A Gandhi se le adjudica la sentencia que señalaba que la India era un país muy pobre como para darse el lujo de no promover la ciencia.
Hoy ese país es una de las primeras seis economías del mundo, entre otros motivos, por su desarrollo científico y tecnológico. Particularmente han logrado grandes avances y se destacan en informática, química, medicina, farmacéutica y energía nuclear.
Es una potencia en metalurgia. En estos días se abrió un debate en la Argentina, porque, precisamente, grupos indios habrían ganado una licitación para la provisión de caños especiales para gasoductos.
Desde ya, hay que apuntar que en el caso particular de la India este crecimiento se ha concentrado en sectores que no generan muchos puestos laborales, la distribución de la riqueza es totalmente asimétrica, y la pobreza es de las mas notorias del mundo. De todos modos, la apuesta al desarrollo científico la ha posicionado ventajosamente es ese aspecto.
A esta altura de los acontecimientos esta claro que en todos los desarrollos tecnológicos de los que podemos disfrutar, desde la telefonía celular hasta los complejos equipos médicos, desde los satélites hasta las técnicas agropecuarias, en todos los procesos o en algunos puntos críticos, la fuerte inversión de los Estados estuvo presente y de otro modo no se habrían logrado los objetivos.
Por el momento, en la Argentina caminamos en sentido contrario. El impulso a la especulación financiera, la desindustrialización, la primarización de la producción, el extractivismo, la precarización de la educación y la salud públicas, se acompañan con fuertes retrocesos en el sistema científico y tecnológico.
Después de un extenso proceso de consulta a distintos sectores, en todo el país, en 2023, el Congreso nacional aprobó, por unanimidad, la Ley 27.738 del "Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2030" como política de Estado.
El actual Poder Ejecutivo sostiene que posee otro plan y en función de ello, a principios del presente año, desde la Jefatura de Gabinete se instruyó a la Secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología, para que evalúe programas que estuvieran en marcha y no coincidieran con esos supuestos objetivos y que, como consecuencia, disponga su cierre y, eventualmente, rescinda convenios.
De acuerdo a la Mesa Federal de Ciencia y Técnica, un espacio diverso de organizaciones y personalidades que coinciden en la importancia que posee el sector para el futuro del país los programas que pueden anularse son críticos.
Entre otros señalan proyectos como a) "Construir Ciencia" y "Equipar Ciencia", destinados al fortalecimiento de las capacidades de ciencia y tecnología mediante infraestructura y equipamiento; b) "Impactar", con la finalidad de responder a demandas de municipios; c) "Raíces", orientado a la repatriación de científicos argentinos que viven en el extranjero; d) "Poblar", repositorio de datos genéticos con amplias aplicaciones en salud; e) Grandes instalaciones e instrumentos, que permitió la incorporación y gestión de equipamientos e infraestructura de alto costo monetario pero necesarios para distintas ramas de la ciencia y la tecnología. En síntesis, retirar al Estado de la inversión, cuando es irremplazable.
Las universidades, el Inta, el Inti, la Conea, la Conae, el Conicet, etc., todos centros significativos del crecimiento científico argentino, requieren una recuperación del financiamiento.
El sistema científico tecnológico argentino se ha destacado desde siempre a nivel mundial, incluyendo notables premios Nobel. Durante la pandemia quedó evidenciado por el rápido desarrollo de tratamientos médicos, instrumental, sistemas de diagnóstico y vacunas.
Esperemos que se recapacite y retomemos el camino correcto.