¿Alguna vez te has preguntado por qué, si ya no viven bajo el mismo techo, sigues sintiendo que tu ex tiene el control remoto de tus emociones? ¿Por qué un mensaje de texto de tres líneas tiene el poder de arruinarte el fin de semana o por qué te urge tanto "corregir" cómo el otro cría a vuestros hijos?
Recientemente, tras el estallido de dopamina y oxitocina que las festividades de San Valentín dejan a su paso, nos enfrentamos a una cruda realidad: muchas veces lo que llamamos "amor" es solo una biología del apego mal gestionada. Confundimos la necesidad de que el otro me complete con la madurez de compartir un tramo del camino. Cuando ese tramo termina, el desafío no es separarse de los cuerpos, sino separar las heridas.
Cuando el niño toma el mando: El costo de la guerra invisible. En sistémica decimos que una separación adulta ocurre cuando ambos pueden decir: "Gracias por lo que me diste, fue mucho; tomo lo que me corresponde y te dejo tu parte de responsabilidad". Pero, ¿qué sucede cuando esto no ocurre?
Aparecen los síntomas del "ex-conflicto eterno". Mensajes kilométricos: Intentos desesperados de que el otro "entienda" su culpa (el niño pidiendo justicia). Silencios punitivos: El uso del vacío como arma de control. La disputa por las rutinas: Impedir que el otro tenga su propia dinámica con los hijos solo "por llevar la contra".
"Cuando los padres se pelean a través de los hijos, los niños no solo pierden la paz; pierden el permiso de amar a ambos progenitores. Ese es el precio más alto: el síntoma físico o emocional en el más débil del sistema" (Hellinger, 2001).
De la química del apego a la alquimia de la libertad. La ciencia nos dice que el enamoramiento es un cóctel de neurotransmisores. Sin embargo, el amor adulto es una decisión consciente que acepta la finitud. Una separación es una bendición cuando se tramita desde el adulto que reconoce su 50% de participación en el éxito y en el fracaso de la relación.
Si todavía sientes la necesidad de controlar qué comen los niños en la casa de tu ex, o si usas el chat de WhatsApp como un campo de batalla para reproches de hace diez años, no es tu "yo" presente el que escribe. Es tu niño herido proyectando en tu ex a un padre o madre que no le dio lo que necesitaba.
Dinámica Infantil: "Es su culpa que todo terminara". Respuesta adulta (Alquimia Cíclica): "Acepto mi 50% y honro nuestra historia". Dinámica Infantil: "Tengo que controlar cómo los cuida".". Respuesta adulta (Alquimia Cíclica): "Confío en el vínculo que ellos construyan".
Dinámica Infantil: Mensajes de reproche a medianoche. Respuesta adulta (Alquimia Cíclica): Silencio sagrado y respeto por los límites.
Preguntas para tu adulto. Para que esta lectura no sea solo información, sino una herramienta de transformación, te invito a reflexionar frente al espejo:
¿A quién le escribes realmente esos mensajes de texto? ¿A la persona que tienes frente a ti o a alguien de tu pasado que no te escuchó?
¿Qué beneficio secundario obtienes al mantener vivo el conflicto? (A veces, pelear es la única forma que conocemos de seguir vinculados).
Si tus hijos fueran un territorio neutral, ¿cómo cambiaría tu forma de hablar de su otro progenitor hoy mismo?
¿Estás dispuesto/a a soltar el control de "tener la razón" para ganar la paz de ser soberano/a de tu propia vida?
Bibliografía: Hellinger, B. (2001). Órdenes del amor. Herder. Fisher, H. (2004). Por qué amamos: naturaleza y química del amor romántico. Taurus.
(*) Licenciada en Psicología. Magister en Salud Pública. Coach Ontológico Profesional. Bienestar Emocional y Vínculos Conscientes.