Humahuaca se consolidó, una vez más, como el corazón del calendario festivo en la Quebrada de Jujuy. Este domingo, marca el adiós del carnaval, el pueblo se llenó de color y sentimiento. Los diablos, con pasos lentos y gestos exagerados de dolor, se mezclaron entre la multitud para dar inicio al simbólico "entierro". Sus "lamentos" resonaron en las históricas calles mientras las comparsas realizaban el último recorrido, dando paso a la melancolía del final de la fiesta.
El momento central del ritual se cumplió al llegar a un pozo cavado en la tierra, la representación de la boca de la Pachamama. Allí, uno a uno, depositaron sus ofrendas: serpentinas, ramas de albahaca, botellas de chicha, cigarrillos y hojas de coca. Todo fue devuelto a la Madre Tierra, sellando el ciclo con el cuerpo del Pujllay, el espíritu del carnaval que hoy descansa.
Este emotivo rito, que no es exclusivo de Humahuaca y se replica en toda la provincia, con pedidos para la próxima cosecha. Mientras la tierra comenzaba a cubrir las ofrendas, los diablitos se despidieron hasta el próximo año.
La fiesta terminó. El carnaval quedó enterrado, y se guarda la promesa de reencontrarse con el diablo y la alegría el año que viene.