23°
9 de Marzo,  Jujuy, Argentina
PUBLICIDAD

“Parque Lezama” llegó a Netflix con sello argentino

La película de Juan José Campanella se estrenó globalmente el 6 de marzo. Se verá en 190 países. Eduardo Blanco, uno de sus protagonistas, reflexionó sobre el paso del teatro al cine.
Lunes, 09 de marzo de 2026 08:48
LA PELÍCULA | ADAPTA LA EXITOSA OBRA TEATRAL HOMÓNIMA, INSPIRADA EN “I’M NOT RAPPAPORT”.

La llegada de “Parque Lezama” a Netflix marca un nuevo paso en la proyección internacional del cine argentino. En una entrevista con el streaming de El Tribuno de Jujuy, uno de sus protagonistas, Eduardo Blanco, reflexionó sobre el proceso de trasladar la historia del teatro al cine y sobre el desafío de que una historia profundamente local logre emocionar a espectadores de todo el mundo. Dirigida por Juan José Campanella y protagonizada también por Luis Brandoni, la película adapta la exitosa obra teatral homónima -inspirada en “I’m Not Rappaport”, del dramaturgo estadounidense Herb Gardner- y ya puede verse en la plataforma en más de 190 países.

Antes de su llegada al catálogo global, el film tuvo una proyección especial en el Teatro Politeama de Buenos Aires, donde Campanella, Brandoni y Blanco se reunieron junto al resto del elenco y distintas figuras del ámbito cultural para compartir la película en pantalla grande. Pero más allá de la presentación, el verdadero desafío comenzó con su distribución internacional: comprobar si una historia ambientada en un banco de plaza porteño puede resonar en espectadores de culturas muy diferentes.

En diálogo con el streaming de El Tribuno de Jujuy, Eduardo Blanco explicó el complejo proceso de trasladar al cine un personaje que había construido durante más de una década en el escenario. Antonio Cardozo -el personaje que interpreta- es un hombre de 85 años al que comenzó a encarnar cuando tenía apenas 55. “En el teatro no tenía maquillaje. Todo era composición corporal, trabajo vocal y algunos acentos que ayudaban a que el público viera a un señor de 85 años”, señaló el actor. Aquella construcción incluía rasgos inspirados en su padre y su abuelo, además de una vulnerabilidad que surgía de observar el deterioro físico que puede provocar el paso del tiempo. El traslado al cine generó dudas iniciales. Con el maquillaje resolviendo la edad del personaje, Blanco temía que la interpretación que había desarrollado en el teatro resultara excesiva frente a la cámara. “Yo quería limar bastante lo que hacía en teatro”, reconoció. Sin embargo, Campanella lo convenció de mantener gran parte de esa composición. “Me pidió que apenas lo bajara un poco. Me dejé llevar y creo que él acertó”, comentó.

El resultado fue una actuación que conserva la esencia del personaje original, pero adaptada al lenguaje cinematográfico, donde los gestos mínimos adquieren mayor importancia. Otro cambio significativo fue el escenario. Mientras que en la versión teatral el parque era una escenografía, la película se rodó en el auténtico Parque Lezama. Para Blanco, ese detalle aportó una dimensión más realista a la historia. “Estar en el parque real te acerca mucho más a la realidad. Estos dos personajes podrían estar sentados en cualquier banco de cualquier parque del mundo”, explicó.

El rodaje se llevó a cabo durante el otoño para respetar la atmósfera de la historia. Las jornadas incluyeron largas horas de preparación: tres horas de maquillaje antes de comenzar a filmar y cerca de una hora para retirarlo al finalizar cada día, además de trabajar a la intemperie y sin resguardo frente a las condiciones climáticas.

EDUARDO BLANCO | CONVERSÓ CON EL STREAMING DE NUESTRO MEDIO.

La película relata la amistad entre dos hombres muy distintos: León Schwartz, un militante comunista cargado de anécdotas heroicas, y Antonio Cardozo, un hombre más pragmático y reservado. Desde un banco del parque, ambos comparten conversaciones llenas de humor, ternura y reflexión mientras enfrentan conflictos familiares, diferencias ideológicas y situaciones cotidianas. Tras más de 1300 funciones teatrales compartidas, la relación actoral entre Blanco y Brandoni ya estaba profundamente consolidada. “No es que lo hagamos de taquito, pero sí hay una confianza enorme”, explicó Blanco. “Es como en el fútbol: cuando jugás con alguien que siempre te tira la pelota al pie”. Esa complicidad se trasladó naturalmente al rodaje. A diferencia del teatro -donde el director participa principalmente durante los ensayos-, en el cine Campanella acompañó cada momento del proceso creativo. “Es un director que ama a los actores y sabe pedir lo que quiere. Eso facilita muchísimo el trabajo”, aseguró Blanco. La distribución global de la película abre también interrogantes sobre la recepción internacional de una historia tan ligada a la cultura argentina.

El actor recordó una experiencia con “Luna de Avellaneda”, también dirigida por Campanella, cuando espectadores coreanos en una base de la Antártida se emocionaron con una trama centrada en un club de barrio. “Cuando terminó la película dijeron: ‘Igual que en Corea’. Eso demuestra que las historias humanas atraviesan cualquier frontera cultural”, relató. Esa es también la expectativa con “Parque Lezama”. Más allá de las referencias locales, la película aborda temas universales: la amistad, el paso del tiempo, la necesidad de ser escuchado y la posibilidad de reinventarse en cualquier etapa de la vida. Para Blanco, la versión cinematográfica representa además una forma de preservar la obra en el tiempo.

“El teatro sucede y termina. El cine queda para siempre”, reflexionó. Consultado sobre el mensaje que la película puede transmitir a nuevas generaciones que la descubrirán a través del streaming, el actor sintetizó su mirada en una frase contundente: “La vida termina cuando termina la vida, ni un minuto antes”. En un contexto marcado por el vértigo cotidiano, la película propone detenerse, escuchar y recordar que siempre es posible volver a conectar con lo esencial.

“Si estás adormecido por las urgencias, la historia te dice: acordate que estás vivo”, concluyó. Producida por la compañía 100 Bares, fundada por Campanella, la película se suma al catálogo internacional con una propuesta que combina humor, emoción y humanidad. En torno a un simple banco de plaza, “Parque Lezama” construye una historia sobre la identidad, la amistad y la vitalidad que persiste incluso en los últimos tramos de la vida.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD