Una microesfera de titanio que fue atrapada en un recogedor de muestras durante un vuelo estratosférico constituye un buen ejemplo de lo poco que se ha investigado la presencia de microorganismos y otro material biológico a gran altitud en la atmósfera, pero también ha generado ardientes controversias en torno al posible origen extraterrestre de parte de los restos biológicos de esa microesfera de titanio. Los autores principales del estudio en el que se ha llegado a la conclusión de la posible naturaleza alienígena de parte de ese material son dos profesores universitarios bien conocidos desde hace años por nadar a contracorriente de la inmensa mayoría de la comunidad científica y por emitir hipótesis a menudo tachadas de disparatadas por sus muchos detractores.
El vuelo de un globo científico en julio de 2013 a una altitud de entre 22 y 27 kilómetros por encima de Wakefield, West Yorkshire, Reino Unido, permitió la toma de varios tipos de microorganismos, algunos de los cuales llevaron aparentemente a la formación de microcráteres por estar volando a una velocidad elevadísima.
El globo, diseñado por Chris Rose y Alex Baker de la Universidad de Sheffield en el Reino Unido, fue lanzado cerca de Chester y transportó un dispositivo especial para recogida de muestras, que solo fue expuesto a la atmósfera cuando el globo alcanzó las citadas altitudes de entre 22 y 27 kilómetros. El globo aterrizó sin problemas e intacto cerca de Wakefield. Los científicos descubrieron después que habían capturado restos biológicos, incluyendo un fragmento de alga diatomea, procedente de la estratosfera, todos los cuales consideran que son demasiado grandes para provenir de la superficie de la Tierra. El trabajo experimental se realizó en la Universidad de Sheffield.
En un caso, que es el más llamativo de todos, una esfera de 30 micrómetros de diámetro fue aislada y su análisis indica que en sus capas más exteriores está hecha mayormente de titanio (con pequeñas cantidades de vanadio). Se constató que la esfera de titanio contiene un material que los autores principales del estudio, Milton Wainwright, profesor en la Universidad de Sheffield, y Chandra Wickramasinghe, profesor en la Universidad de Buckingham en el Reino Unido, así como director del Centro de Astrobiología de esta universidad, creen que es de origen biológico. La alta velocidad aparente con la que la partícula se incrustó en el recogedor de muestras parece demostrar que no estaba flotando en el aire, levantada desde la superficie de la Tierra por la fuerza del viento u otras y arrastrada luego por las corrientes de aire, sino que procedía del espacio.
El estudio y sus arriesgadas conclusiones se recogieron en un artículo publicado en la revista académica Journal of Cosmology y en otro posterior publicado en la revista académica Journal of Astrobiology & Outreach, recibiendo fuertes críticas.
Al astrónomo Chandra Wickramasinghe (nacido en 1939) se lo conoce sobre todo por ser cofundador de una teoría de panspermia (origen extraterrestre de la vida en la Tierra) junto con Sir Fred Hoyle (1915-2001). Hoyle, un astrónomo de gran reputación, en esencia por sus aportes sobre la nucleosíntesis estelar, destacó también por sus ideas controvertidas sobre otras cuestiones científicas, incluyendo su rechazo a la teoría del Big Bang, cuyo nombre lo acuñó él, así como por su brillante carrera paralela como escritor de ciencia-ficción. En algunos aspectos, tiene muchos paralelismos con Arthur C. Clarke, científico y autor de la archifamosa novela "2001, una odisea del espacio", llevada al cine por Stanley Kubrick. Hoyle y Wickramasinghe trabajaron juntos durante bastantes años buscando evidencias a favor de su teoría de la panspermia, y tras la muerte del primero, el segundo ha continuado por esta senda, ayudado últimamente por Milton Wainwright y algunos otros. Lo más polémico de la teoría de Hoyle y Wickramasinghe no es que los ingredientes de la vida, o incluso los primeros microorganismos de la Tierra, llegasen del espacio, sino que incluso hoy en día siguen llegando a la Tierra microorganismos procedentes del cosmos. Según ellos, bastantes microbios bien conocidos, algunos causantes de enfermedades, tienen en el espacio exterior uno de sus principales reservorios. Los cometas, y los restos cometarios, serían los principales vehículos de transporte de tales microorganismos a la Tierra.
Siguiendo esta singular línea de razonamiento, el profesor Wainwright argumenta: "La mayoría de las personas asumirán que estas partículas biológicas deben haber necesariamente ascendido hasta la estratosfera desde la superficie de la Tierra, pero se acepta habitualmente que una partícula del tamaño encontrado no puede ascender desde la Tierra hasta una altitud de, por ejemplo, 27 kilómetros. La única excepción conocida es por una erupción volcánica, ninguna de las cuales ha sucedido en los tres años de toma de muestras. En ausencia de un mecanismo por el cual partículas grandes como estas puedan ser transportadas a la estratosfera, solo podemos concluir que las entidades biológicas se originaron en el espacio. Nuestra conclusión entonces es que sigue llegando vida a la Tierra desde el espacio, que la vida no está restringida a este planeta y que casi con toda certeza no se originó aquí". Las declaraciones efectuadas por estos científicos han sido criticadas duramente por expertos.
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