"Casita Campestre" es el nuevo CD de Walter Avalos, que se presentará el próximo sábado a las 21 en el Salón Municipal de Tilcara. Para conocer su propuesta conversamos con el músico que se proyecta como representante del sonido de los valles orientales.
Cuenta que el nombre de la placa es el de un tema del disco "porque me parece que nos representa esa costumbre de wayar las casas, esas wayadas de paja que se suman al barro y a la piedra. Es algo que aprendí a hacer con mi padre, pero que aprecio más ahora a la distancia. Son techos bien cocidos con tientos donde no pasa el agua y es muy térmico."
Son cosas que sabe que se van perdiendo reemplazadas por la chapa, "y la inspiración nació un poco por querer describirlas. Allí el paisano siempre tiene la casa principal en la zona alta y el puesto en la baja, donde va en invierno. Pero en este segundo disco no sólo pongo cosas de los valles sino también de Tilcara como una cueca quebradeña que hace a mi doble identidad. Hay huaynos y también cosas del campo, de mi Molulo natal."
De allí recuerda los toques tradicionales de "erquencho, corneta y anata, sikuriada y mucha copla en carnaval que nos va nutriendo desde chico. Por ahí hay poca quena y un sonido más ligado al Chaco, una cultura gauchesca en la que tiran más las zambas, chacareras, las chaqueñadas que allá pegan mucho. Letras que hablan del campesino criador de vacas, de haciendas, del ser ágil con el lazo, con el caballo."
Su camino con la música se remonta de un recuerdo de los 6 años cuando el padre le regala su primer erquencho. "Después me vine a Tilcara, pero ya lo vallisto lo llevaba en la sangre. Hay una tradición que dice que cuando uno nace hay que ponerle al chico lo que uno quiere que sea cuando grande, y mi papá me contaba que lo primero que ha hecho cuando nací fue ponerme un acordeón."
Luego vienen los recuerdos de aquellos Eneros Tilcareños cuando los Changos del Huayco jugaban como protagonistas, allá por los "80. "Yo los miraba de chango y decía que quería ser quenero de los Changos del Huayco. El lugar para meterme con mi quenita eran los pesebres, y a los 10 años ya se paraban para dejarme tocar solo."
En la secundaria forma su primer grupo: Los Fiscaras, tiempos en que competían con los changos de Maimará para ver quien sacaba el mejor sonido. Entonces su encuentro con Rodolfo Altamirando, y nace el grupo Los Mollal hasta que termina sus estudios y parte a Jujuy. A su regreso nacen las primeras composiciones, estudia música, y profundiza en su pasión por los sonidos de los valles.
En base a su tesina para recibirse de Promotor Socio Musical, nace el documental Davueltando, una obra insustituible para conocer la cultura de las tierras altas. Su primer disco es del 2011, con canciones propias así como Casita Campestre "donde se manifiesta el sonido de los valles, la caja y la copla vallista, esos gustos musicales que no se parecen a lo que se hace en la Quebrada."
Walter Avalos nota que "la gente del campo se identifica con sus letras y su música, como “algo que hacía falta”. “Había otros cantores en ese estilo pero que nunca grabaron, y así el año pasado terminé este segundo disco que presentamos para el día de la música, San Cecilia”, dice.
Nos habla de "un muy buen coplero, Quintín Arias, y José Ávalos, que zapatea el malambo con espuelas, lo que no se ve mucho. Dominguito Sajama va a tocar el erquencho, René y Angélica Machaca para que canten coplas y mi padre, Fernando Avalos, que me acompaña con la corneta. También va a estar el Chango Maral con poesía”.
En la banda que lo acompaña están Carlos Campos, guitarrista quiaqueño, Daniel Pascual, tucumano en segunda guitarra, Daniel Fernández en bajo, Abel Zumbaino en batería, Julio Quipildor en violín e Italo Ramos en charango.