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A 31 años de la muerte de Carlitos Menem: más dudas que certezas con el paso del tiempo

Pericias que hablan de disparos, amenazas y muertes de testigos, hipótesis de terrorismo y un expediente plagado de contradicciones mantienen vivas las dudas sobre lo que realmente ocurrió en Ramallo en 1995.

Domingo, 15 de marzo de 2026 10:28

El 15 de marzo de 1995, el país se vio conmocionado por la noticia de la muerte del hijo del presidente de la Nación, Carlos Menem Jr., junto al corredor Silvio Oltra. Aparentemente, el helicóptero en el cual viajaban se había enredado con unos cables de media tensión a la altura del km 211,5 de la Ruta 9, camino a Rosario. El paso del tiempo comenzó a insinuar versiones cruzadas acerca de un posible atentado, contrastando consecuentemente con la hipótesis del accidente.

Zulema Yoma, que en esos días se aventuraba a denunciar públicamente y frente al asombro de todos que su hijo había sido víctima de un asesinato, era vista por la sociedad como una persona desequilibrada, que había sido afectada por la muerte de su vástago y que disparaba acusaciones sin fundamentos. A pesar de que en un principio muchos creyeron ver en sus palabras indicios de locura, el tiempo fue dando fundamento a sus afirmaciones en la elocuencia de hechos concretos. Algunos de ellos: el inmediato desguace y desaparición de gran parte del helicóptero, la muerte de gran cantidad de testigos, la falta de peritaje sobre piezas fundamentales de la aeronave y la dudosa y tardía autopsia efectuada sobre el cuerpo de Junior.

Ese jueves 15 de marzo, Junior había salido de su casa de la calle 11 de Septiembre al 1700 en su Nissan Pathfinder, en dirección a la confitería "La Rambla", ubicada en Posadas y Ayacucho. Allí iba a encontrarse con aquellos que lo custodiaban. Antes de llegar, empezó a desconfiar de su destino cuando sendos custodios le informaron que no lo acompañarían en su viaje a Rosario. El jefe de su custodia personal, el oficial Oscar Barcelona, había dispuesto -sospechosamente- que ese día disminuyera el número de agentes y móviles que lo protegieran en el trayecto hacia su destino en la provincia de Santa Fe.

Carlitos recordó entonces lo que le decía su madre: "Tenés que rotar la custodia cada tanto, chancho". Zulema sospechaba del hecho de que Barcelona no lo dejara solo ni por un minuto.

Ayudaba a acrecentar las sospechas el hecho de que el helicóptero, en su descanso en la Residencia de Olivos, no contara con una custodia asignada o que no se le hubieran fijado las más mínimas medidas de seguridad. Según información brindada por Daniel Bellandi, Controlador de Tránsito Aéreo de la propia Casa Militar de Olivos, “no existe en los registros que llevan de entrada y salida de helicópteros”, anotación alguna sobre la salida de la aeronave de Carlos Menem Junior desde la Residencia ese fatídico 15 de marzo de 1995.

A sabiendas de que contaba con menos integrantes que se ocuparan de su seguridad personal y con total resignación, Carlitos decidió igualmente seguir adelante en el trayecto que lo llevaría a la ciudad de Rosario.

A las 9:20 hs. y, luego de encontrarse con Silvio Oltra, partió de la morada presidencial con destino a Don Torcuato, donde arribó a las 10:10 hs a efectos cargar combustible.

Menos de dos horas más tarde, Carlitos se iba a encontrar cara a cara con la muerte.

Y… ¿donde está la custodia? 
Fue en la misma mañana de ese nefasto 15 de marzo que Carlitos se había enterado que dos de sus custodios no iban a acompañarlo en su trayecto a Rosario.

Los oficiales Barcelona, Bauer y Noriega se dirigían —junto al hijo del Presidente— en un Renault 18 oscuro hacia la Residencia de Olivos. Es durante ese trayecto que Junior supo que dos de ellos no iban a escoltarlo en el viaje a Santa Fé. Desconcertado y sin entender el porqué de tal decisión, se resignó al pensar que el destino había querido que las cosas fueran así.

A la Pathfinder negra en la que viajaría su jefe de custodia, se había sumado un automóvil Spirit blanco con tres oficiales más (que debían haber sido cuatro): Carlos Ruiz, Adolfo Vallejos y Héctor Rodríguez.

Los vehículos, ocupados por custodios y amigos de Carlitos, tenían la consigna de seguir al helicóptero por la Ruta Nacional Nº 9. Tratando de permanecer siempre debajo del mismo e intercomunicándose por medio de Handys y celulares.

Al principio se manejaron tal como lo habían previsto pero, imprevistamente, ambos vehículos se detuvieron en un parador ubicado en el Km 191,5 de la Ruta, casi 20 Km antes de que el helicóptero se precipitara a tierra.

Según lo declarado por Oscar Barcelona y Cesar Perla, jefe de custodia y amigo personal de Carlos Menem Junior respectivamente, se detuvieron en la gomería “El Pito” para cambiar una goma de la camioneta de la custodia que poco antes había pinchado.

En la misma declaración, hacen saber que pensaban volver a detenerse en la Estación de Servicio del Km 211.5 —justo frente a donde cayó el helicóptero— para cargar combustible.

Suena totalmente absurdo que, tratándose de la vigilancia de alguien que venía siendo amenazado de muerte y que era ni más ni menos que el hijo del Presidente de la Nación, la custodia no haya tomado el recaudo de llenar el tanque de nafta para no tener que detenerse.

No son pocos los indicios que llevan a pensar que Carlitos Menem fue asesinado en el marco de una venganza personal contra su padre.

Aparte del contundente informe realizado por peritos de la Gendarmería junto a técnicos de las partes interesadas el 16 de febrero de 1995 —que demostró que en los restos del helicóptero había restos de balas (4)—, casi un mes antes de que se produjera la muerte de Carlitos Menem, el agente de Inteligencia Mario Aguilar Rizzi hizo llegar al ministerio del Interior una carta certificada —con aviso de retorno nº 8804— advirtiendo que los hijos del Presidente debían ser cuidados muy especialmente hasta después de las elecciones, porque algo grave les iba a suceder. Incluso advirtió que a Carlitos Menem lo iban a “asesinar mientras volaba en su helicóptero” 

En el mismo sentido, otro perito, Enrique Prueguer, hizo un estudio exhaustivo sobre las fotos tomadas el 15 de marzo de 1995 —día del supuesto accidente— y aseguró que “hay pruebas categóricas de que el helicóptero recibió disparos de fusiles de calibre 4.40”.

Las pruebas están, sólo falta que la justicia haga su parte. Sólo después de que eso suceda, Carlos Menem hijo podrá descansar realmente en paz

(1) El mismo día que cayó a tierra, el helicóptero fue destruido a hachazos y vendido como chatarra, aún cuando se trataba de un elemento de prueba fundamental.

(2) Es extraño que a pesar de las constantes contradicciones que se desprenden por parte de quienes debían acompañar a Carlitos, el recorrido de los autos que iban por tierra no haya sido investigado por los jueces en la causa. Ni siquiera frente a lo poco creíble de algunas afirmaciones que se han hecho en la causa. Por ejemplo, según el oficial Noriega, en el mismo momento que caía la aeronave, recibió por la “motorola” del Renault 18 un llamado del Oficial Ferrari (asignado a la custodia de Zulema Yoma) haciéndole conocer el trágico suceso, mientras que el Oficial Bauer aseguró que Ferrari les avisó que había habido un accidente cuando ya estaban en Olivos y que, previamente habían escuchado por la “motorola” un aviso de la caída del helicóptero en Ramallo, cuando estaban estacionados frente a un banco, pero no lo habían relacionado.

(3) A quince años de ocurrido este atentado, todavía no se pudo establecer con precisión qué hicieron ese día los integrantes de la custodia. No se ha podido establecer la cantidad de personas que viajaban en cada automóvil ni quiénes eran. Tampoco se sabe cuáles ni cuántos teléfonos celulares o equipos de comunicación poseían. Menos todavía la cantidad de llamados hubo ni a qué personas fueron realizados desde los mismos, ni desde que zona se hicieron. Algo que hubiera sido sumamente sencillo de haberse utilizado el sistema Excalibur, que tan buen resultado dio en el marco del caso del asesinato de José Luis Cabezas.

(4) “Necesitamos que la pericia de la Gendarmería no sea incluida en la causa”, le dijo un escueto Carlos Corach al Juez Villafuerte Ruzo ni bien supo que las conclusiones eran terminantes y apuntaban directamente a abonar el terreno del atentado. Y es que los doce expertos intervinientes en su confección —de los cuales tres eran especialistas en helicópteros y cuatro en balística y explosivos— aseguraron de manera rotunda que existían “perforaciones, deformaciones e irregularidades atribuibles a impactos de proyectiles de armas de fuego” en cinco lugares diferentes del helicóptero Bell Jet Ranger III, matrícula LV-WFZ serie número 4263 en el que viajaban Carlitos y su amigo Silvio Oltra.

(5) La recepción de esa carta —un mes antes de la muerte de Carlitos— fue admitida por el propio ministro del Interior de esos días, Carlos Corach.

 

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