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Grandes figuras del "lobo Jujeño"

Miércoles, 18 de marzo de 2026 00:00

En el verde césped del "23", comenzaron a forjarse magnánimas carreras, como las de aquellos que nutrieron desde Gimnasia a la Selección del Interior de César Menotti. Estaba el jujeño que tocó el cielo con las manos en 1978, Daniel Valencia, y estaban aquellos con destino europeo, como Daniel Quevedo y José Palacios. Pero también allí comenzaron los que quisieron quedarse, los que se enamoraron perdidamente de su camiseta y rara vez la soltaron, como Ricardo "Bombacha" Salinas o Celso "Trampolín" Fernández.

 

Material producido en colaboración por Octavio Rojas Coordinador Área de Historia del Gimnasia y Esgrima de Jujuy

A su vez, esas tribunas recuerdan a caudillos populares, que con sus manías y locuras se ganaron los vítores del público. como "Carucha" Lugano, quien le atajara seis penales a los salteños, o Marcial Acosta, el clásico DT temperamental.

 

También fue donde comenzó a bailar "La Murguita" conducida por "Pajarito" Conde, que decidió animarse a pensar en grande y alcanzó el 4° puesto en un certamen nacional. Fue la generación que hizo que hablar de Jujuy significara hablar de Gimnasia y Esgrima.

A pesar de los intentos de nuevos rivales, como Zapla y Atlético Ledesma, por demostrar su valía ante el avasallante dominio "albiceleste", la provincia entera se contagió del baile gimnasista. Perdura hasta hoy el apoyo de quienes comenzaron a trasladarse estoicamente desde Humahuaca, Tilcara y Tumbaya, Libertador, San Pedro y Fraile Pintado, Palpalá y El Carmen.

Las caídas son inevitables. Incluso cuando uno se acostumbra a estar cerca del cielo, puede haber deslices y hasta desplomes. Seguramente así lo sintió la generación que vio como aquel equipo del "Zorro" Acosta se instalaba entre los ocho mejores del país en el Nacional 1981. Misma generación que en el glorioso año 1986, fue testigo de cómo antes de que el mundo se tiñera de celeste y blanco, el "lobo" pintaba de esos mismos colores su presencia en el primer Nacional B de la historia. O quienes vieron surgir una nueva rivalidad, esta vez con los vecinos de la provincia de al lado, misma que regaló marcos espectaculares para el fútbol norteño. Esa generación no se esperaba tener que esperar 12 largos años para volver a ver a su club en Primera.

El clima se volvió tormentoso, con el viento golpeando fuerte en lo institucional y, en consecuencia, en lo deportivo. Esos son los momentos en donde dirigentes, atletas e hinchas deben tirar para el mismo lado, poniendo siempre por delante el escudo que los une. Los primeros, en responsabilidad y eficacia, los segundos en compromiso y garra, los terceros en aliento y orgullo. Así nos mantuvimos a flote, incluso cuando conocimos el amargo sabor de los pesares económicos y el descenso.

Desde travesías inhóspitas por las Yungas y el chaco salteño, hasta el regreso triunfal al "Monumental" y el "Chateau Carreras". Una historia que merece ser contada, la reconstrucción de una institución que a base de fútbol y más fútbol pudo recuperar su imagen de antaño.

Es la historia del ídolo, que hace tiempo había partido a demostrar su fútbol por el país y el mundo, pero volvió para alcanzar la gloria en su casa. Ese hombre que llevaba a Gimnasia en el apellido y que perforaba a los rivales, Mario Lobo, escoltado por su hermano y sus compadres, el "Negro", el "Chato" y el "Ale". Primero en el Torneo del Interior, poniendo el pecho en las finales con toda la presión de una responsabilidad histórica, la de devolver al pueblo jujeño a los planos nacionales. Cumplida con éxito la misión, se regresó al Nacional B. Dirigidos por Francisco Pancho Ferraro, llegó una consagración nunca antes vista, líderes desde la fecha 1 hasta la fecha 42. Todo para el goce de su gente, la que en caravanas se movía hasta Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Misiones, Chaco, Salta o Santa Fe, y la que empezó a llenar de pertenencia las cuatro laderas de su hogar, la platea, la nueva preferencial, la Lobo Norte y la Lobo Sur.

En el marco del proyecto de Raúl Ulloa, Gimnasia volvió a Primera para formar su primer gran mote, el del "Capo del Norte". En medio de un fútbol centralista, el Lobo jujeño se hizo una guarida en la máxima categoría, logrando grandes campañas. Como la del Apertura '95, en donde se le llegó a ganar al Vélez intercontinental para alcanzar la punta del certamen, o el Clausura '98, cuando la casaca "albiceleste" se encontró bailando entre los grandes para alcanzar otro histórico 4° lugar. El "23 de Agosto" vio jugar a los grandes. Sí, a los clubes gigantes y sus figuras de renombre, un tal Maradona, un tal Francescoli, un tal Saviola. Pero también a los nombres propios que defendiendo el escudo de Gimnasia se hicieron grandes. Como el de un habilidoso volante venido desde el Paraguay, que con la piel del Lobo se ganó su puesto en el Mundial de Francia '98. Y como el de un Pulpo mendocino, que por su habilidad viajó en vuelo directo sin escalas desde Jujuy a Dortmund, para jugar la final de la Copa de la Uefa.

 

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