"Vimos cosas que ningún ser humano ha visto jamás, ni siquiera (quienes viajaron en las misiones) Apolo".
Con estas palabras Reid Wiseman, el comandante de la misión Artemis II, describió lo que él y los otros tres astronautas experimentaron este lunes al observar el lado oculto de la Luna.
Este era uno de los objetivos fundamentales de la primera misión espacial tripulada alrededor del satélite natural de la Tierra organizada por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés) desde 1972.
Y al cumplir esta meta, los astronautas alcanzaron otro: convertirse en los seres humanos que más se han aventurado hasta ahora en las profundidades del espacio, al romper el récord de 400.171 kilómetros establecido por la malograda misión Apolo 13 hace más de medio siglo.
Antes de que Artemis II sobrevolara el lado oculto de la Luna, China logró enviar dos sondas a esa región del satélite: la Chang'e 4 en 2019 y la Chang'e 6 en 2024. Esta última recogió muestras y las trajo consigo de vuelta a la Tierra para su estudio.
¿Por qué el renovado interés en la Luna y en particular en su cara oculta? A continuación respondemos estas y otras preguntas.
Oculto, pero no a oscuras
La cara oculta de la Luna es un territorio singular, pues no se puede observar desde la Tierra.
Esta peculiaridad hizo que se creyera que esta zona estaba siempre a oscuras, aunque en realidad recibe tanta luz solar como su contraparte.
No fue sino hasta 1959 cuando la sonda Luna 3, enviada por la extinta Unión Soviética, logró captar las primeras imágenes de la región.
¿Por qué este lado del satélite resulta tan esquivo para nuestros ojos? La explicación está en que tanto la Tierra como la Luna giran sobre su propio eje, pero la Luna tarda en rotar sobre sí misma exactamente el mismo tiempo que en completar una órbita alrededor de la Tierra.
Este fenómeno, conocido como "rotación sincrónica", hace que la Luna siempre nos mire con la misma cara.
La singularidad también hace a que esta zona no lleguen nuestras señales radioeléctricas y, por ello, enviar una nave espacial allí está plagado de riesgos, porque es muy difícil comunicarse con ella.
"Como no podemos comunicarnos directamente con el lado oculto desde la Tierra, otra nave tiene que ponerse en órbita en torno de la Luna para transmitir las órdenes del centro de control y recibir los datos", explicó el profesor Martin Barstow, de la Universidad de Leicester, al diario británico The Guardian con motivo del alunizaje de la segunda sonda china hace casi dos años.