las debidas invitaciones para sumarse a las actividades.
Aclararon que los voluntarios no necesariamente deben ser alumnos de la Facultad de Ciencias Agrarias sino que pueden ser particulares, como lo son la mayoría. No tiene límite de edad y pueden ser de cualquier punto de la provincia ya que están activos en Yala, Humahuaca, Santa Catalina donde se producen los árboles para la Puna. Y se están ampliando también a Valle Colorado, Santa Ana, Varas y Palca de Aparzo. También hicieron reforestaciones en Maimará, Tilcara y Tumbaya.
Cabe destacar que este trabajo de forestación con esta especie nativa, los avances en producción y sus respectivas investigaciones fue lo que llevó a Ezequiel Medina a ser galardonado con el Premio Balseiro en la categoría Investigador Joven.