La posible presencia del oso andino o "de anteojos" en el noroeste argentino volvió a generar debate tras la difusión del trabajo de un investigador salteño, Fernando del Moral, en medios jujeños. Tras ella, surgieron cuestionamientos. Sucede que científicos que estudian desde hace décadas la fauna de las Yungas ponen en duda esas afirmaciones y aseguran que no existen evidencias que confirmen la presencia actual de la especie en el país.
La bióloga y doctora Erica Cuyckens, investigadora del Centro de Estudios Territoriales Ambientales y Sociales (Cetas) y del Instituto de Ecorregiones Andinas del Conicet - Universidad Nacional de Jujuy (Unju), sostuvo que la información disponible no respalda la existencia del oso en Argentina. "Lo más importante es que no hay ninguna evidencia del oso en Argentina, ni histórica ni actual", afirmó.
Según explicó, las conclusiones del investigador que sostiene la presencia del animal no cumplen con los criterios científicos básicos que exige la investigación biológica. "En la ciencia necesitamos poder replicar los datos; no es real si solo una persona lo puede observar", detalló. Cuestionó que las afirmaciones se basen en testimonios o indicios que no pueden ser verificados por otros especialistas.
Cuyckens recordó que un amplio grupo de investigadores trabaja desde hace décadas en las Yungas argentinas, realizando relevamientos de fauna mediante diferentes métodos científicos, entre ellos monitoreos con cámaras trampa que llevan más de veinte años registrando la presencia de numerosas especies. "Tenemos datos de cámara trampa de hace más de 20 años y nunca apareció el oso. Si el animal estuviera presente es imposible que nunca aparezca", dijo.
La investigadora también destacó que en los países donde sí habita el oso andino como Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia, su presencia deja múltiples rastros en el ambiente. "La gente que conoce bien la especie sabe que si el animal está presente siempre se encuentran indicios como huellas, restos de alimento o daños en cultivos", explicó.
En el mismo sentido, sostuvo que uno de los rasgos más característicos del oso andino es su dieta basada en bromeliáceas, plantas que consume dejando restos visibles en el bosque. "Cuando el oso se alimenta se observan claramente los restos de las hojas, algo parecido a cuando los monos tiran ramas desde los árboles. Eso en el campo se ve, pero acá nunca lo hemos observado", afirmó y es que aseguró que el oso pesa 100 kg y su rango de acción es de 23.5 km cuadrados
Cuyckens aseguró además que los investigadores han recorrido extensamente las Yungas, incluso en zonas muy remotas donde se accede únicamente tras varios días de caminata. "Somos un grupo grande que hemos recorrido prácticamente todas las Yungas, incluso lugares muy alejados donde se llega caminando dos o tres días. Y nunca encontramos nada", aseguró.
Tampoco existen evidencias a partir de huellas. Recordó que en algún momento circuló una fotografía que supuestamente correspondía al rastro de un oso, pero fue analizada por especialistas en osos de distintas especies. "Todos concordaron en que esa no era una huella de oso", precisó.
Otro aspecto que refuerza la ausencia de la especie es el conocimiento que tienen las comunidades rurales sobre la fauna local. Según explicó la investigadora, cuando se realizan entrevistas a pobladores suelen mencionar animales como jaguares, pumas o tapires, pero nunca al oso. "La gente del campo conoce el mito del ucumar, pero ellos mismos dicen que es un cuento", relató.
Además, Cuyckens explicó que el registro confirmado más cercano del oso andino se ubica en Bolivia, particularmente en el pueblo de El Salado y en otra zona más alejada que es parte de la Reserva de Tariquía, y dentro de la misma ecorregión de Yungas que se extiende hacia Argentina. Allí aún existen poblaciones, aunque cada vez más restringidas debido a las presiones humanas. "Hábitat podría haber en algunos sectores de las Yungas argentinas, especialmente en los pisos más altos, pero el animal no está", explicó.
Cuestionó la metodología
La investigadora también cuestionó la metodología utilizada en el trabajo que afirma haber registrado la especie. Sucede que el mapa presentado se basa en encuestas y supuestos registros en lugares donde, según pobladores locales, nunca se realizaron consultas. "Yo he ido a lugares donde esta persona puso registros puntuales en el mapa y la gente me dijo que nunca fue nadie a preguntar por el oso", afirmó.
Para la científica, el problema no es menor, ya que una afirmación sin evidencia puede generar confusión en la comunidad científica y en la sociedad. "Para decir que una especie existe en un lugar donde nunca fue registrada se necesita evidencia fuerte, una foto georreferenciada, una huella confirmada por especialistas, un análisis genético. En este caso no hay nada de eso", explicó.
Por otro lado, Cuyckens advirtió que la difusión de información sin respaldo científico puede desviar esfuerzos de conservación hacia situaciones inexistentes. "Hay muchas especies y ecosistemas que realmente necesitan protección. No está bueno que los recursos se desvíen hacia un mito", concluyó la bióloga.
Estudio pone en duda la presencia del mamífero
Un trabajo científico publicado en la revista “Mastozoología Neotropical” analiza críticamente los supuestos registros del “oso andino o de anteojos”, Tremarctos ornatus, en el noroeste argentino y concluyó que hasta el momento, no existen evidencias sólidas que confirmen su presencia actual en el país.
La investigación revisó 34 reportes sobre la supuesta presencia del “ucumar” en Salta y Jujuy y los contrastó con más de 800 puntos de relevamientos de fauna realizados en la región. Estos estudios incluyeron observaciones de campo, entrevistas a pobladores, registros de ataques al ganado y monitoreos con cámaras trampa. En todos los casos se documentó la presencia de jaguar, el tapir o distintos primates, pero nunca del oso andino. Explican que muchos de los registros que sugieren su presencia se basan en testimonios anecdóticos o en indicios indirectos, como huellas, rasguños en árboles o restos de plantas consumidas. Sin embargo, el análisis detallado de esas evidencias muestra inconsistencias o posibles confusiones con señales dejadas por otros mamíferos de la región, como pumas, jaguares, tapires u osos hormigueros.
El trabajo detalla que las Yungas del NOA fueron estudiadas durante décadas con relevamientos de fauna y monitoreos sistemáticos, sin que se haya registrado la presencia de la especie, lo que refuerza la hipótesis de que el oso andino probablemente no mantiene poblaciones en territorio argentino. El estudio se titula “El ucumar (Tremarctos ornatus), mito y realidad de su presencia en la Argentina” y fue publicado en 2012 por los investigadores Damián I. Rumiz, Alejandro D. Brown, Pablo G. Perovic, Silvia C. Chalukian, G. A. Erica Cuyckens, Pablo Jayat, Fernando Falke y Daniel Ramadori, de instituciones de Argentina y Bolivia. Sostienen que confirmar la presencia del oso andino en el país sería de gran importancia para la conservación de las Yungas, pero entienden que un hallazgo así debe basarse en evidencias concluyentes como fotografías, registros genéticos o pruebas verificables.
Ya hubo informe al respecto
Cuyckens es bióloga de la Unju, doctorada en la Universidad Nacional de Salta y, recordó que para ese estudio recorría mucho porque su tema de investigación estaba relacionado con los felinos, y ahora también porque investiga sobre queuñas en Puna y zonas altas de Yungas, también hábitat de osos. Recordó que hubo hace años un informe científico de Damián Rumiz, publicado que también da cuenta que no hay registros sólidos sobre este animal.
Sobre las publicaciones periodísticas, explicó que las imágenes se refieren a ejemplares reales de otros países, algo que se puede chequear.