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Tener alma de proa, el legado de Ricardo Güiraldes

Descubrir la función que cada quien en la Gran Arquitectura Universal.
Miércoles, 11 de febrero de 2026 00:00
RICARDO GÜIRALDES | 140 AÑOS DE SU NACIMIENTO Y UN SIGLO DE LA PRIMERA EDICIÓN DE “DON SEGUNDO SOMBRA”.

Ahora que se cumplen (el 13 de febrero) 140 años del nacimiento del escritor Ricardo Güiraldes y un siglo de la primera edición de su texto más conocido, "Don segundo Sombra", tiene sentido especial destacar una serie de aspectos, casi ocultos, de su vida que, a mi juicio, representan su real y trascendente legado. Así, por ejemplo, "Don Segundo Sombra" siempre fue considerada una "novela gauchesca" lo que si bien no deja de ser correcto restringe su aspecto trascendente que es el de tratarse de la historia de dos personajes que encarnan, a la perfección, (Güiraldes no desconocía el tema) dos de los arquetipos descriptos por el sabio Carl Gustav Jung (1875/1961) al referirse a lo Inconsciente Colectivo.

En efecto, ante todo señalar que el verdadero protagonista de la novela no es Don Segundo Sombra sino Fabio Cáceres, El Reserito. Este último representa al Arquetipo del Héroe Solar y Don segundo al Arquetipo del Anciano Sabio. Lo que a cada uno de ellos le va sucediendo simboliza el grado de desarrollo de dichos arquetipos. Y el fracaso del recorrido, pues Don Segundo habiendo dado todos sus conocimientos y saberes a El Reserito no consigue -con ello- que éste inicie una vida donde su desarrollo psíquico alcance la adultez. De allí, la frase con la que concluye la obra "Me fui, como quien se desangra". Fabio regresa a "las casas"; al lugar conocido. No hace lo que se espera del Héroe Solar que es la puesta en cotidianeidad de su capacidad para explorar, recorrer nuevos y desconocidos rumbos, transitar posibilidades valiosas.

Hasta puede decirse que, mediante el relato de lo ocurrido a este hombre y el joven que lo acompaña, Güiraldes fue capaz de señalar el reiterado tema del desencuentro siempre presente en la historia de la Argentina.

Mucho se ha hablado de los viajes de Güiraldes a Francia y su vida en París. Lo que no se ha subrayado es cuáles fueron sus intereses: asistir a conferencia de maestros hindúes, reuniones de teosofía y asuntos similares.

En búsqueda de respuestas sobre temas trascendentes -que es lo que en verdad le interesaba- concretó un extenso itinerario -bastante complejo para aquellos tiempos- que lo llevaron a recorrer China, Japón, India, Ceilán, Rusia y Egipto, pasando también por Italia, Grecia y Constantinopla.

En 1912 regresó a la Argentina profundamente transformado y con inquietudes espirituales cada vez más notorias.

ANTONIO LAS HERAS | Y UN EXHAUSTIVO ANÁLISIS SOBRE EL LEGADO DEL ESCRITOR.

Para la época en que concluía la Primera Guerra Mundial, concentró su atención en el libro "El Raja Yoga" del Yogi Ramacharaka. Esta lectura le permitió contar con más elementos para profundizar su interés en el universo espiritual de la India mística.

Las diferentes apreciaciones sobre su evolución espiritual, las búsquedas en temas que se encuentran más allá de lo que puede llamarse "la vida normal" de las personas, fue dejándolas por escrito en lo que podría ser considerado un diario personal. Frases, reflexiones, anotaciones, copias breves de textos de cuestiones espirituales. Algo personal. De su propia atención.

Empero, su viuda Adelina del Carril, comprendió la importancia de lo que esas páginas albergan e hizo que lo publicaran con el título "El Sendero" con el subtítulo "Notas sobre mi evolución espiritualista en vista de un futuro". íNo pudo ser más acertada esa decisión! Merced a esto conocemos al más auténtico Ricardo Güiraldes quien fuera una persona que utilizó todas las posibilidades que tuvo a su alcance para indagar en lo espiritual, lo trascendente, intentar arrojar luz en la real naturaleza de la condición humana que no concluye con la muerte sino que se transforma.

"El Sendero" será lectura de valía para todo aquel que también se encuentre interesado por estas indagaciones, poco frecuentes en una Humanidad que -hoy por hoy- se desarrolla en el ámbito del materialismo consumista.

Hay una frase que es clave. Y que yo no he dudado en entender como el legado superlativo de Ricardo Güiraldes, cuando escribe en ese cuaderno: "Tener alma de proa". De eso se trata. Esa es la raíz y esencia de lo que define a la especie humana. En cualquier momento de la vida utilizar la capacidad innata que hay en nosotros para levantar la vista, ver un nuevo horizonte y decirse: "Allí no conozco. Eso me interesa. Allí me dirigiré". Y, por supuesto, con esta metáfora no estoy refiriéndome a recorrer la geografía terrestre (sin descartarlo, por cierto) sino poner la proa en aquellas búsquedas de evolución psíquica, espiritual, descubrir cuál es la función y lugar que cada quien tiene asignada en la Gran Arquitectura Universal.

"Tener alma de proa" implica no confundir la edad cronológica con la edad psíquica. A cualquier edad cronológica, cada persona, puede seguir evolucionando, abriéndose a nuevas dimensiones intuidas, a explorar esencias personales que -por uno u otro motivo- han quedado postergadas. Hasta adentrarse en lo desconocido. Como ya lo indicara C. G. Jung en lo que denominó "el Sendero de Individuación" (lo que convierte a la persona en única e irrepetible), tal evolución continúa aún después que la persona haya desencarnado.

Güiraldes dejó unas líneas al respecto. En "El sendero" leemos, con fecha 6 de octubre de 1927, un día antes de que dejara este plano, las siguientes palabras, como una especie de corolario a su existencia: "¿He tenido el más débil vislumbre de lo que se llamaría éxtasis? Sí".

Entendiendo por "éxtasis" el haber comprobado que la condición humana es algo, aún indefinible, que permanece vigente tras ese hecho que llamamos "muerte". Un tránsito, una transformación; pero nunca un final.

(*) Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, filósofo, historiador y escritor. "Las búsquedas espirituales de Ricardo Güiraldes y otros escritos sobre escritores y escrituras", es uno de sus recientes libros. Correo electrónico [email protected].

 

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