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Todo el arte de un luthier maimareño para el mundo

Leonardo Espinoza es un talento jujeño que crea charangos y roncocos en homenaje a sus raíces quebradeñas.
Viernes, 12 de enero de 2024 01:01

Desde la tierra donde el cerro "Paleta del pintor" luce sus colores, el talento de un joven luthier se muestra en instrumentos musicales que desprenden magia especial.

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Desde la tierra donde el cerro "Paleta del pintor" luce sus colores, el talento de un joven luthier se muestra en instrumentos musicales que desprenden magia especial.

Sus manos de artista saben de formas y tallados listos para crear acordes y, con las técnicas adecuadas, llegar a un instrumento que ama y admira con el alma.

Leonardo Espinoza es jujeño y desde Maimará da rienda suelta a su creatividad de músico, con la imaginación que activa en su trabajo artesanal.

TALLADO CON GUBIA | PASOS INICIALES PARA CREAR LA CAJA DEL INSTRUMENTO.

Nacido en una tierra bendecida como es la Quebrada, supo encontrar en el arte de su abuelo Jerónimo Espinoza, la llavecita para perfeccionar esa habilidad de la reparación de instrumentos musicales. Y lo logró.

Y es que su abuelo -contó- recibió al mismo Atahualpa Yupanqui, a Leda Valladares y a Jorge Cafrune en su propia casa, allí en Maimará.

"Para mí, es un orgullo tener la raíz de músico y conocer este arte por mi abuelo. En mi casa, me crié rodeado de música", expresó Leonardo Espinoza que, movilizado por esta disciplina artística recordó que a sus doce años se inició como reparador de instrumentos.

"Empecé con las guitarras y con los vientos, después me interesó el charango", dijo.

Como su madre le había regalado un charango pequeño, fue suficiente para que le permita a su instinto creativo expresarse. Y fue así que comenzó a restaurar las piezas basándose en aquél modelo inicial, aplicando conocimientos sobre las cuerdas como valioso saber que aprendió con cariño.

Entonces a través de la elaboración de cada parte como elemento único, hizo que funcionara como maquinita de originalidades. Y empezó a armar ese instrumento que aprendió a tocar. "Desde la caja hasta cada detalle, todo es a mano. Cada componente, el tallado que es con gubias para darle su forma. Ninguno es igual a otro", explicó Espinoza.

LÍNEAS SUAVES | UN TRABAJO CON TERMINACIÓN EXQUISITA.

Y entonces emplea sus herramientas con solvencia y atento a cada paso, lleva a la realidad lo que había imaginado. Así, pasaron los años y se dio cuenta que sería bueno reafirmar sus conocimientos y convertirlos en su fuente de trabajo.

Hoy en día después de múltiples satisfacciones, realiza la labor en su taller ubicado frente al monumento a la madre, cercano a la Escuela de Educación Técnica 1 "General Manuel Belgrano".

En ese microcosmos, su arte explora el potencial de maderas nativas y exóticas que llegan para enriquecer su perspectiva. Los colores de las nobles piezas se despliegan para romper la quietud y hacer que vibre la inventiva.

SIMBOLOGÍA ANDINA | LA FUERZA NATURAL PUESTA EN EL INSTRUMENTO.

Las combinaciones de formas son posibles para que los modelos tengan su lugar en la mesa principal. Y no dejan de aparecer entre tallados y calados; estrellas, soles y cerros que se imprimen en el instrumento obstinado en homenajear los orígenes. "Son aproximadamente quince los modelos que fueron saliendo. Cada uno es especial pero el que más sale, es el modelo 'Maimará'", afirmó el artesano que envía sus trabajos al mundo, llegando a realizar un charango único en madera de ébano africano, decorado con perlas japonesas.

El vaivén en la búsqueda de nuevas expresiones lo llevaron a transitar veintiocho años como luthier que concibe como un privilegio adquirido. Y desde su lugar invitó a que la juventud se interese por los oficios artesanales porque son experiencias que se aprenden no para un momento, sino para la vida.