Detrás de cada planta ornamental que se exhibe en el Paseo de las Plantas de la avenida 19 de Abril y en los viveros de Jujuy, hay un trabajo silencioso, paciente y constante que muchas veces está en manos de mujeres que sostienen desde hace años la producción y comercialización.
En la Asociación de Productores de Plantas Ornamentales de Jujuy (Appojuy), integrada en un 50% por mujeres, varias de ellas construyeron su sustento económico a partir de este oficio y hoy, además, transmiten esa experiencia a nuevas generaciones.
En el Día Internacional de la Mujer, las historias de estas productoras permiten conocer un trabajo que muchas veces pasa desapercibido, pero que combina esfuerzo físico, saberes adquiridos con la práctica y una fuerte capacidad de organización.
Esta actividad, que combina paciencia, constancia y dedicación, se transformó para muchas en una herramienta de desarrollo económico y personal. Cerca del 80% de las productoras son cabezas de hogar y lograron mejorar su situación económica, sostener sus casas o hacer estudiar a sus hijos.
"Hay mujeres que comenzaron produciendo en el patio de sus casas y luego fueron creciendo, alquilando pequeños predios o armando infraestructura para mejorar los cultivos. Incluso tenemos productoras de más de 70 años que siguen trabajando porque este oficio les dio una oportunidad cuando el mercado laboral ya no les abría otras puertas", destacó Graciela Sánchez, integrante de la asociación.
Heredar el oficio
Una de las historias que refleja continuidad en el rubro es la de Cintia Alberto, productora de segunda generación que heredó el trabajo de su madre, Rita Elena Choque, una de las pioneras de la actividad en la provincia y fundadora de la asociación.
"Yo empecé ayudándola, como cualquier hija ayuda a su mamá en la casa. Con el tiempo me fui involucrando más hasta que terminé produciendo mis propias plantas", recordó.
Así, lo que comenzó como una colaboración familiar terminó convirtiéndose en un camino propio. Gracias a ese trabajo pudo costear sus estudios y recibirse de profesora mientras continuaba con la producción.
"En un principio fue por una cuestión económica, porque con eso pagaba mis estudios, mis cartillas y el transporte. Hoy también es pasión y una forma de seguir el legado de mi mamá", contó.
Tras el fallecimiento de su madre hace poco más de dos años, la actividad adquirió para ella un significado aún más profundo. "Las plantas que ella dejó las sigo cuidando. No quiero que se me muera ninguna porque siento que se muere una parte de ella", expresó.
Para otras productoras el camino comenzó por necesidad. Carmen Rosa Guevara recordó sus primeros pasos en el Paseo de las Plantas.
"Empecé con dos canastitos y sin saber nada, pero aprendí mirando a los compañeros", contó.
Con el tiempo ese pequeño emprendimiento se convirtió en el principal sostén económico de su hogar. "Gracias a este trabajo hice estudiar a mis hijos y mantuvimos la casa", valoró.
La producción de plantas también la acompañó en momentos personales difíciles. Tal es así que no dudó nunca en dejar su vivero mientras transcurría un tratamiento por una enfermedad grave.
"Seguí trabajando mientras podía. Me ayudó muchísimo, fue como una terapia, es que a veces uno ve una planta florecida y eso le da fuerzas para seguir adelante", compartió.
Proyecto familiar
La historia de Yolanda Rojas está marcada por el trabajo en familia. Junto a su esposo comenzó a cultivar plantas hace casi tres décadas, después de haber probado otros emprendimientos.
"Hace 28 años que nos dedicamos a esto. Antes vendimos ropa, verdura, hicimos distintas cosas, pero con las plantas fue distinto porque realmente nos gustaba", recordó.
Hoy el vivero es el principal ingreso del hogar. Con nueve hijos, el trabajo en la producción y la venta resulta fundamental para sostener la economía familiar.
"Para nosotros es muy importante. De esto vivimos y de esto salen también los estudios de los chicos", explicó.
En su caso, el aprendizaje también fue autodidacta. "Tuvimos que aprender desde cero sobre sustratos, plagas y cuidados", comentó al aclarar que siempre en busca de recursos naturales para no dañar el medioambiente.
Para ella, además, el trabajo tiene un valor personal. "Me hace sentir bien poder colaborar con la economía del hogar. Siempre les enseño a mis hijas que las mujeres debemos trabajar y tener independencia", destacó.
El arte de esperar
Para Graciela Sánchez, el vínculo con las plantas va más allá de la producción. Llegó a este rubro junto a su esposo, el ingeniero agrónomo Gabriel Sánchez, y con el tiempo la actividad se transformó en una verdadera filosofía de vida.
"El trabajo con las plantas te enseña a esperar los ciclos de la naturaleza. Cada brote tiene su tiempo. Aprendés paciencia y también a aceptar los procesos de la vida", reflexionó.
Valoró también que la asociación impulsa en cada exposición capacitaciones para mejorar la comercialización, la atención al cliente y el cuidado ambiental. Y no dejó pasar la oportunidad, al igual que sus colegas, de agradecer a la Municipalidad de San Salvador de Jujuy por haberles otorgado un espacio fijo cada sábado, que les permitió, en los últimos 16 años, reforzar el trabajo colectivo y una mejor recepción de los clientes.
Por último, en el Día Internacional de la Mujer, las productoras coincidieron en un mensaje: animarse a emprender y confiar en las propias capacidades.
"Las mujeres tenemos manos e inteligencia para salir adelante", aportó Carmen Rosa Guevara. "No importa si es con plantas, costura, peluquería o comida. Siempre se puede hacer algo".
Para Sánchez también es importante reconocer el valor del trabajo cotidiano. "Las mujeres somos valiosas, valientes y capaces de hacer muchas cosas a la vez. A veces damos mucho para los demás, pero también es importante reconocer lo que somos capaces de lograr".
Esas historias siguen creciendo día a día. Como las plantas que cultivan, muchas de estas mujeres comenzaron con pequeños brotes y con el tiempo lograron construir un próspero camino.