Con la celebración del Martes de Chaya ayer, concluyó el ajetreado y placentero festejo del Carnaval Grande. Principalmente en la Quebrada, Puna y Valles se manifestó el ritual, con muchas esperanzas y convicción, en el que se agradeció lo que se tiene y se pidió por prosperidad.
Esta costumbre, en medio de los festejos carnestolendos, no es exclusivamente una manifestación cultural más de las comparsas o cuadrillas de cajeros, por ejemplo en Humahuaca, y si de toda la comunidad.
La tradición claro que está ligada al carnaval, pero es la Pachamama a quien realmente están orientadas las expresiones de gratitud y pedidos que se realizan con mucho respeto y creencia.
En febrero los pobladores refuerzan el vínculo con la Madre Tierra, que si bien a ella la recuerdan cotidianamente, es en agosto cuando se la honra ofrendando comidas y bebidas (o sea se la corpacha), y el resto del año únicamente se la chaya (vertiendo sobre ella líquido).
Dependiendo de la costumbre de cada uno, la chaya comienza cuando comienza a amanecer, otros la hacen a media mañana, pero la mayoría al mediodía después de compartir en familia, entre amigos o en la comparsa, un abundante almuerzo.
Se chaya los bienes materiales (viejos o nuevos), el negocio, el disfraz de diablo, el novio, la plata, la familia y también la salud, no hay un motivo u objeto definido para chayar, el propósito es pedir por mejor en el tiempo que vendrá.
La ceremonia es la más sentida y compartida que se manifiesta cerrando los cuatro días de algarabía popular a la espera del Carnaval Chico el próximo fin de semana.