Ricardo Antonio Rivero, “Ricky” o más conocido por sus amigos y vecinos como “Maka”, es un diácono de 31 años, que luego de un proceso de formación y crecimiento espiritual y personal, este sábado a las 10 será ordenado como sacerdote en la capilla Virgen de Lourdes de Campo Verde, el barrio al que llegó a los cinco años con su mamá y su hermana mayor.
“Todo lo puedo en Aquel que me fortalece”, es el lema que eligió para su ordenación; inspirado en la carta de Pablo a los cristianos de Filipo. “Así es como me siento hoy y profundicé en esta frase que para mí refleja la gratitud que siento hacia Dios, hacia la Iglesia y hacia toda la comunidad con quien he compartido mi vida y me han visto crecer en la fe, todo lo que soy es gracias al Seminario, a Dios, a mi familia y a la Iglesia de Jujuy, por eso siento que me debo a todos ellos”, explicó humildemente.
Sencillo, alegre y bondadoso, así es “Maka”, dicen sus amigos. Cuyo apodo fue elegido por ellos mismos cuando eran niños, allá por el ’90 durante el Mundial Italia, cuando el jugador camerunés Cyril Makanaky cobró trascendencia. “Me encanta jugar al fútbol, y no es que sea muy bueno -se ríe Ricardo-, pero sí corro mucho y eso me llena de energía. Ya desde chiquito me la pasaba en la cancha y alguno en aquel entonces se le ocurrió que me parecía a Makanaky y de ahí me quedó el apodo”, contó el joven diácono con gran claridad de los recuerdos.
Actualmente, Ricardo se desempeña en la parroquia Santa Clara de Asís de Santa Clara y vicaría Virgen del Valle de Palma Sola. Allí fue después de terminar sus estudios en el Seminario Mayor “Pedro Ortíz de Zárate” en 2010, luego de vivir su primera experiencia “full time” en la parroquia San Andrés Apóstol de San Pedro.
La familia de Ricardo está compuesta por su madre, Onofra Cruz, oriunda de Muyayoc, su hermana mayor Laura y su hermana menor Gabriela.
Asistió a la Escuela Nº 10 “General José de San Martín” del barrio homónimo, a la guardería “Santa Rita” de barrio Belgrano y empezó la secundaria en la Escuela Técnica, luego se cambió y terminó sus estudios en el Colegio Nº 3 “Éxodo Jujeño” y desde que tomó su primera comunión se involucró activamente en las actividades de la capilla de Lourdes.
“En el barrio me conocen y yo conozco bien el barrio, porque como diría mamá siempre fui bien "pata y perro’, me encantaba salir a jugar a la pelota, cuando me hice más grande participaba de las olimpiadas de verano, durante la semana iba la escuela y los fines de semana estaba en la parroquia”, narró el joven.
“Una cosa me llevó a la otra, mi curiosidad por la Iglesia empezó cuando un amigo que vive cerca de casa, Hugo Moreno, hizo su confirmación y porque mi prima Mariana Flores, me insistía mucho con que hiciera la catequesis. Así tomé la comunión, hice la confirmación como a los 14 años y después fui catequista y coordinador de una comunidad misionera”, recordó.
Con el padre Marcelo
Al terminar el seminario, Ricardo estuvo en el Obispado, donde tuvo la oportunidad de compartir todo un año con el obispo Marcelo Palentini. “En aquel entonces el padre Marcelo quería que estuviéramos en el Obispado para conocer el movimiento administrativo de la Iglesia y para recorrer junto a él su peregrinación”, comenzó a recordar el joven.
Monseñor Palentini “era un pastor de tiempo completo”, dijo Ricardo, y relató que “fue muy especial la experiencia porque algunas veces nos tocaba hacer de guardaespaldas, otras veces de asistentes en las charlas, y otras veces de ministros en las celebraciones. Los que pudimos convivir con él tenemos una grata y confortante imagen”.