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Ernesto Aguirre: Con la piedra en el ojo (el recuerdo de un poeta)

Lunes, 18 de abril de 2016 01:30
<p>ERNESTO AGUIRRE/ SE GANABA LA VIDA CON EL SUDOR DEL ALMA</p>

"Abril es el mes más cruel: / engendra lilas de la tierra muerta, / mezcla recuerdos y anhelos, / despierta inertes raíces con lluvias primaverales". (de La tierra baldía) T.S.Eliot.

Uno no despide a un poeta, se comienza a extrañarlo y a temer por una larga ausencia. Ernesto Aguirre supo tomar en serio aquello del "oficio de poeta", de la construcción del hombre a través de la poesía.

Y había que aguantar entonces la vida elegida, cruzar la ciénaga y abrir el pecho al aire fresco que brindan las palabras, la valorización de las palabras.

La vida le fue breve y su obra vital y la poética dará testimonio que existió.

Sus comienzos fueron pasos colectivos. Con sus amigos dio a luz aquel "Espejo Astillado" con el que gateo el terreno donde se iba a entrenar como un atleta, para que nadie piense que quien escribe no come, no necesita vestirse ni recrearse.

Sudar el alma

Es que algunos se ganan la vida con el sudor de la frente, otros con el sudor del alma; hay quienes ni sudan pero cobran. No hay tipo más humano que un artista de la vida levantada con poesía, música y creador destino.

La vida no lo eligió, vivió como quiso desde su juventud, hasta contra vientos y mareas de las convenciones domésticas que infinidad de veces, paraliza a hombres y mujeres que comprendieron el arte de volar.

Aguirre y sus amigos del comienzo, no fueron indiferentes a los difíciles tramos de la dictadura militar setentista y, como Dios que "escribe derecho con líneas torcidas", con música nacional y poemas, acercaron a los jóvenes y viejos de entonces facetas de la resistencia cultural, por la mismísima Radio Nacional.

La ignorancia sin límites de los encargados de controlar, la complicidad de los escuchas y los que desertaron de esa tarea, le sirvió para contrastar con el clima de violencia imperante.

Muchos se van a acordar del último encuentro con la existencia del poeta, otros por el ejercicio de su ironía o el succionar ritual de sus hojas de coca.

Quiero extrañarlo recordando que le gustaron los poemas del libro "Canción del Ángel" de Jacobo Regen y uno que dice: "Sé dura, oh luz, conmigo/. No regañes a flor de piel; inquiere/ lo que en el fondo busca tu castigo/ y, sin descanso, hiere.

Hiere profundo, profundo/ Que es mucho lo que perdí, / rodando... ( no por el mundo/ sino por dentro de mi)".

Cuanto pedaleaba la vida... este amigo.


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