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Alto Calilegua

Miércoles, 04 de febrero de 2026 00:00

Quiero dedicar este trabajo (de alguna manera hay que llamarlo) a la memoria de un amigo: Francisco Paco Solana, aviador civil y montañés de alma. Él supo guiarnos por las altas estribaciones de la Yunga Jujeña hasta alcanzar la cumbre del Cerro Amarillo (3646 metros sobre el nivel del mar).

Para entonces y junto con los amigos: Mario Bosio, Lito Ortíz Alfredo Ureta y otros, integrábamos lo que supo ser el Club Andino de Jujuy, institución que con nombres como Guillermo Poma, Jaime Miranda, Alfredo Assef, y otros junto al nombrado Paco Solana, supo llevar la actividad del montañismo deportivo jujeño, fuera de nuestras fronteras provinciales y nacionales. Debo admitir -nobleza obliga- que estas líneas dando sustento a Alto Calilegua son en parte un plagio a mí mismo de otro similar que, en la edición del domingo 22 de noviembre de 1981 el recordado Néstor Groppa, me publicara en su página literaria de diario Pregón.

Si como dijera el poeta platense, David Lagmanovich: "El tiempo ha devorado lo que quedaba de tiempo...", digamos que, solo en parte es así porqué además, "Todo pasa y todo queda...", según Antonio Machado que dice que el tiempo también, se encarga de preservar todo aquello que amerita ser recordado. Privilegios que nos concede nunca mejor dicho la buena y selectiva memoria. Porque haber llegado hasta el pueblo de Alto Calilegua, es un privilegio ya que no son, ni han sido muchos los viajeros que, salvo los lugareños, lograron pisar la breve y alta porción de meseta inclinada que abarca esta muestra gratis, de un paraíso terrenal casi deshabitado. Y digo casi deshabitado porqué hace unos pocos días y viendo por canal Youtube, el video "La última mujer de Alto Calilegua" realizado por la periodista Camila Ibarra al entrevistar a la señora Betty Salazar y a su marido Tito Flores quien supiera ser agente sanitario del departamento Valle Grande. Escuché su muy triste testimonio y los incontrastables motivos que indujeron a que, uno a uno sus habitantes, se fueran yendo hacia las tierras bajas buscando mejores condiciones de vida.

Dicho esto, volvamos a 1981. Los números de entonces indicaban que el conglomerado y aledaños, estaba constituido por setenta y dos viviendas y su población: cincuenta y siete mujeres y treinta y ocho varones. Ocurre que para entonces, durante el período de zafra en Ingenio Ledesma y hasta que llegó la "cosechadora integral doble" dando origen a la cosecha mecanizada, se requería del esfuerzo humano de los peladores de caña. De ahí la desproporción entre habitantes de dicha población. Otro motivo importante para la diáspora que, como el castigo de la gota de agua, progresivamente fue haciendo desaparecer todo vestigio de permanencia humana, fue la creación del Parque Nacional Calilegua (1979). Esto hizo que los lugareños que, en épocas de invernada, llevaban sus distintos tipos de hacienda a tierras más bajas aprovechando así, las pasturas naturales de invierno, tuvieran que procurarse lugares más lejanos para la preservación del buen estado corporal de sus animales.

Las zonas del poniente que corresponden al Departamento Valle Grande: San Lucas y Santa Ana por ejemplo, vieron llegar a estos trashumantes del alto y a algunos, a terminar aquerenciándose en dichas comarcas tal como ocurrió con el para entonces recién creado, pueblo de San Francisco de Valle Grande.

Estos y otros motivos menores indudablemente, se hicieron con la virtual desaparición de Alto Calilegua. Lo que queda: el caserío, el Puesto de Salud, el Registro Civil, la Escuela Albergue, el Puesto Policial, la Capilla, todo es ruinas. Pircas desperdigadas finalmente, mudos testigos de tiempos mejores. Algo que no podré olvidar jamás es que a más del molino comunitario, una construcción de dos plantas se destacaba del resto del caserío. El motivo de su disruptiva presencia allí y a tales alturas da pie a más de una disgregación que, omitiré aquí.

Su clima es benigno en gran parte del año y no se percibe indicios de puna. Una agricultura de subsistencia variada para entonces, les permitía obtener generosas cosechas de papa y maíz cultivos que probablemente y según el historiador y sacerdote Miguel Ángel Vergara en su libro, "Orígenes de Jujuy" (1535-1600) cita como posibles habitantes, a los Churumatas quienes habitaban el denominado Chaco Gualamba, y quienes ya practicarían la agricultura. Un amigo de entonces, residente en San Salvador de Jujuy aunque nativo de los Valles Centrales de Bolivia, me supo poner en contacto con el maestro Gregorio Cruz quien, entre los años 1950 a 1953 fuera docente de la escuela N° 130 de Alto Calilegua. El hombre, merced a testimonios de ancianos quienes decían ser bisnietos de los primeros pobladores del lugar y estos a su vez, descendientes de cuatro familias provenientes del Departamento de Humahuaca, a mediados del siglo XIX. Aquí y una vez más, se cumple el pensamiento precolombino, Runa Allpa Kamaska (el hombre es tierra que anda). Otro señor, también supo referirme que cerca del cementerio comunal, a un lado de la capilla se ubicaban los restos de primitivos asentamientos indígenas y que en 1952 llegaron al lugar un grupo de arqueólogos ingleses y él, fue testigo como estos luego de excavar y desenterrar urnas funerarias, vasijas y demás elementos utilitarios, los que iban trasvasando a unos envases a prueba de golpes.

Una vez que, estos abajeños dieron por terminada su tarea, se marcharon como llegaron, es decir un típico, "si te he visto no me acuerdo". Y ahora, un espacio para las leyendas, siempre y gracias a los aportes del maestro Cruz, en la cumbre del ya mencionado Cerro Amarillo se ubicaba una enorme campana que en tiempo de los Sacerdotes Jesuitas asentados en la hoy, "Sala Vieja de Calilegua" era tañida insistentemente, toda vez que una recua de mulas ya bajaba hasta el actual Valle de San Francisco, con una carga de minerales extraídos de los socavones, con el fin de transportarlos hasta la fundición que ellos, poseían en las inmediaciones. Dicha carga, lejos de tratarse de oro era mineral de cobre, necesario junto con otras aleaciones, para la obtención del bronce. De ese material posiblemente fuese construida, la campana de cumbre y esto a su vez, un testimonio que nos da cuenta de una proto industria lugareña.

La verdad que al hacer cumbre en el Cerro Amarillo en aquel ya lejano 1981, no hemos visto nada parecido a una campana, a más de su correspondiente cruz de madera y un Libro de Cumbre, bien protegido por una caseta hecha de pircas.

Y ahora, la leyenda: se dice que debido a un temblor cayó un fragmento de la cumbre arrastrando en su caída a dicha campana, la cual, se hallaría semi enterrada en las laderas del dicho cerro. Asimismo, y esto, ya me lo supo referir la señora Saracho, vecina de Campo Colorado, quien, tanto de ida como de regreso, tuvo la amabilidad de darnos refugio en su casa. Al respecto, comentó que antiguamente y hasta antes de dicho movimiento telúrico, la campana era tañida constantemente por el viento de la cumbre. Como comentario final diré que, tanto la vez que fuimos a trepar el Cerro Hermoso, como la anterior que nos llegamos de paso con el fin de procurar la cumbre del Cerro Amarillo, el dueño de casa, señor Saracho de origen catamarqueño, se hallaba ausente ya que como tantos, se encontraba trabajando en la zafra azucarera. Dicha ausencia temporal, me inspiró para componer "Baguala de Alto Calilegua" la cual y toda vez que mi amiga, la escritora santiagueña - ledesmense Nancy Olivera, me invita a algún acto literario en su Libertador General San Martín, no me privo de entonarla: "... Salgo al camino por vos.../salgo al camino por vos/ y en el Alto I'Calilegua / queda el anhelo de vos...".-

 

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