Un nuevo hecho de violencia volvió a sacudir al país y reabrió el debate sobre el manejo de las emociones, el bullying y el rol de los adultos. El reciente caso ocurrido en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, donde un joven de 15 años mató a otro de 13, no es un episodio aislado, sino la manifestación de problemáticas más profundas.
Así lo sostuvo el psicólogo clínico Federico Salazar, quien advirtió que estos hechos reflejan "la caída de las estructuras defensivas del yo" y la incapacidad de controlar impulsos agresivos que vienen gestándose previamente.
"Hay una previa en los chicos que tiene que ver con procesos de aislamiento, ansiedad y miedos que no están siendo contenidos ni visibilizados ni por la familia ni por la escuela", explicó.
Para el especialista, uno de los factores más determinantes en la actualidad es el impacto de las redes sociales, a las que definió como "nafta al fuego".
Según señaló, los adolescentes están expuestos a contenidos cada vez más violentos desde edades tempranas, lo que complejiza la tarea de prevención tanto para las familias como para las instituciones educativas.
"Hoy estamos compitiendo con un espacio muy complejo y violento como son las redes. Hay chicos de 9 a 15 años consumiendo escenas de maltrato animal, abusos y violencia extrema", indicó.
Así, remarcó que muchas veces los jóvenes presentan una conducta aparentemente adaptada, pero atraviesan conflictos que solo se detectan en el ámbito clínico.
Sobre la hipótesis de que el hecho haya estado vinculado a situaciones de bullying, Salazar explicó que el hostigamiento sostenido puede potenciar escenarios de riesgo, aunque no es el único factor determinante.
"El contexto influye, pero no determina. Lo que define es la estructura de personalidad del chico y su estado intrapsíquico", sostuvo.
No obstante, advirtió que el bullying funciona como un agravante en personalidades vulnerables, donde la falta de herramientas para procesar emociones puede derivar en reacciones extremas.
En esta línea, un familiar del chico asesinado expresó ayer su preocupación por la falta de atención a la salud mental de los jóvenes en sus redes sociales:
"Hoy una familia quedó destruida. Una escuela marcada para siempre. Y una ciudad entera en shock. La salud mental no es un tema menor. Ignorar lo que sienten nuestros jóvenes también tiene consecuencias".
Y continuó: "Lo que pasó hoy en San Cristóbal no solo es una tragedia. Es también una alarma. Durante mucho tiempo se minimizó la salud mental, el sufrimiento silencioso, el bullying, la soledad de muchos adolescentes".
"Más allá del dolor, ojalá como sociedad podamos empezar a hablar más de salud mental, de lo que sienten nuestros adolescentes, de la importancia de escuchar, acompañar y pedir ayuda a tiempo", concluyó.
Así, el psicólogo Salazar insistió en la necesidad de "entrenar la mirada" para detectar indicadores tempranos en niños y adolescentes. "Inhibición, rigidez y aislamiento son señales visibles que muchas veces se pasan por alto", señaló.
Estos comportamientos, explicó, son visibles y se manifiestan superficialmente como la exposición y vulnerabilidad al bullying, al acoso, al grooming, etc.
Más allá del caso puntual, Salazar planteó una mirada crítica sobre el contexto social actual, marcado por la ruptura de los vínculos y la falta de espacios de diálogo.
"Hoy el grupo familiar dejó de ser un grupo y pasó a ser un hotel, donde cada uno vive en su mundo", graficó. En ese sentido, advirtió que hoy se perdió la capacidad de hablar y compartir, lo que profundiza el desconocimiento entre padres e hijos.
"Es muy fuerte pensar que muchas veces no sabemos qué le pasa al que está en la habitación de al lado", agregó.
Si bien los hechos suelen poner a las instituciones educativas en el centro de la escena, el psicólogo llamó a evitar la culpabilización. "No se le puede pedir a la escuela un estado de hipervigilancia permanente. El problema es mucho más amplio", afirmó.
No obstante, valoró algunas medidas implementadas en colegios de Jujuy, como la restricción del uso de celulares, al considerar que puede ser una herramienta útil frente a la exposición digital.
Salazar también vinculó el aumento de conductas agresivas con la falta de límites y educación emocional. "Hoy hay una promoción de la agresividad por sobre el otro. Se invisibiliza, se cosifica, eso es lo que se enseña", advirtió.
En ese marco, señaló que los jóvenes crecen en un contexto de debilitamiento estructural, psicológico y emocional, atravesado por la depresión y la falta de contención. "La salud mental no es responsabilidad de una sola disciplina. Requiere un abordaje integral, con políticas públicas, escuelas y familias trabajando en conjunto", cerró.