Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se convertirán esta noche en los seres humanos que más lejos hayan viajado de la Tierra. Durante el paso por el hemisferio oculto permanecerán incomunicados durante unos 50 minutos
Hoy, en el sexto día de vuelo la cápsula Orion, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, alcanzarán el punto más cercano a la superficie lunar, a unos 6.500 kilómetros, y el más alejado de la Tierra, a aproximadamente 402.000 kilómetros.
De acuerdo con la NASA, este doble récord convertirá a la tripulación de Artemis II en los seres humanos que han viajado más lejos en el universo, al superar la marca de la misión Apolo 13. Durante las seis horas de observación previstas, podrán registrar imágenes y datos de la cuenca de impacto Orientale, los cráteres Ohm y Pierazzo, así como distintos fenómenos solares y meteoríticos.
A pesar de su nombre popular, el llamado “lado oscuro de la Luna” no es realmente un hemisferio permanentemente sumido en la oscuridad.
Según indicó el astrónomo Diego Bagú de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), especializado en geodesia satelital, "se trata del hemisferio oculto de la Luna, ya que desde la Tierra no se puede ver esa parte".
El fenómeno que da origen a la expresión es la rotación sincrónica de la Luna: nuestro satélite tarda el mismo tiempo en girar sobre su eje que en orbitar la Tierra, por lo que siempre muestra la misma cara hacia nosotros y mantiene la opuesta prácticamente invisible desde la superficie terrestre.
Por esta razón, los astrónomos y agencias espaciales prefieren referirse a esa región como “hemisferio oculto” o “cara lejana” de la Luna. Se trata de una zona mucho menos accesible para la observación directa y la exploración, ya que la comunicación con sondas o astronautas en esta región se interrumpe por la masa del propio satélite, como detalló Bagú a Infobae.
A pesar de recibir tanta luz como la cara visible, el hemisferio oculto presenta características geológicas singulares: es más montañoso, tiene más cráteres y es sorprendentemente seco. Estas diferencias convierten al hemisferio oculto en un laboratorio natural esencial para entender la historia y evolución de la Luna y, por extensión, del Sistema Solar.