Cada 31 de marzo se conmemora el Día Mundial de Prevención del Cáncer de Colon, una fecha que apunta a generar conciencia sobre una enfermedad que, detectada a tiempo, tiene altas posibilidades de tratamiento y control. En Argentina se registran cerca de 16 mil nuevos casos por año, lo que equivale a unos 43 diagnósticos diarios y representa el 12,1% de todos los cánceres. Mientras el cáncer biliar tiene alta incidencia, al igual que Salta, norte de Chile y Bolivia, y fue eje del estudio del grupo Ilogi.
En el caso del cáncer de colon, es el segundo tumor más frecuente en Argentina después del cáncer de mama en mujeres y de próstata en hombres, y afecta tanto a varones como a mujeres, especialmente a partir de los 50 años de edad.
La médica oncóloga Ana Carolina Ituarte, del hospital "San Roque" de la capital jujeña, explicó que el cáncer colorrectal, que afecta al intestino grueso, incluyendo colon y recto, representa un importante problema de salud pública.
A nivel local, en Jujuy el cáncer de colon ocupaba hasta hace algunos años el quinto lugar entre los tumores más frecuentes, según datos del Registro Institucional de Tumores de Argentina (Rita) del hospital "Pablo Soria", correspondientes al período 2013 - 2023. En la provincia, el cáncer de cuello uterino encabeza la lista, seguido por los tumores hemolinfopoyéticos y de mama.
Uno de los principales desafíos de esta enfermedad es que puede desarrollarse sin síntomas evidentes en sus etapas iniciales. "Es un cáncer con síntomas un tanto invisibles", explicó Ituarte, al tiempo que enfatizó en la importancia de la concientización durante marzo, considerado el "mes azul" por la campaña de prevención.
Sin embargo, también destacó un dato alentador, que "el 90% de los tumores de colon se desarrollan a partir de una lesión benigna llamada pólipo", dijo. Estos pólipos, que son pequeñas formaciones en la mucosa intestinal, pueden tardar entre 10 y 15 años en transformarse en cáncer.
Esta característica permite una ventana clave para la prevención, ya que mediante estudios como la colonoscopía, es posible detectar y extirpar estos pólipos antes de que evolucionen. "Se trata de un procedimiento endoscópico, no de una cirugía abierta. Se realiza con sedación, es poco invasivo y permite retirar el pólipo en el mismo momento", dijo la especialista.
En cuanto a los controles, Ituarte explicó que todas las personas a partir de los 50 años deben realizarse un test de sangre oculta en materia fecal, un estudio simple y gratuito que está disponible tanto en el sistema público como en obras sociales. Este análisis permite detectar sangrados microscópicos que no son visibles a simple vista.
En caso de resultado positivo, se indica una videocolonoscopía, un estudio que permite observar el interior del colon y actuar de manera preventiva. "Si el resultado es normal, se recomienda repetirlo cada cinco años. Esto permite detectar lesiones en etapas tempranas, con una posibilidad de curación superior al 90%", afirmó.
La especialista también recordó una experiencia de concientización realizada en Plaza Belgrano, donde se instaló un colon inflable gigante. Allí se encuestó a los asistentes y se detectó que el 90% desconocía la necesidad de realizar estos estudios preventivos.
Ituarte destacó que si bien en Jujuy el cáncer digestivo más frecuente es el de vesícula biliar, una particularidad de la región andina, el cáncer de colon es el más común a nivel nacional dentro de este grupo y constituye la segunda causa de muerte por cáncer en el país. "Es una enfermedad sumamente frecuente, pero también altamente prevenible si se detecta a tiempo", afirmó la oncóloga.
Advierten por alta incidencia de cáncer biliar en Salta y Jujuy
En el marco de las investigaciones que impulsa el Intergrupo Latinoamericano de Oncología Gastrointestinal (Ilogi), la médica oncóloga Ana Carolina Ituarte, del hospital "San Roque", puso el foco en una problemática que distingue a la región: la alta incidencia del cáncer de vesícula biliar en el noroeste argentino.
Según explicó la especialista, esta enfermedad presenta características particulares en provincias como Jujuy, Salta y Tucumán, donde se registran algunas de las tasas más elevadas a nivel mundial. "Las enfermedades se regionalizan y en nuestra zona encontramos una incidencia muy alta de cáncer de vesícula biliar", afirmó.
A diferencia de otros tumores digestivos, este tipo de cáncer afecta mayormente a mujeres. "La relación es de siete mujeres por cada varón", precisó Ituarte, y agregó que uno de los factores que se estudia es la influencia hormonal, especialmente del estrógeno. También se analizan posibles vínculos con el origen étnico, particularmente en poblaciones de pueblos originarios, frecuentes en el norte y sur del país.
Otro dato relevante es el perfil de la población más afectada, personas de bajos recursos socioeconómicos y con menor nivel educativo, generalmente a partir de los 60 años. Estos datos surgen de un registro nacional impulsado por oncólogos de todo el país, que reúne casos de cáncer de vesícula biliar y que continúa en expansión. "Fue una iniciativa del equipo médico. Cada profesional comenzó a registrar sus pacientes en un sistema digital y así pudimos identificar patrones propios de nuestra región", explicó Ituarte, quien integra este grupo.
Uno de los principales problemas de esta enfermedad es su detección tardía, ya que a diferencia de otros cánceres, como el de colon o cuello uterino, no existen métodos de tamizaje efectivos para el diagnóstico precoz y esto impacta directamente en la mortalidad.
"Los síntomas son muy inespecíficos. En el 78% de los casos se presenta como dolor abdominal, algo muy común que muchas veces se minimiza o se trata con medicación sin consulta médica", advirtió Ituarte. Por ello, recomendó prestar atención a los síntomas persistentes y realizar estudios simples como la ecografía abdominal, que permite detectar tanto la presencia de cálculos (litiasis) como posibles lesiones en la vesícula.
La litiasis, justamente, es uno de los principales factores de riesgo. A partir de esta evidencia, países como Chile han implementado estrategias de prevención como la colecistectomía profiláctica, es decir la extracción de la vesícula en pacientes con cálculos, antes de que se desarrolle el cáncer. "Han logrado reducir la incidencia y la mortalidad, pero es una estrategia costosa. Por eso, actualmente se investiga cómo identificar dentro de ese grupo a las personas con mayor riesgo, para intervenir de manera más precisa", dijo
También diferenció este tumor de otros cánceres biliares, como el colangiocarcinoma, más frecuente en el centro del país y asociado a enfermedades hepáticas como hepatitis, cirrosis o hígado graso. "Son patologías distintas, con diferentes factores de riesgo y abordajes", aclaró.
En cuanto al rol de la investigación, destacó que los avances científicos de Ilogi son clave para modificar el curso de estas enfermedades.
De hecho, la oncóloga insistió en la importancia de la consulta médica y los controles periódicos. "Un chequeo anual con el médico clínico y el ginecólogo es una buena práctica. Y ante síntomas como dolor abdominal recurrente, no hay que postergarlo", destacó.
También llamó a la comunidad médica a mantener un alto nivel de sospecha, teniendo en cuenta que se trata de una región con elevada incidencia. "Es fundamental que los profesionales incorporen esta realidad en su práctica cotidiana", concluyó.
Estudian concentración de casos
El Registro Epidemiológico Argentino de Pacientes con Cáncer Biliar, presentado por el grupo Ilogi con apoyo de AstraZeneca, analizó 928 casos en todo el país y aportó datos clave sobre la enfermedad. Del total, 577 correspondieron a cáncer de vesícula biliar, 184 a colangiocarcinoma extrahepático y 167 a colangiocarcinoma intrahepático, confirmando el predominio especialmente en el norte argentino del primero.
La mayoría de los pacientes con cáncer de vesícula provenían de Jujuy, Salta y Tucumán con fuerte concentración regional. Allí la litiasis biliar fue el principal factor asociado, presente en el 53% de los pacientes, y el 20% de los colangiocarcinomas.
El estudio también reveló que el 74% de los pacientes tenía antecedentes familiares de cáncer, lo que sugiere una posible predisposición genética. A esto se suma que el 70% de los diagnósticos se realiza en etapas avanzadas, lo que limita las opciones terapéuticas, ya que solo el 30% de los casos resecables accede a cirugía curativa.