17°
7 de Marzo,  Jujuy, Argentina
PUBLICIDAD

"El problema nunca fue la mujer. El problema fue el miedo a su potencia creadora"

Una invitación a mirar la historia sin negar el dolor, pero también sin quedarnos en él: comprender para transformar y pasar de la injusticia a la soberanía.
Sabado, 07 de marzo de 2026 09:05

Durante siglos, a las mujeres se las llamó brujas por saber, histéricas por sentir y peligrosas por crear vida. Hoy sabemos que aquello que se intentó silenciar no era debilidad: era potencia.

La historia de las mujeres es compleja. Está hecha de sombras y de luz. De silencios impuestos y de voces que, a pesar de todo, encontraron la manera de seguir hablando.

Durante mucho tiempo, muchas mujeres aprendieron a hablar en voz baja, a caminar con cuidado y a pedir permiso para ocupar su propio lugar.

Pero si hoy nos detenemos a mirar esa historia no es para quedar atrapadas en el dolor, sino para comprenderla.

No planteo este artículo como una guerra de sexos, sino como un proceso evolutivo: de la injusticia a la conciencia, y de la conciencia a la soberanía.

La pregunta necesaria

Cuando observamos la historia con honestidad surge una pregunta inevitable:

¿Por qué lo femenino ha sido desvalorizado durante tanto tiempo?

¿Por qué todavía existen brechas salariales, desigualdades en el acceso al poder o expectativas sociales que parecen exigir que las mujeres sostengan múltiples mundos al mismo tiempo?

Parte de la respuesta tiene que ver con algo que pocas veces se nombra: el miedo a la potencia creadora.

Durante milenios, la capacidad de las mujeres de dar vida, su conexión con los ciclos de la naturaleza y su sensibilidad intuitiva fueron admiradas, pero también temidas.

Lo que no se puede controlar, muchas veces se intenta someter.

Durante la Edad Media, por ejemplo, miles de mujeres que ejercían saberes medicinales tradicionales fueron acusadas de brujería. Muchas de ellas no eran hechiceras: eran parteras, curanderas o mujeres que conocían las propiedades de las plantas.

El problema nunca fue la mujer. El problema fue el miedo a su potencia creadora.

Las frases que muchas mujeres escucharon

Durante siglos, muchas mujeres crecieron escuchando frases que todavía resuenan:

“No seas tan sensible.”
“No exageres.”
“Eso son cosas de mujeres.”

Sin embargo, aquello que se descalificaba como debilidad era, muchas veces, una forma profunda de percepción.

La intuición, la empatía, la capacidad de leer lo que ocurre en un vínculo o en una familia no son fallas del carácter. Son formas de inteligencia que durante mucho tiempo fueron ignoradas o minimizadas.

La vida cotidiana que no aparece en las estadísticas

Pensemos en una escena cotidiana.

Una mujer sale de su trabajo a las seis de la tarde. Pasa por el supermercado. Llega a su casa, ayuda a sus hijos con la tarea, organiza la cena, recuerda el turno médico de un familiar y responde mensajes de alguien que necesita ser escuchado.

Recién cerca de las once de la noche encuentra unos minutos para sí misma.

Ese trabajo invisible —sostener la red de la vida— rara vez aparece en las estadísticas económicas.

Sin embargo, sin ese trabajo silencioso ninguna sociedad podría funcionar.

Gran parte de nuestros sistemas se construyeron sobre una idea de productividad constante, basada en el hacer permanente. Pero esa lógica muchas veces ignora los ritmos biológicos, emocionales y relacionales que sostienen la vida.

La sombra del patriarcado

El psiquiatra chileno Claudio Naranjo (2007) señalaba que una de las grandes crisis de la civilización moderna es la hipertrofia de lo racional y lo competitivo, en detrimento de lo sensible y lo empático.

No se trata simplemente de algo que se le hizo a las mujeres. Se trata de un desequilibrio que ha afectado a la humanidad entera.

Cuando se desvaloriza la sensibilidad, la ternura o la conciencia corporal, no solo se limita a las mujeres: se empobrece la experiencia humana.

Lo que hoy dice la ciencia

Curiosamente, muchas de las intuiciones de las tradiciones antiguas empiezan a encontrar respaldo en la ciencia contemporánea.

La neurobiología ha demostrado que la inteligencia humana no es únicamente racional.

Nuestro cerebro funciona como una red compleja donde interactúan pensamiento, emoción y cuerpo. Las emociones cumplen un papel fundamental en la toma de decisiones, en la empatía y en la construcción de vínculos.

Incluso el corazón posee una red neuronal que se comunica con el cerebro e influye en nuestra percepción y en nuestra regulación emocional.

Es decir: la inteligencia humana también es emocional, corporal e intuitiva.

Durante siglos, muchas de estas capacidades —históricamente asociadas a lo femenino— fueron subestimadas.

Hoy sabemos que no son debilidades. Son formas profundas de inteligencia.

Tres generaciones de mujeres

Si miramos hacia atrás, podemos ver cómo cada generación de mujeres fue abriendo caminos.

Nuestras abuelas crecieron en un mundo donde muchas veces ni siquiera podían decidir sobre su propio destino.

Nuestras madres comenzaron a conquistar espacios en la educación, el trabajo y la vida pública.

Y hoy muchas mujeres están intentando algo diferente: no solo conquistar lugares, sino también vivir con mayor conciencia y libertad interior.

De la Justicia a la Soberanía

Durante mucho tiempo, la balanza estuvo desequilibrada.

Pero la justicia verdadera no es revancha. Es equilibrio.

La soberanía comienza cuando una mujer puede mirarse de frente y reconocer su propio valor, más allá del juicio ajeno.

También implica honrar a las mujeres que vinieron antes: madres, abuelas, bisabuelas que atravesaron contextos mucho más difíciles y que, de alguna manera, abrieron el camino.

Podemos tomar su fuerza sin tener que cargar con su sufrimiento.

El femenino que emerge

El nuevo femenino no consiste en replicar modelos de poder basados en la dominación.

Consiste en integrar.

Integrar razón e intuición.
Acción y cuidado.
Fuerza y ternura.

Tal vez el verdadero cambio no sea que las mujeres se parezcan más a los hombres, sino que el mundo aprenda finalmente a integrar lo mejor de ambos.

En muchas tradiciones simbólicas esta energía está representada por la figura de la Emperatriz: la fuerza creadora que no necesita permiso para existir.

La Emperatriz sabe que su valor no depende únicamente de cuánto hace, sino de quién es.

Y desde ese lugar crea, nutre y transforma.

Bitácora para el alma

Tal vez, en este Día de la Mujer, más que buscar respuestas afuera podamos hacernos algunas preguntas simples:

¿Cuántas veces pediste disculpas por ocupar tu espacio?
¿Cuántas veces dijiste “perdón” antes de expresar una idea?

¿Qué parte de la historia todavía resuena aun en t cuerpo como un “no puedo”?

Y si hoy nos dieras permiso para ser imperfecta pero real…
¿qué carga podrías soltar?

Porque quizá el verdadero cambio comienza allí.

Cuando cada mujer recupera el derecho a habitar su propia verdad.

Y desde ese lugar, lo femenino renace.

Psicóloga (MP 222), Magíster en Salud Pública y Coach Ontológica (AACOP–FICOP 3903). Integro psicología, coaching, neurociencias, espiritualidad y arte para acompañar procesos de transformación en personas y organizaciones.

Mi enfoque trabaja relaciones conscientes, bienestar emocional y liderazgo humano, con herramientas aplicables a la vida cotidiana y al mundo profesional.

Temas de la nota

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD