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6 de Abril,  Jujuy, Argentina
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“¿Y si nos vamos a probar otro lado?”

Desde Jujuy partieron repentinamente, en Europa tomaron decisiones rápidas y hoy viven en Portugal.
Lunes, 06 de abril de 2026 00:00
VIAJEROS | MAGALÍ PÁEZ Y GONZALO AGUILAR EN UNA VISITA A MADRID, ESPAÑA.

Magalí Páez y Gonzalo Aguilar son una pareja de jujeños que en junio de 2022 emprendieron un viaje por una decisión repentina para conocer Europa. Hoy se encuentran en Porto, Portugal, donde pudieron insertarse laboralmente con mejores condiciones, lo que les permitió viajar a otras ciudades y cumplir su objetivo.

"Fue de la nada, una noche estábamos hablando y dijimos '¿y si nos vamos a probar otro lado?'", recordó Magalí Páez. La respuesta llegó casi sin pensarlo y al día siguiente ya estaban vendiendo lo que tenían y organizando la partida.

Ella, oriunda de Palpalá, y él, de San Salvador de Jujuy, decidieron animarse y se casaron aunque de hecho ya vivían juntos. "En mi caso siempre tuve el proyecto de conocer, de vivir afuera. Él, en cambio, quería aprender y después volver", comentó Magalí. Gonzalo, periodista independiente, recordó, "mi intención fue salir para aprender y poder llevarme eso de vuelta a Argentina".

EN COLONIA, ALEMANIA

El plan inicial tenía como destino España, por la cercanía del idioma pero el camino se fue modificando sobre la marcha porque pasaron un mes en Barcelona, pero el acceso al trabajo se volvió difícil por una cuestión de los papeles, y entonces apareció una nueva opción, Portugal. "Era eso o seguir gastando los ahorros o probar suerte en otro lugar. Y nos vinimos sin saber nada", dijeron.

La llegada a Porto marcó un punto de inflexión, ya que a diferencia de España, el proceso de regularización, a través de la entonces llamada "manifestación de interés" fue mucho más accesible y les permitió insertarse laboralmente más rápido. "En la primera semana ya podíamos trabajar legal", explicaron. Páez empezó lavando platos en un restaurante, luego pasó a tareas de salón. Magalí ingresó en una distribuidora y con el tiempo, ambos lograron estabilidad en una empresa de atención al cliente. "Hoy trabajamos los dos en un call center para una empresa francesa, atendiendo al público español. Eso lo hace más sencillo", comentaron.

EN LA FONTANA DI TREVI, ROMA

El idioma, lejos de ser una barrera infranqueable, resultó accesible. "No costó tanto adaptarse porque es bastante similar. Además, al ser una ciudad muy turística, muchos hablan español", dijo él. Sin embargo, reconocieron que esa facilidad también juega en contra, "no nos obliga a aprender portugués como quisiéramos", dijo Aguilar. Por eso, ella decidió empezar un curso para profundizar el idioma.

Para ellos, la vida cotidiana en Europa tiene sus luces y sombras. Entre las primeras, destacaron la posibilidad de viajar. "Pudimos conocer Francia, Italia, Alemania, Polonia, Londres... incluso llevamos a nuestras madres a París, fue uno de los logros más lindos", relataron. También recorrieron distintas ciudades de España y Portugal, aprovechando la cercanía y los costos accesibles.

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Pero no todo fue simple, el costo de vida, especialmente el alquiler, fue uno de los principales desafíos. "Un alquiler representa casi el 70% de un sueldo", explicaron asegurando que la alta demanda, producto de la inmigración, elevó los precios en los últimos años. "Es la parte más dura de vivir acá", dijeron.

En lo cotidiano, la adaptación también pasaba por la comida algo que les generaba inevitablemente la nostalgia. "Lo que más cuesta es la carne. Es incomparable con la de Argentina", dijeron entre risas ya que para un asado recurren a proveedores españoles. "No existen los mismos cortes, no conseguís un matambre, por ejemplo". Aun así, se las ingenian para sostener sus costumbres con el mate, algunas recetas propias y la transmisión de la cultura a sus nuevos amigos.

También descubrieron sabores locales, aunque con reservas. "Acá se consume mucho pescado, bacalao sobre todo. Dicen que hay 365 formas de cocinarlo, una por cada día del año", recordó Páez asumiendo que "la gastronomía argentina es la mejor del mundo".

El balance de estos casi tres años en Europa fue positivo, pero no definitivo. Mientras Magalí proyecta quedarse y seguir creciendo profesionalmente, Gonzalo piensa en el regreso para Argentina. "Yo quiero volver. Siempre lo pensé así. Quería conocer para entender realmente cómo son las cosas afuera", afirmó. Esa diferencia abre una conversación que todavía no tiene resolución, "es algo que hablamos siempre, veremos cómo se da".

EN PARÍS, FRANCIA

En el medio, la experiencia suma aprendizajes. Sobre el sistema de salud, por ejemplo, destacan contrastes: "Una vez que te atienden es excelente, pero el acceso es muy lento. Hay mucha burocracia", explicaron. También entienden que hay aspectos positivos, como el acompañamiento que el sistema público hace a mujeres embarazadas y el seguimiento de la salud infantil.

Lejos de las certezas absolutas, la historia de Magalí y Gonzalo se escribe día a día, entre decisiones compartidas, desafíos y oportunidades. Desde Porto, con acento jujeño intacto, destacaron que construyen una vida que combina lo nuevo con lo que siempre los define, el origen y aunque el futuro todavía está en discusión, está claro que el viaje ya valió la pena.

 

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