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A 156 años del asesinato de Urquiza

El 11 de abril de 1870, una partida de 50 hombres acabó con la vida del general Justo José de Urquiza en el Palacio San José. 

Sabado, 11 de abril de 2026 09:28

Hace 156 años, una tarde apacible de lunes santo se transformó en una de las páginas más sangrientas de la historia argentina. Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos y uno de los hombres fuertes de la política nacional durante tres décadas, fue asesinado en su propio palacio por un grupo de 50 hombres leales a su exaliado Ricardo Ramón López Jordán. El odio y los recelos acumulados durante años estallaron el 11 de abril de 1870. Pero la historia, para muchos, tuvo un desenlace recién 19 años después.

El 22 de junio de 1889, en la calle Esmeralda al 500 de la ciudad de Buenos Aires, un hombre recibió dos disparos en la cabeza. Aunque fue auxiliado por transeúntes y llevado moribundo a una botica en la esquina de Tucumán, nada pudo hacerse. El fallecido era Ricardo Ramón López Jordán, el cerebro del alzamiento contra Urquiza. Indultado por el presidente Miguel Juárez Celman tras diez años de exilio en Uruguay, intentaba recomponer su vida cerca de su familia cuando fue ejecutado por Aurelio Casas, un joven de 27 años que aseguró vengar así la muerte de su padre, degollado por orden de Jordán. Sin embargo, la versión de la venganza personal nunca convenció del todo, y todas las miradas volvieron a apuntar hacia aquel trágico atardecer en el Palacio San José.

El crimen en San José

Corría el 11 de abril de 1870. Urquiza, de 69 años, disfrutaba de la tarde en la galería de su magnífica residencia en Entre Ríos, mientras sus hijas tomaban lecciones de música. Su esposa, Dolores Costa, de 36 años, amamantaba a la pequeña Cándida en el dormitorio. Nada hacía presagiar la masacre.

Poco después de las 19, medio centenar de hombres rodeó el palacio. Al grito de “¡Abajo el tirano! ¡Viva el general Ricardo López Jordán!”, irrumpieron en la propiedad. Urquiza alcanzó a disparar un rifle que le alcanzó su mujer, pero una bala le impactó sobre el labio superior. Cayó y su esposa lo abrazó. También su hija Dolores intentó defenderlo con un espadín. Pero Nicomedes Coronel, el primer atacante en ingresar, lo apuñaló cuatro o cinco veces. Las manchas de sangre en la puerta quedarían intactas durante décadas como testimonio del horror.

Los agresores impidieron la violación de las mujeres por orden de su jefe, pero saquearon el lugar y obligaron a un mucamo a servirles comida. Esa misma noche, dos hijos de Urquiza fueron asesinados en Concordia.

El desenlace y la venganza

López Jordán se hizo nombrar gobernador, pero el presidente Sarmiento lo acusó de sedición. Tras un largo conflicto armado, fue capturado en 1876, se fugó de la cárcel de Rosario en 1879 y se exilió en Uruguay. Fue indultado años después, pero nunca pudo escapar de la venganza. El 22 de junio de 1889, a dos meses de cumplir 67 años, fue ejecutado en Buenos Aires.

Su asesino, Aurelio Casas, fue condenado a cadena perpetua pero indultado el 25 de mayo de 1919. La viuda de Urquiza, Dolores Costa, transformó la habitación del crimen en un oratorio y conservó las manchas de sangre. Falleció el 8 de noviembre de 1896, manteniendo vivo el recuerdo del hombre que el odio y la intolerancia mataron en sus propios brazos: el amor de su vida.

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