Han pasado el Carnaval grande y el Carnaval chico. La algarabía desenfrenada de esta fiesta sin igual, quedó sumida al Domingo de tentación, en el mojón junto al diablo bonachón, alegre y divertido que estuvo de jolgorio durante 9 días y 8 noches con las comparsas y entre medio de los carnavaleros.
El Miércoles de ceniza, señala el comienzo de la penitencia cuaresmal y el fin de la actividad carnestolenda. Sin embargo, en la Quebrada y la Puna jujeñas la fiesta continua por cuatro días más, como desafiando al principio cristiano de la abstinencia consagrada en las frentes de los feligreses, mediante la cruz de cenizas que el cura párroco del lugar, realiza tras la misa solemne.
Poco a poco la diversión sin igual, con los excesos propios del periodo carnavalero, va camino a su finalización, hasta el entierro del diablo, que señala el cierre oficial de la gran festividad estival, antes de la Cuaresma.
Entonces, se espera hasta el sábado siguiente para dar inicio y final (en el mismo día o hasta el domingo) a una extensión de la gran fiesta, pero con matices diferentes.
No hay una fecha exacta por la que se establezca el inicio del Carnaval de flores, muchos sitúan el surgimiento de él, a comienzos de los sesenta y en cuanto a su significado, representa la última despedida de la alegría, "con olor a penitencia" y se caracteriza por el uso de flores y pétalos característicos de la flora de cada lugar geográfico de nuestra provincia como así, los insumos propios del carnaval que pasó: papel picado, serpentina, talco y mayormente, acompañada de música autóctona. Como se observa, el Carnaval de flores actúa como el ultimo lazo con la alegría de los nueve días de la semana pasada.
Desde Volcán hasta Humahuaca (en la Quebrada) y desde Abra Pampa a La Quiaca (en la Puna), esta instancia carnavalera adquiere ribetes diferentes, según el pensamiento y la organización que las agrupaciones locales y autóctonas adoptan para ir finalizando la algarabía de la cosecha y la abundancia.
De esta forma, se pueden encontrar actividades privativas de alguna comparsa en forma individual o la congregación de las agrupaciones en un lugar determinado, característico o emblemático, para compartir la fiesta con sentido de mancomunión y siempre el sábado "para poder comer carne" y de allí que se realiza el tradicional asado de carne vacuna y cordero, brindis (con chicha de maní y maíz, saratoga, mistela, y toda clase de bebidas alcohólicas) canto y el baile popular para cerrar la festividad.
Para muchos, el Carnaval de flores es el fin de un ciclo, no solo de agradecimiento a la Pachamama por los dones brindados en este tiempo de cosechas, lluvias y abundancia, sino también, es la despedida de la infinita alegría compartida y el inicio de la calma hasta el año próximo, cuando (nuevamente) regrese el aire del cascabeles, el grito alegre del diablo y el sagrado aroma de la albahaca.
Sin duda alguna que, el nombre, deviene del significado que tiene para los lugareños, el cierre del periodo de las cosechas donde las flores tienen un significado profundo vinculado con la alegría, el amor, la pasión, ascensión espiritual, respeto, amistad, belleza, seducción, optimismo, redención, felicidad, etcétera.
Es por ello que, en esta instancia, se acostumbra a jugar con pétalos de flores: rosas cultivadas y silvestres, claveles, margaritas, sinamomo y la infaltable albahaca. En La Quiaca, las comparsas se juntan para celebrar en La Quiaca Vieja, Sansana y Yavi: desde el mediodía se reúnen para compartir el tradicional asado, se canta y se baila.
Algunos usan (para el juego entre mujeres y varones) la romaza, hasta que en horas de la tarde regresan a la ciudad, para hacer la entrada y finalizar la fiesta en los salones de cada agrupación, aunque, las comparsas tradicionales como la Unión criolla, Flor de haba y Picaflores lo hacen bailando al son de las anatas, ante la mirada y acompañamiento de los vecinos.
En Humahuaca el Carnaval de flores se vive en la comparsa Rosas y claveles, del barrio Santa Rosa y empieza con la convocatoria al asado de confraternidad que se sirve en el tinglado de la misma, el folclore es una característica de esta fiesta y todo culmina con un gran baile hasta el otro día.
De igual manera, se vive en Uquía, donde la festividad es realizada por la comparsa Los corazones de puya puya en el salón de "Los lechugueros" (de la familia Zerpa), allí no falta el asado, la sopa de caldo majado o el guaschalocro.
En esta instancia de diversión, no hay disfrazados, pues el diablo ya descansa en el mojón, todos se conocen y comparten esta última instancia de alegría. Pronto estará entre nosotros, la Semana Santa… (Profesor Luis O. Vega).
Una costumbre que crece y se fortalece
Cada año que transcurre la celebración del Carnaval de flores se acrecienta no sólo porque convoca a mayor cantidad de participantes, sino también son más los días en que se festeja; en algunos poblados de la Quebrada es desde el viernes hasta el domingo después del Carnaval chico.
Volcán y Tumbaya se caracterizan en la zona sur de la región por las celebraciones que organizan sus comparsas, murgas y agrupaciones; y en el extremo norte, se destacan Uquía y San Roque (Humahuaca); aunque también hay invitaciones en San Pedrito (Maimará) y Juella (Tilcara).
En las dos primeras localidades los disfrazados están presentes en todo momento, sucede que entre el sábado y domingo las comparsas recién entierran al carnaval, no así en Uquía y San Roque donde el diablo carnavalero fue despedido en el Domingo de tentación.
Pero las costumbres son las mismas y en cada pueblo está garantizado el festejo del Carnaval de flores.