En un nuevo aporte a la historia jujeña, nuestro columnista destacado Fernando Zurueta sostuvo que "en el norte merece ser recordada como gran luchadora a Juana Gabriela Moro, quien nació en Jujuy en el año 1785. Su activa participación en la guerra de la Independencia, la llevó a ser reconocida con el convencimiento que debía luchar en un rumbo concreto para tener un futuro mejor.
En ese entonces las mujeres dedicaban su tiempo en cuestiones domésticas como la crianza de sus hijos, sin intervenir en cuestiones de "estado" salvo pocas excepciones. La igualdad, la libertad y el reconocimiento en otras cuestiones fue un deseo muy pocas veces satisfecho.
Bernardo Frías, destacado historiador salteño, en su libro de "Historia de Güemes y Salta", comenta la manera que Juana Mora se vestía para poder lograr en muchos casos una información veraz de lo que sucedía en el bando contrario. "Bajo el disfraz de gaucho joven e inocente penetraba en las plazas de Jujuy y Orán ocupadas por el enemigo, llevando partes y trayendo noticias".
Todo lo dicho esta corroborado por Teófilo Sánchez de Bustamante, quien pone énfasis en que Juana en su conducta demostraba valentía y amor para obtener una tierra libertaria. Pero no hay que desconocer que este trabajo y su inclinación a la causa patriota se debe, por haber nacido en un hogar que los principios libertarios los vivió desde muy chica junto a su padre quien fuera uno de los que fundó la localidad de Orán. Su familia disponía de una cantidad importante de tierras de mercedes que le fueran otorgadas con su trabajo, como al igual de ser propietario de la finca conocida como Severino cerca de Perico del Carmen.
Tal como surgen en varios escritos sobre la vida de Juana Mora se resalta la red de espionaje armado entre muchas mujeres que nace tras vencer en Vilcapugio y Ayohuma. El general realista Joaquín de la Pezuela que ocupó la ciudad de Salta, ante los innumerables inconvenientes que se le presentaban, comunicaba al Virrey del Perú que "los gauchos nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial. A todo esto, se agrega otra no menos perjudicial que es la de ser avisados por horas de nuestros movimientos y proyectos por medio de los habitantes de estas estancias y principalmente de las mujeres, cada una de ellas es una espía vigilante y puntual para transmitir las ocurrencias más diminutas de este Ejército".
Ante el conocimiento que tenía Pezuela que la que comandaba al grupo de mujeres fue Juana Moro, resolvió castigarla con la muerte disponiendo encerrarla en su casa tapiando las aberturas.
Su vecina, aunque realista, se compadeció y efectuó un boquete en la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados, salvándose de morir de inanición. Desde ese momento le quedó el mote de la emparedada y cuando el enemigo abandonó el lugar, Juana Moro fue liberada continuando sus empeños heroicos porque, a pesar de las persecuciones que tenía, no menguó colaboración a Belgrano y a Güemes por la sagrada causa jugándose la vida a cada paso tal como se relata en las Mujeres del bicentenario del Éxodo jujeño.
Las guerrillas de ese entonces, actuando en su condición de espías surge en las tratativas y posterior unión de mujeres que tenían el mismo pensamiento de solidaridad y libertad mencionando a Gertrudis Medeiros, Celedonia Pacheco de Melo, Magdalena Güemes, María Petrona Arias, Andrea Zenarruza y cuántas más que seguramente trabajaron en el anonimato como fue el caso de Martina Silva de Gurruchaga o Juana Torino que lucharon con entusiasmo con un mismo pensamiento.
Al casarse con Jerónimo López, militar que acompañaba en sus ideas a Güemes, ayudó a su mujer y no tuvo reparo en que trabaje en grupos independistas para lograr libertad y participación. En muchas batallas su lucha fue tan activa que se conoce que, ante el avance de los realistas en 1813, se unió al ejército patriota comandado por el General Manuel Belgrano con un fin determinado como fue conquistar para la causa patriota a algunos oficiales realistas.
Quien fuera gobernador de Jujuy Benjamín Villafañe, en una conferencia en Salta recordando el trabajo de las mujeres en el norte cabe recordar: "¿Quién conoce el heroísmo de las mujeres de Jujuy, Salta y Tucumán que actuaron en la época de la Independencia Nacional ? Nada tan conmovedor como penetrar en un pasado en el que se respira la atmósfera moral del heroísmo. Y continua: la primera vez que leí la participación que tuvieron las mujeres de Jujuy y Salta en la guerra de la emancipación, la emoción me oprimió el pecho y la garganta, hasta llenar los ojos de lágrimas".
En Salta, cuando el ejército de Tristán esperaba al de Belgrano para librar batalla, una mujer nacida en Jujuy, Juana Moro de López, seduce con sus encantos, sin perder su altiva dignidad, al jefe de la caballería realista, que huye al principio de la batalla arrastrando con él la tropa bajo su mando.
Uno de los logros de importancia fue que el Marqués de Yavi Fernández Campero, con muchos de los hombres que trabajaban bajo sus órdenes, se comprometieron a abandonar las filas realistas el día de la batalla trabajando para la causa de la emancipación. Así fue como el 20 de febrero de 1813, en la batalla de Salta, Campero que estaba al frente de un ala del ejército de Pio Tristán se retiró sin atacar, contribuyendo de esta forma al triunfo de las armas patriotas tal como lo relatan los historiadores.
Debe recordarse Juana Moro, como informante de los patriotas y observadora de movimientos del ejército realista, trabajaba en todo momento formando parte de la red de mujeres que sostenían un mismo pensamiento. Y en su casa en Salta, ubicada en el centro de la ciudad cerca de la casa donde vivía Martín de Güemes, fue el centro de reunión, siendo adecuada por su extensión a una cuadra por contar con dos frentes.
Pero en todo su trabajo que permanentemente realiza trasladándose en su caballo y observando lo que hacían los realistas, tuvo un momento complicado cuando se la obliga a realizar cargas pesadas de cadenas. El fin era que delatara a sus compañeros, pero no fue logrado.
Mantener sus principios y continuar luchando por la independencia la llevó una vez finalizada la guerra, continuar defendiendo derechos.
Ya anciana nunca renunció a mantener sus principios y se indignó por no ser incluida en cuestiones tan importantes como jurar por la Constitución Nacimiento del año 1853.
Muere en 1874 casi a los 90 años con la triste realidad que en su momento se minimizó el trabajo de las mujeres, negándose derechos políticos sin tener presente el rol activo que tuvieron en la lucha por la Independencia. (Autoría Fernando Zurueta).