Crecer es parte de la evolución de toda persona, es atravesar diferentes circunstancias y aun así mantener encendido el espíritu de lucha para sobrellevar todo, de la mejor manera posible.
Esa voluntad férrea es la que acompaña desde siempre a Belén Méndez, una mujer que aprendió a captar una perspectiva de la vida distinta, sin dejar de abrazar la esperanza.
Nacida el 26 de julio de 1993, vivió su primera infancia en el Abra de Punta Corral. Allí, con su tatarabuela Juana Méndez, aprendió de niña sobre las buenas costumbres y la mentalidad sana, lejos de la ciudad. Cuando llegó el momento de partir, tuvo que alejarse de este lugar y sintió su primer desarraigo fuerte. "Mi tatarabuela me enseñó de todo pero lo que más me quedó, fue la importancia de ayudar a las personas como sea", destacó Belén Méndez sobre esta etapa de su existencia.
A los siete años fue con su madre Elva Méndez a la ciudad histórica de Humahuaca, donde vivió otra historia. "Me acuerdo que como la plata no alcanzaba, abandoné la escuela. Con mi hermano íbamos a cantar coplas a la escalera del Indio para los turistas", reveló con sentida emoción. Con el tiempo, pedían alimento y pan a los residentes del lugar y poco a poco se hicieron conocidos. "La situación no era buena, entonces por defensoría de menores -a los once años- me sacaron de lado de mi mamá y me tocó ir de casa en casa, con familias sustitutas. Fui a varias casas, hasta en el hospital de Tilcara; ahí iba a la escuela 'Sarmiento' y séptimo grado terminé en León", comentó Méndez que tiene cuatro hermanos.
En el transcurso de su niñez conoció Humahuaca, San Roque, Abra Mayo, Tilcara y León. "Comencé la secundaria en el 'Provi 1' pero me quedé, más grande decidí terminar mis estudios pero en el 'Olga Aredez' a la noche", destacó. Pese a tener una infancia complicada, ella siempre soñó con volver al campo, donde vivía su tatarabuela, pero entendía cómo se fue presentando la situación.
"Yo siempre tenía mis cosas listas porque en cualquier momento sentía que me tenía que ir", afirmó con un dejo de tristeza al no tener un hogar fijo, ni establecido. Pero desarrolló un gran poder de adaptación que le permitió abordar la circunstancia con madurez. "La asistente social me dijo que yo no iba a ser nadie en la vida", recordó con lágrimas pero esa sentencia que la marcó en ese instante, fue el motor que la impulsó para pensar en que su existencia sí tenía un sentido y no se dejó vencer por esa frase cruel.
A los 18 años se fue a vivir sola, aunque le costó era consciente de que tenía que volar y buscar su destino. "Trataba de comunicar me con mi mamá que estaba en Humahuaca pero me recomen daban que no, pero yo no quería que se perdiera el contacto", indicó.
Es que la infancia para Belén fue complicada, a tal punto que no le gustaba festejar su cumpleaños, ni las fiestas de fin de año ya que pasaron de ser una celebración en familia para los demás; pero para ella significaba estar con su hermano, los dos solos. "Después llegaron mis otros hermanos pero fueron adoptados por otras familias", recordó, sin olvidar cómo le pedía a los Reyes Magos todos los años una bicicleta, manteniendo intacta la ilusión de alguna vez tenerla, como todo niño. "Pensaba que cuando fuera grande y si me tocaba tener hijos, les daría algún presente siempre, para que ellos no se sintieran mal", expresó quien a los diecinueve años descubriría la maternidad gracias a su primera niña.
Con el nacimiento de su pequeña, la esperanza movilizó su alma y renovó aquél anhelo de disfrutar -de otra manera- la vida. "Tuve miedo con mi hija mayor que hoy tiene catorce años, porque yo no tenía una figura materna y aprendí de a poco. Me acordaba de mi tatarabuela y sus enseñanzas. Después tuve otra nena de doce y un varón de diez", resaltó Méndez, que revive su infancia a través de los ojos de sus hijos. Para Belén, la vida fue cambiando y, así como las emociones, apoderándose de su relato; sobre todo, al momento de describir que está cumpliendo su sueño de estudiar enfermería para ayudar a la gente, sin dejar de dirigir la copa de leche "A pulmón - Los Pekes" en el barrio Alto Comedero.