El paisaje de Piedra Quemada, con sus churquis y cardones a la orilla de la laguna Guayatayoc, fue el marco perfecto para una jornada que reafirmó la espiritualidad de la Puna y la fuerza de sus comunidades. En cada niño que adora y en cada adulto que comparte se renueva la fe y la cultura, que permanecen vivas y presentes en los pueblos rurales.
Cabe señalar que tres años más tarde de la primera edición, el encuentro se hizo por primera vez en Piedra Quemada, y precisamente por la vertiente de agua y la sombra generosa de los churquis, el lugar se convirtió en el escenario permanente de este multitudinario evento.