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Ansiedad: Ecos de los vínculos y el arte de dejarse sostener

Martes, 27 de enero de 2026 23:21

En la entrega anterior, comprendimos que la ansiedad es un lenguaje. Pero hoy te invito a dar un paso más profundo: ¿Quién nos enseñó a sentirnos seguros?

La psicología del desarrollo nos explica que no nacemos sabiendo regular nuestras tormentas. Aprendemos a calmarnos porque hubo un "otro" -madre, padre, cuidador- que nos prestó su sistema nervioso cuando el nuestro era apenas un brote. En la Teoría del Apego, esto se llama base segura (Bowlby, 1988). Si ese puente de aprendizaje fue sólido, la vida se siente como un suelo firme; si hubo ausencias, miedos o inestabilidad, la ansiedad se convierte en nuestra "piel" de protección.

Síntoma como biografía

Es fundamental aclarar algo: observar nuestras raíces no es buscar culpables ni quitarnos responsabilidad. Es, por el contrario, un acto de profunda autocompasión. La ansiedad no apareció de pronto; es una matriz de aprendizaje.

Desde la Gestalt, entendemos que la ansiedad es "excitación sin soporte" (Perls, 1973). Es como intentar acelerar un auto que no tiene frenos ni suelo. Cuando te sientes ansiosa frente a lo inesperado, no es que seas "débil", es que tu sistema está replicando una forma de estar en el mundo donde lo nuevo siempre fue sinónimo de peligro o de soledad.

"La ansiedad es el hiato entre el ahora y el después". Fritz Perls.

El caso de "Marta"

Imaginemos a Marta. Ella siente ansiedad cada vez que un proyecto laboral le va bien. ¿Por qué, si es algo positivo? En su biodecodificación, descubrimos que, en su infancia, cada vez que había alegría, algo "malo" pasaba: una discusión de sus padres o una carencia económica. Su cerebro aprendió que la calma es la antesala del caos.

Marta no tiene un trastorno; tiene una memoria biológica de supervivencia. Para ella, estar alerta es su forma de amar y de protegerse. Al integrar las Constelaciones Familiares, Marta pudo repetir una frase sanadora: "Gracias a este miedo estuve alerta, pero hoy elijo mirar la vida con confianza. Los que se fueron antes ya sostuvieron lo difícil, ahora yo puedo descansar".

¿Estábamos seguros o teníamos miedo a perder? La calidad de nuestra ansiedad actual suele ser un espejo de nuestra forma de apego.

Si de niños podíamos llorar y sabíamos que alguien vendría, hoy nuestra ansiedad es transitoria. Si, por cosas de la vida, ese soporte no estuvo, hoy sentimos que "siempre tenemos que poder solos".

La ansiedad es el grito del niño interno que no se sintió sostenido por la vida. Por eso, el abordaje es más que "pensar en positivo". Es aprender a ser nuestro soporte.

El cuerpo como templo

La biodecodificación nos enseña que el cuerpo no miente. Si el pecho se cierra, es porque hay una necesidad de protección no resuelta (Sellam, 2014). Sanar la ansiedad es, en esencia, volver a confiar en que la vida nos sostiene, incluso cuando no vemos el siguiente escalón. Frase sanadora: "Dejo de cargar lo que no me pertenece. Me doy permiso para ser sostenida por algo más grande que mis propios pensamientos".

Reflexión final

Volver al nido interno. No te culpes por tu ansiedad. Mirala como una maestra que te viene a decir: "Ey, aquí falta soporte, aquí necesitamos volver a sentirnos seguros".

La sanación no es la ausencia de ansiedad, sino la capacidad de observar nuestra matriz de aprendizaje sin juzgarla. Es abrazar esa parte nuestra que tuvo que aprender a vivir en alerta y decirle: "Ya pasó. Ahora estoy yo para nosotros. Ahora estamos a salvo".

Respira. No estás solo. Estás sostenido por una red invisible de vida que te precede.

Referencias: Bowlby, J (1988). Una base segura: Aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós. Perls, F (1973). El enfoque gestáltico y testimonios de terapia. Cuatro Vientos. Sellam, S (2014). El síndrome del yaciente: Un sutil hijo de la muerte. Índigo. Winnicott, D W (1971). Realidad y juego. Gedisa.

 

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