La vida de cada persona es un cúmulo de experiencias que se entrelazan hasta encontrar un camino, en la que no faltan pruebas, ni obstáculos, y que si se sortean, es valioso tener el temple de un espíritu resiliente y con fortaleza.
Así, un 25 de abril del año 1970 nació Fabián Zambrana, un jujeño que a los meses de existir, fue llevado por su madre Luisa Zambrana a Buenos Aires. Dueño de una personalidad gentil, compartió con calidez su historia. De recuerdos lindos está colmada su mente al rememorar su infancia, cuando la felicidad estaba en torno a una mesa familiar y las risas se multiplicaban más al finalizar los años. "A medida que fui creciendo me di cuenta que mi mamá sentía tristeza de ser madre soltera, siempre se lo hacían notar mis tías. Fue discriminada y yo sufría por ella", expresó sobre esta etapa. No contaba con una figura paterna que lo guiara, por lo que le fue difícil atravesar por esos momentos siendo muy pequeño. "Cuando me equivocaba por algo, me pegaban. No me explicaban cuál era el error", expuso quien terminó entendiendo a la fuerza. Ya en su adolescencia, dejó los estudios y se dedicó a trabajar pero, a la vez, se le presentaría un camino equivocado. "Me fui con lo prohibido, con lo que no tenía que ser, el alcohol, las drogas y como no tenía una contención, me envicié y quedé atrapado", recordó quien, luego, dejó su labor para acceder al dinero fácil a través del robo. "Sentía miedo, soledad, quería volver a ser el de antes. A mí nunca me festejaron un cumpleaños, yo recién a los dieciséis lo celebré", indicó con nostalgia. Los años fueron pasando y la costumbre por robar ya la consideraba parte de sus días.
Entonces no faltaba demasiado para que a los 21 conociera la cárcel como preso. "Seguía haciendo la mía, no tenía idea de lo mal que estaba. Seguía alcoholizándome, drogándome y fui a varias cárceles porque estuve preso muchos años", explicó. Caer en la droga le provocó un derrumbe espiritual importante; primero fueron pastillas, después fármacos, marihuana, hasta cocaína.
"Conocí una chica, me enamoré y quedó embarazada, pero decidimos sacarlo. Yo no me consideraba responsable para criar un hijo, porque tampoco tuve un padre", detalló este jujeño que pese a tener una vida desprolija, trató de superarse cada vez que volvía a la cárcel donde tocó fondo y llegó a convencerse de que lo mejor era estudiar y completar el nivel medio para tener otra perspectiva. "Quería leer y escribir mejor, empecé a ser curioso con la historia, las narraciones y no tener la cabeza en lo que se vive 'adentro' porque es un infierno. Todo se arregla a puñaladas", reveló quien se acercó a Dios para ser libre en todos los sentidos.
"Cristo siempre llega en el sufrimiento del hombre. Soy un convencido de que fue un milagro", comentó Zambrana, que se siente un hombre renovado, ya que pasaron más de veinte años de esta experiencia. Ama y cuida a su mamá, trabaja y, lejos de sufrimientos, resurgió como ser humano. "Tengo cirrosis, una afección por mis errores pasados, pero la controlo con medicinas", indicó, dejando ver su esperanzadora mirada porque, aún, está vivo.