¿Te pasó alguna vez sentir la ansiedad en el pecho, en la piel, en el cuerpo entero, aunque "no estuviera pasando nada"? ¿Te encontraste respirando hondo, intentando calmarte, y aun así la angustia seguía ahí? ¿Te pasó sentir ansiedad justo en un momento de cambios, cuando la vida te estaba pidiendo algo nuevo? ¿Intentaste entenderla con la cabeza, controlarla con fuerza, explicarte que "no era para tanto"... y no fue suficiente? ¿Y si esa ansiedad no fuera un error, ni una falla tuya, sino una señal de que algo en tu vida está pidiendo ser escuchado?
En los últimos tiempos atravesé cambios profundos en mi vida, y la ansiedad apareció de un modo que nunca antes había experimentado. No como algo que se piensa o se explica, sino como algo que se siente: en la piel, en el pecho, en la respiración que se acorta, en el temblor del cuerpo. Fue en esa experiencia tan concreta y tan humana donde algo se volvió claro para mí: mucho de lo que se escribe sobre ansiedad queda en lo teórico, como si bastara con "respirar profundo" para salir de una sensación que, cuando irrumpe, envuelve al cuerpo entero.
La ansiedad no siempre se calma con técnicas. Necesita ser aceptada, incluso cuando no la entendemos.
Porque es la presencia -y no el control- la que nos regala la posibilidad de darnos cuenta. Y darse cuenta no es un acto inmediato ni puramente mental: es un proceso vivo, que se despliega en el cuerpo, en el tiempo y en la experiencia.
Es vida en proceso.
Desde esta mirada, la ansiedad deja de ser solo un síntoma a eliminar y comienza a revelarse como un lenguaje. Un modo en que el cuerpo y la psique intentan decir aquello que todavía no pudo ser puesto en palabras. Para comprenderla, entonces, necesitamos ampliar la escucha y abrirnos a miradas que integren lo psicológico, lo biológico y lo simbólico.
Lenguaje simbólico
Desde la psicología profunda, Carl Gustav Jung entendía la ansiedad no solo como un síntoma, sino como una señal del psiquismo cuando el yo consciente se aleja del proceso de individuación, es decir, del camino hacia una vida más auténtica. Para Jung, la ansiedad surge cuando contenidos inconscientes -emociones, deseos, límites no reconocidos- presionan para emerger y no encuentran vía de expresión simbólica o verbal.
En este sentido, el ataque de pánico puede pensarse como una metáfora corporal extrema: la irrupción de voces internas que no pudieron decirse, emociones que no encontraron palabras, límites que no se pusieron a tiempo.
El cuerpo dice lo que la conciencia aún no puede sostener.
Desde los enfoques de biodecodificación y psicosomática integrativa, la ansiedad suele asociarse a conflictos de anticipación, miedo al futuro, sensación de amenaza o pérdida de control. El cuerpo vive como peligroso aquello que la mente aún no pudo organizar simbólicamente. No se trata de "debilidad", sino de hiperactivación biológica frente a una vida que pide cambio.
Muchas veces aparece cuando la vida ya nos llevó a una nueva versión de nosotros mismos, pero internamente seguimos identificados con lo viejo.
Desde la neurociencia sabemos que el cerebro humano no ama el cambio, aunque lo necesite. Está diseñado para economizar energía y predecir el entorno. Las rutinas conocidas activan circuitos de seguridad; lo nuevo, en cambio, activa la amígdala, estructura clave en la detección de amenaza.
Cuando atravesamos cambios vitales profundos -duelos, mudanzas, separaciones, nuevas responsabilidades, redefiniciones identitarias- el cerebro entra en un estado de estrés adaptativo. Si la demanda supera la capacidad de integración, aparece la ansiedad como señal de colapso del sistema regulador.
Aquí dialoga con claridad el aporte de Joe Dispenza, quien señala que gran parte del sufrimiento humano proviene de intentar crear una nueva vida con una identidad neuronal anclada al pasado. El cuerpo, habituado a lo conocido, "extraña" la vieja identidad y reacciona con ansiedad frente a lo nuevo, incluso cuando es deseado.
Identidad y límites
La ansiedad también nos interroga en planos más sutiles: ¿Cuándo deseo realmente algo y cuándo estoy complaciendo? ¿Cuándo quiero decir que no y cuándo me autolimito porque, en lo profundo, siento que no merezco? ¿Cuánto miedo a la frustración gobierna mis decisiones?
En este sentido, la ansiedad no es solo miedo al futuro, sino miedo a fallarnos, a no estar a la altura de una imagen ideal del yo. Desde las teorías del self, se vincula a la tensión entre el yo real y el yo ideal, generando una autoexigencia constante que agota los sistemas de regulación emocional.
El cuerpo agotado
No podemos dejar afuera el cuerpo biológico. La ansiedad se intensifica cuando existe desorden en: el descanso, la alimentación, el uso excesivo de pantallas, la estimulación continua de los sentidos.
La exposición nocturna a pantallas inhibe la secreción de melatonina, hormona clave del sueño, alterando el ritmo circadiano y aumentando la vulnerabilidad ansiosa (Walker, 2017). A su vez, dietas ricas en ultraprocesados y estimulantes mantienen elevado el cortisol, perpetuando el estado de alerta (Sapolsky, 2004).
El cuerpo no está diseñado para vivir en un continuo de excitación. Por eso te invito: No huyas ni luches con tu ansiedad.
Invitala a hablar. Preguntale qué cambios te está pidiendo la vida.
Escuchá qué límites necesitan ser reconocidos.
¿Podés darte tiempo de calidad para alimentarte mejor, para descansar, para cuidar tus afectos?
¿Te das permiso para amar y sentir, o vivís en el miedo?
¿Podés confiar cuando todo se pone difícil y no sabés cómo vas a afrontar esos gastos de último momento?
Respirá. Estás a salvo.
La vida tiene la manía de abrir camino solo cuando das el paso.
Respirá. Abrazá. Besá.
Que tus pies toquen la tierra o el río. Acariciá a tu perro, a tu gato. Saboreá tu mate. Todo pasa.
Mientras tanto, transitá por donde la vida te lleve hoy.
Estás en el lugar y en el momento perfectos.
Ya lo entenderás.
(*) Es además coach ontológico profesional; magister en Salud Pública con mención en Atención primaria de la salud; especialista en Salud Pública; facilitadora en procesos de comunicación, resolución de conflictos, expansión de la conciencia, liderazgo; coordinación de grupos y conciencia de redes; y facilitadora en entrenamientos a líderes en gestiones de oratoria y comunicación. [email protected], cel 3884416256.