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20 de Mayo,  Jujuy, Argentina
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“Feliz de aprender cada día de mi hijo que tiene autismo”

Alejandra Abade compartió con orgullo la historia de vida de su hijo Tomás Levin que hoy tiene catorce años.
Miércoles, 02 de agosto de 2023 00:59

Una motivación muy especial es la que movilizó el corazón de Alejandra Abade a contar la historia de su hijo Tomás Levin. Un relato conmovedor nutrido de amor y paciencia que hace de ella una madre sensible y empática ante diferentes situaciones.

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Una motivación muy especial es la que movilizó el corazón de Alejandra Abade a contar la historia de su hijo Tomás Levin. Un relato conmovedor nutrido de amor y paciencia que hace de ella una madre sensible y empática ante diferentes situaciones.

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Hace catorce años, llegó al mundo Tomás, un adolescente que ama la vida. "Cuando nació 'Tomy', no veía nada distinto, sólo que al año caminaba en punta de pie. Ese fue el primer signo físico que lo distinguía, después todo fue acorde", inició su relato Abade, la mamá que a pesar de la confianza en el médico, intuía que algo más sucedía. "La psicopedagoga me dijo que tenía señales de autismo. Como mamá una no está preparada para recibir esta información y consulté a especialistas", explicó Abade sobre esta novedad que llegaba a su vida doce años atrás.

Con un apoyo familiar sólido, la búsqueda e investigación para conocer más sobre esta condición la guió hacia un grupo de médicos con el que compartió un vínculo importante. Y con su hijo asistió a sesiones de psicología, terapia ocupacional, fisioterapia, equinoterapia y habilidades sociales para lograr su integración progresiva. Y así pasaron los años, fue diagnosticado con Trastorno Específico del Lenguaje (TEL), luego, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, después calificó para síndrome de Asperger hasta que, finalmente, se determinó que tenía Trastorno del Espectro Autista a los seis años. "Cuando tenés el diagnóstico es liberador conocerlo", sostuvo Abade sin olvidar todo lo que conlleva asistir a una persona con TEA. Así realizó los trámites correspondientes y efectuó el Certificado Único de Discapacidad (CUD). "Hay que tener turno y asistir a la junta médica, donde te hacen preguntas y ahí es donde te cae la ficha. Es desgarrador como mamá tener que atravesar esa parte", dijo.

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La niñez de "Tomy", como le dicen sus amigos, fue complicada en cuanto al sentido de pertenencia con sus pares. Pero, atravesando situaciones, los intentos por mejorar dieron sus frutos. Todo a fin de fortalecer su autoestima. "Me costó horrores darle su espacio, hasta que de repente me dijo: 'Mamá, quiero hacer mis cosas solo'. Y entonces la terapia ocupacional me ayudó. A los papás les digo que los chicos con esta condición no tienen techo. Sorprende cómo crecen", relató. Con amor todo puede ser posible y con las terapias, "Tomy" salió adelante.

Lejos de la soledad con la que miraba el mundo, llegó a ser parte de un grupo a través de las habilidades sociales. "En Desafíos, una institución de apoyo, les enseñaban, por ejemplo, a ir a comprar un helado, que debe entrar, saludar, pedir y sentarse para compartir con los otros chicos", aseguró esta madre que asimiló la condición de su hijo como una enseñanza que la fortaleció día a día.

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De esta manera, Tomás fue entendiendo -a su tiempo- sobre la convivencia en sociedad. Y las personas de su entorno escolar también fueron partícipes de ello. "El 'José Hernández' es bastante inclusivo. Tomás asistió desde jardín a clases con un acompañante terapéutico, un maestro que es Ezequiel, que iba al aula con él y lo ayudaba a vincularse con la maestra y sus compañeros. Con la docente compartía estrategias para el mejor aprendizaje de 'Tomy'", aseguró Abade.

Al no tener una motricidad fina muy desarrollada, se desempeñaba con motivación especial en los exámenes orales. "Nunca sintió que a él sí o a él no. Siempre fue creciendo acorde a lo normal", expresó sobre su hijo, orgullosa ante por lo sucedido en séptimo grado cuando fue abanderado. Y es que debido a su esfuerzo, Tomás se destacó en las calificaciones, pero curiosamente, renunció a la Bandera por un motivo particular.

"Me dijo: 'Yo no necesito que nadie sepa que yo sé'", comentó, estática ante la sorpresa pero que logró comprender lo que su hijo sentía. "Como mamá me dejó tranquila porque me di cuenta de que mi hijo puede decir que no a las cosas que no le hacen bien", explicó esta mamá feliz.