En un contexto atravesado por hechos de violencia, bullying, suicidios y un preocupante malestar emocional en jóvenes, especialistas advierten sobre la necesidad urgente de repensar cómo se está acompañando hoy a los adolescentes.
La psicóloga infantojuvenil Laura Lezaeta explicó que la adolescencia actual presenta contextos y desafíos muy distintos a los de generaciones anteriores y que, frente a este escenario, muchos adultos se sienten desorientados.
"La información circula, pero no siempre sabemos cómo actuar o cómo acompañarlos", señaló.
Lezaeta remarcó que, además de los cambios propios de esta etapa: biológicos, emocionales y sociales, hoy los adolescentes crecen en un entorno digital que impacta directamente en su desarrollo.
"La exposición constante a redes sociales influye en cómo se perciben, en su autoestima y en la forma en que gestionan sus emociones", explicó.
En ese sentido, advirtió que los jóvenes están expuestos a situaciones de violencia simbólica, comentarios agresivos y comparaciones permanentes, lo que puede afectar su bienestar emocional.
"Cierran la puerta de su habitación y entran en contacto con un universo que impacta en todos los aspectos de su vida", sostuvo.
Mitos
Uno de los principales errores, según la especialista, es simplificar la adolescencia como una etapa de rebeldía. "Corrernos de ese lugar es fundamental. No se trata de que 'no escuchan' o 'hacen lo que quieren', sino de entender qué les está pasando y cómo los estamos acompañando", indicó.
También advirtió sobre la idea de que los adolescentes ya no necesitan adultos. "Es un error muy común. Los necesitan, pero de otra manera", afirmó.
El rol del adulto
Lezaeta sostuvo que el adulto cumple un papel clave como sostén emocional y guía. "Ser sostén es estar disponibles para que puedan traer sus dudas, sus miedos y sus emociones. Que sepan que hay un adulto que los escucha", explicó.
En este sentido, destacó la importancia de pasar de un modelo autoritario a uno basado en la presencia, la escucha y la orientación.
"El adulto funciona como un regulador externo. El adolescente todavía no puede autorregularse completamente, por eso necesita ese acompañamiento", remarcó.
En este sentido, y lejos de ser un castigo, dijo que los límites son fundamentales en esta etapa. "El límite es cuidado. Brinda seguridad, orden y previsibilidad", afirmó la psicóloga.
Sin embargo, advirtió que muchos adultos evitan poner límites por miedo a dañar el vínculo o generar conflictos. "Eso es una creencia errónea. El límite no rompe el vínculo, lo fortalece", aseguró y explicó que la clave está en cómo se comunican: validar las emociones del adolescente sin dejar de sostener la norma.
"Es esperable que reaccionen con enojo o frustración. El adulto es quien tiene que poder sostener eso", indicó.
Para la especialista, el desafío actual no radica en que los adolescentes sean más difíciles, sino en que el contexto es más complejo. "El mundo digital, el ritmo de vida acelerado y la falta de herramientas hacen que muchos adultos no sepan cómo actuar", explicó.
A esto se suma la dificultad para generar espacios de diálogo en la vida cotidiana. Sin embargo, Lezaeta aclaró que no se trata tanto de cantidad de tiempo, sino de calidad.
"Aunque sea un momento breve, es fundamental estar presentes de verdad: sin celular, sin distracciones, escuchando", señaló.
Señales de alarma
La especialista remarcó la importancia de estar atentos a ciertos cambios en la conducta de los adolescentes. Entre las principales señales de alerta mencionó el retraimiento excesivo, la irritabilidad o angustia persistente, pérdida de interés en actividades habituales, cambios en el sueño o la alimentación y expresiones de desesperanza.
Para evaluar estas situaciones, detalló que se deben considerar tres criterios: la intensidad, la duración y el impacto en la vida cotidiana.
"No es lo mismo un malestar puntual que uno que se sostiene en el tiempo y empieza a interferir en su vida", ejemplificó.
La violencia
Respecto a los comportamientos violentos, Lezaeta subrayó que no responden a una única causa. "La conducta humana es compleja. Intervienen factores personales, familiares, sociales y culturales", explicó.
En ese marco, señaló que el consumo de contenidos o videojuegos violentos no determina por sí solo una conducta agresiva, aunque puede influir si se combina con otros factores.
Por último, la psicóloga sintetizó que la clave está en la presencia adulta. "Lo que más necesitan los adolescentes es sentirse vistos y escuchados", afirmó.
Esto implica interesarse por su mundo, sus emociones y sus vínculos, además de sostener límites claros. "No pueden solos. Aunque parezcan grandes, necesitan adultos que los acompañen", concluyó.