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Frustración: lo que duele en cada etapa de la vida

Martes, 14 de abril de 2026 19:48

Niñez, adolescencia, familia, trabajo y crisis... entender la frustración para transformarla en crecimiento. ¿Te pasó alguna vez que algo no sale como esperabas... y sentís una mezcla de enojo, impotencia y tristeza? ¿Un niño que llora porque no le compran algo... un adolescente que se encierra porque no encaja... un adulto agotado en un trabajo que ya no le hace sentido... o alguien que atraviesa una pérdida y siente que todo se desarma?

A todo eso, le ponemos un mismo nombre: frustración. Ahora bien... ¿es lo mismo frustrarse a los 8, a los 15, a los 35 o a los 60? No. Y ahí empieza el problema.

La frustración no es el problema... es el mensaje. Vivimos en una época atravesada por la inmediatez. Queremos respuestas rápidas, resultados visibles, soluciones instantáneas. Todo parece estar al alcance de un clic. Menos algo fundamental: la capacidad de tolerar que no todo sucede cuando queremos. En este contexto, la frustración se vuelve incómoda, casi intolerable. Y muchas veces, en lugar de comprenderla... la evitamos, la tapamos o la descargamos.

Sin embargo, desde la psicología profunda, la Gestalt y la mirada sistémica, la frustración no es una falla. Es otra cosa: Es un indicador; es un límite que aparece; es el encuentro entre lo que deseo... y lo que es.

Como planteaba Sigmund Freud, la vida psíquica se organiza en gran parte en torno a la tensión entre el principio de placer (quiero ya) y el principio de realidad (no siempre se puede).Y es en ese espacio donde aparece la frustración.

Desde la Gestalt, autores como Fritz Perls la entienden como una interrupción del ciclo de la experiencia: algo que no logra completarse. Y desde la mirada sistémica, muchas veces señala desajustes entre expectativas, roles y vínculos. En términos simples: La frustración no es error. Es información emocional.

Una misma emoción, muchas formas de vivirse. No es lo mismo frustrarse en la infancia que en la adultez. Porque cambia algo clave: la capacidad de sostener lo que sentimos. Por eso, en las próximas semanas vamos a recorrer la frustración a lo largo del ciclo de vida.

Hoy empezamos por el primer territorio: Niñez: "Quiero... y no puedo". Imaginá esta escena: Un niño quiere un juguete. La respuesta es no. Llora, grita, se tira al piso. Desde afuera, muchas veces aparece la mirada adulta: "Está malcriado", "es caprichoso", "exagera".

Ahora... miremos más profundo. Desde la psicología evolutiva, sabemos que en la infancia el deseo es inmediato. No hay aún una estructura psíquica consolidada que tolere la espera. El niño no sabe esperar. No puede postergar. No regula solo su emoción. Su frustración es total. Y se expresa en el cuerpo: llanto, enojo, gritos, desborde. No es manipulación. Es inmadurez neurológica y emocional.

¿Qué está aprendiendo un niño cuando se frustra? Mucho más de lo que parece. Cuando un niño atraviesa una frustración acompañado por un adulto que sostiene, nombra y contiene, está desarrollando: Tolerancia a la espera. Regulación emocional. Capacidad de diferenciar deseo y realidad. Confianza en que el malestar pasa. En otras palabras: Está aprendiendo a vivir.

El error más frecuente. Hoy vemos dos extremos: Evitar toda frustración, se le da todo, se le resuelve todo. Resultado, baja tolerancia, poca autonomía. Invalidar la emoción, "No es para tanto", "dejá de llorar". Resultado, desconexión emocional.

Ninguno ayuda. Porque la clave no es evitar la frustración... ni tampoco negarla. La clave es acompañarla.

Ejemplo cotidiano. Un niño pierde en un juego y se enoja. Podemos reaccionar de distintas maneras: "No pasa nada, no llores", "sos un mal perdedor". O "entiendo que te da bronca perder", "a veces no se gana, y eso duele", "estoy acá, te acompaño". Esto no es sobreproteger. Es enseñar a atravesar lo que duele sin desbordarse ni negarlo.

Claves prácticas para acompañar la frustración en la niñez. Nombrar la emoción - "Te enojaste", "te dio bronca". Validar sin ceder siempre - comprender no es decir sí. Sostener el límite - el "no" también educa. Acompañar el proceso - no apurar el "ya está".

Un niño que aprende a frustrarse... aprende a vivir. Porque la vida no siempre da lo que queremos. Y cuanto antes podamos integrar eso, más recursos vamos a tener. La frustración no es solo cosa de niños. Sigue con nosotros toda la vida. Solo cambia su forma. Por eso, te dejo dos preguntas simples: ¿En qué etapa de tu vida sentís hoy más frustración? ¿Eso que te frustra... depende de vos o no?

Lo que viene. En los próximos artículos vamos a profundizar en Adolescencia: identidad y comparación; Vínculos: expectativas y límites; Trabajo: propósito y desgaste; y Crisis vitales: cuando todo cambia. Porque... No vinimos a evitar la frustración. Vinimos a aprender a sostenerla sin rompernos. Y cuando dejamos de pelear con lo que no es... empezamos a construir desde lo que sí puede ser.

Escribinos tus preguntas a lasnotas2003@yahoo.com.ar.

(*) Psicóloga, Magíster en Salud Pública y Coach Ontológica (Aacop-Ficop 3903). Integro psicología, coaching, neurociencias, espiritualidad y arte para acompañar procesos de transformación en personas y organizaciones. Mi enfoque trabaja relaciones conscientes, bienestar emocional y liderazgo humano, con herramientas aplicables a la vida cotidiana y al mundo profesional.

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