Por Matilde Fierro, enviada especial.
El Papa Francisco realizó este lunes una sorpresiva pasada alrededor de la catedral de Río de Janeiro, donde se encontraban todos los argentinos que participaron de una misa celebrada por unos 27 obispos de la Argentina, en el marco de la visita del Santo Padre al Brasil.
El excardenal Jorge Mario Bergoglio, que llegó a la ciudad carioca para presidir la XVIII Jornada Mundial de la Juventud, se salió del programa y pasó frente a los argentinos que lo aguardaban en la catedral, aunque no presidió la misa como se algunos se habían esperanzado.
Unos 27 obispos, entre ellos José María Arancedo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, y sacerdotes de distintas diosesis del país celebraron una misa en la Catedral de Río de Janeiro. Uno de los coordinadores comentó: "El Papa está con deseos de encontrarse con nosotros. Posiblemente sea este jueves, más allá de la agenda".
A Su Santidad se lo vio alegre, rejuvenecido y no pudo resistir salir a buscar a los argentinos reunidos en la Catedral de Rio. Durante la homilía, habló Vicente Bokalic, obispo auxiliar de Bueos Aires, quien tomó el lema de la Jornada Mundial de la Juventud, "Vayan y hagan discípulos a todas las naciones" y expresó: "Como dijo el Papa Francisco hay que salir y abandonar la comodidad de nuestros hogares".
"Intentar nuevos caminos hacia tantos que no conocen a Dios, pero buscan el amor. No podemos ser discípulos de Jesús si no somos misioneros", indicó. El contingente más grande de jóvenes argentinos corresponde a la diócesis de Buenos Aires.
Unos 400 fieles llegaron tras un prolongado viaje desde la catedral metropolitana de Capital Federal hasta la terminal de Rio Novo que duró 55 horas, mientras que otros grupos arribaron de distintas diócesis de la Argentina por avión.
Guatemala, El Salvador, y Colombia conviven con los argentinos porque la ciudad ha sido dividida en distintos sectores para alojar y atender a los peregrinos según el idioma: español, inglés, alemán.
Los latinoamericanos han coincidido en el Santuario de Nuestra Señora de Loreto en Ladeira de Freguesia 375 asistidos por algunos de los mil voluntarios que deambulan por los centros de concentración de visitantes y distribuyeron a centenares de argentinos en casas de familia.
Sin bañarse durante tres días, con banderas, remeras que los identifican y muchos sacerdotes jóvenes, la mayoría intentó ponerle fuerza y ánimo a la situación, que no fue fácil.
En el trayecto del viaje en ómnibus de Buenos Aires a Río se celebraron dos misas de campañas en lugares improvisados bajo el cielo nocturno brasileño, lo que contribuyó a levantar el espíritu y renovar la fe.
Ahora en Río, las inquietudes creció y la mirada está puesta en Francisco. El padre Gustavo Borelli, párroco de Santa Elisa en el barrio de Constitución que trae jóvenes becados y oficia de coordinador, fue ordenado sacerdote por Bergoglio en 2009.
"Una vez por año iba a hablar con él. Era el pastor de Buenos Aires con una personalidad muy cercana. Involucrado. Una vez nos dijos: sean misioneros revoltosos , una frase de su creación", explicó a Noticias Argentinas.
"También nos animó: no se cansen de ser misericordiosos. Una vez alguien me definió al papa Francisco: escucha el doble de lo que habla, pero entiende el doble de lo que escucha. En el diálogo pasaba largos segundos en silencio", recordó este sacerdote de 36 años, nacido en Barracas que cumplió años en pleno viaje a Río.
El joven presbítero resume la opinión de varios: "Es el papa de todos. Es un referente mundial, más no sólo de los católicos, sino de las otras religiones y de los no creyentes".
"Me gustaría decir que tengo la experiencia como Iglesia latinoamericana y universal del encuentro y comunión con la alegría que todos tenemos, en Río por la elección de Francisco y en las apetencias, estar lo más cerquita posible de él".
La Catedral de Río rebosaba y no se sabía si son 30 mil o más los peregrinos porque las jornadas en rigor comenzarán mañana, cuando habrá mayor afluencia de visitantes.
Los cantos, redobles de tambores, guitarras y las palabras que representan nacionalidades se mezclan en Río, una ciudad que pocos saben que es un parque nacional dueño de una impresionante "foresta".