La fuerza de voluntad, la alegría que jamás perdió y ese tener siempre la esperanza de que todo lo puede hacer es lo que distingue a Alejo "Torito" Landriel, un niño que apuesta por la vida sana desde el momento en que se abrieron sus ojitos al mundo.
Un catorce de abril, doce años atrás Patricia Luna se convertía en una mamá que superaría distintas circunstancias día a día. "Era mi primer embarazo y en los primeros controles, salió que mi hijito tenía una mal formación en la columna, que el tubo neural estaba expuesto ya que no se terminó de cerrar a los tres meses como se esperaba", expresó Luna, quien se preparó emocionalmente para asimilar la novedad, sin dejar que internet la desinformara.
Aún así, empezaron a crecer sus temores, no obstante, la contención de una familia que siempre la abrazó fue su refugio desde el amor y la fe.
Una cesárea programada determinó que sería el momento y se realizó la cirugía. "Tenía una fisura en una especie de bolsita que contenía todos los nervios afuera, cuando vieron el caso; ese mismo día se lo operó y después estuvo diez días de postoperatorio, hasta que le sacaron los puntos", explicó la madre de este pequeño luchador.
La rehabilitación fue paulatina, aunque con una secuela denominada vejiga neurogénica lo que implicaba la imposibilidad de orinar y que -le anticipó el médico- podía derivar en infecciones urinarias si no se controla adecuadamente. "Los primeros años fueron de dedicación total, al año y medio que nació mi hijo, fallece mi madre y mi abuelo que fue un pilar fundamental para mí, fue demasiado para mí", reveló. "Torito" comenzó a caminar al año de vida, ya que la rehabilitación le permitió desarrollar sus movimientos de manera acorde. "Jugó al fútbol siempre con la iniciativa de ser jugador, luego arquero", contó Luna rememorando aquél tiempo.
Hasta que sucedió que en el lugar de la cicatriz que dejó la cirugía, hubo complicaciones con la médula. "Fue difícil lo que le pasó. La médula se le pegó a la zona cicatrizada y tuvo que ir a cirugía de nuevo a sus ocho años. Le abrieron, le despegaron la médula y la volvieron a cerrar", detalló. Sólo que en esa cirugía fue perceptible un quiste. "Lo descubrieron pero no lo extirparon, hasta eso pasó un año y me dijeron que si crece y tiene molestias, hay que quitarlo", dijo Luna. Al tiempo, los dolores hicieron que el niño comenzara a caminar con dificultad. "Se le extirpó el quiste pero no salió como lo esperábamos porque la cirugía era súper complicada, los nervios se pegaron al quiste y tocaron otros tantos que hoy no puede contener los esfínteres y dejó de caminar", reveló una madre sensible.
Fue un shock familiar que entre todos afrontaron con entereza. "Me partía ver que él quería seguir corriendo. Y yo no sabía qué decirle", aseguró. Con este cuadro, cualquier persona se podría haber derrumbado psicológicamente, pero el pequeño no se dio por vencido y volvió a la rehabilitación. Sus piernas no responden con firmeza, pero un corazón poderoso lo animó a más; a jugar al básquet adaptado. "Así me di cuenta que hay una realidad que desconocía y es el deporte adaptado. Mi hijo me hizo abrir de ojos y fue un respiro a mi angustia. Gustavo Lemos que es su entrenador lo recibió como uno más y lo hicieron parte del equipo", comentó con la sensibilidad de ver a su "Torito" surgir de todo.
Es que con fe, los avances físicos y las disciplinas que practica, hicieron que este niño -además- saltara al agua y sea uno de "Los Pingüinos" en su anhelo por superarse y nadar como todo un campeón. "Para mí es un orgullo porque él sigue pensando en cumplir sus sueños como deportista", resaltó Luna, valorando también el esfuerzo personal de su primogénito en la Escuela 147 "Regimiento 20 de Infantería de Montaña" de la que este año egresará feliz, del séptimo grado.