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Cerrar ciclos para volver a la tierra: El pulso sagrado del otoño

Martes, 24 de marzo de 2026 18:38

El otoño ha llegado a nuestra provincia con ese calor intenso y sofocante, ese que solo se alivia con el perfume de las primeras mandarinas. Sin embargo, más allá del clima, esta estación nos trae una invitación profunda. El otoño, con su luz dorada y su invitación al despojo, es una de las estaciones más generosas para quienes se animan a mirar hacia adentro. Es un espejo de nuestra propia existencia, recordándonos que la vida no es una línea recta, sino una espiral de transiciones y temporadas.

A veces, desde que somos muy pequeños, nos enseñaron que debíamos habitar un verano eterno: produciendo, brillando y cumpliendo expectativas sin descanso. Pero la verdadera sabiduría ancestral y psicológica nos recuerda que identificar nuestro ser exclusivamente con el "hacer" o el movimiento constante nos termina separando de la vida misma.

La Temporada de la Cosecha y el Despojo. Así como los árboles dejan caer sus hojas para proteger su núcleo, el otoño humano nos pide soltar las "máscaras" o las identificaciones externas -como el éxito profesional absoluto o la validación ajena- para nutrir la raíz del ser. Es el paso necesario del "hacer" constante al "ser" con sentido.

Es la etapa donde integramos las polaridades. Ya no somos solo el hijo o la madre, el esposo de o el profesional exitoso; somos la síntesis de nuestra historia. Según autores como C.G. Jung, es el inicio de la individuación, donde el foco de energía se desplaza del mundo exterior hacia el paisaje interno. Por eso, muchos de nosotros experimentamos crisis importantes en esta etapa.

El peso de sostener lo que debe caer. A menudo vivimos tratando de que nada cambie. En nombre de la "estabilidad", de ideas rígidas sobre la familia o por la obsesión de encastrar la vida como en un tetris, buscamos sostener estructuras que ya están para caerse.

Recuerdo que un 1 de mayo, cuando tenía 14 años, estaba sentada en un tronco que parecía fuerte al costado de una cancha de vóley. Éramos cuatro personas allí. Perdí el equilibrio y, en lugar de fluir con el movimiento, aferré mi pierna al tronco buscando no caer. Era una rama baja, hubiera sido más orgánico simplemente bajar, pero me resistí, el tronco se quebró. cayeron sobre mí tronco y personas. El resultado: siete fracturas y un cierre de etapa doloroso justo antes de mis quince años.

Esa resistencia al cambio lastima más que el despojo de lo que ya perdió vigencia. Como diría Fritz Perls desde la Gestalt, quedarnos fijados en una forma vieja nos impide completar la figura de lo que somos hoy.

El vacío no es carencia. Vemos en el "soltar" una pérdida de identidad. Nos aterra pensar: ¿quién soy si ya no tengo este trabajo o si mi estructura familiar cambia? Proyectamos historias pasadas en el presente: si crecimos con carencias, buscamos dárselo todo a nuestros hijos a costa de nuestra verdad; si tuvimos la "familia perfecta", maquillamos imperfecciones hasta que el "dragón de la furia" estalla por no poder sostener la máscara.

En esta estación, la identidad se redefine. La psicología existencial plantea que es un error identificar nuestro valor con la productividad incesante. El otoño nos enseña que el vacío no es carencia, sino espacio disponible. Temerle al vacío es como temerle a la tierra que descansa para volver a parirnos. Somos, en esencia, más espacio y silencio que materia; ¿por qué habríamos de temer a nuestra propia naturaleza?

Volver a la tierra. El otoño humano no es un declive, sino la maduración del fruto. Es la autoridad que nace de haber transitado el verano y tener la valentía de caminar hacia el invierno con las manos llenas de experiencia, pero el alma ligera de equipaje.

Otoño dorado: llévate las máscaras que me daban seguridad pero que ya no me representan. Aunque quede vulnerable y sin mapa, mi mente se entrega hoy a la sabiduría del alma. Entendí que la verdadera vida es sin recetas, desnuda frente a mi verdad. No hay armaduras oxidadas que valga la pena sostener.

Es tiempo de fluir. Seamos la hoja que es llevada por el viento, confiando en que cerrar ciclos es volver a la tierra para volver a nacer.

Para reflexionar juntos:

- ¿Qué "máscara" sentís que te está pesando más en este momento de tu vida?

- Si hoy dejaras de "hacer" por un instante, ¿qué versión de vos aparecería en el silencio?

- ¿A qué tronco te estás aferrando por miedo a una caída que, en realidad, podría ser tu liberación?

Algunas preguntas e imágenes: "Hay un calor de otoño que sofoca, una intensidad que parece resistirse a morir. A veces, nuestras vidas se sienten igual: sostenemos estructuras, trabajos y vínculos como si nuestra existencia dependiera de ese esfuerzo, olvidando que la naturaleza -sabia y ancestral- nos está gritando que el despojo no es pérdida, sino espacio para lo nuevo".

"Que este otoño dorado se lleve las máscaras que ya no te representan. No temas a la vulnerabilidad de quedarte sin mapa; tu alma conoce el camino. Al final del día, la resistencia al cambio lastima más que el despojo mismo. Soltá el tronco, dejate llevar por el viento de tu propia verdad y recordá: cerrar ciclos es volver a la tierra para volver a parirte".

"La vida no es una línea de producción, es una espiral de estaciones. Hoy, te invito a soltar la armadura oxidada del 'hacer' y animarte a habitar tu propio vacío. No es carencia, es tierra fértil descansando. Caminá hacia tu invierno con las manos llenas de experiencia, pero el alma ligera de equipaje".

(*) Psicóloga, Magíster en Salud Pública y Coach Ontológica (Aacop–Ficop 3903). Integra psicología, coaching, neurociencias, espiritualidad y arte para acompañar procesos de transformación en personas y organizaciones. Su enfoque trabaja relaciones conscientes, bienestar emocional y liderazgo humano, con herramientas aplicables a la vida cotidiana y al mundo profesional.

 

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