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La Sole festejó 30 años en Cosquín

Suna Rocha, Adrián Maggi, Juan Iñaki en el inicio de la velada y luego el festejo por los 30 años de vigencia de Soledad en el festival: motivos suficientes para otra noche exitosa.

Domingo, 01 de febrero de 2026 10:05

Soledad Pastorutti volvió al Festival de Cosquín como pocas veces se vio: con un recital que se extendió por más de tres horas, una lluvia persistente como telón de fondo y un público que no se movió del predio ni un segundo.

Treinta años después de aquella noche en la que, con apenas 15 años, revolucionó el festival por primera vez, Soledad celebró su historia con una puesta ambiciosa, invitados de todos los géneros y un cierre que quedará en la memoria del folklore.

En 1996, la cantante subió al escenario que lleva el nombre de Atahualpa Yupanqui solo para cantar un tema. Sin embargo, el público pidió más, ella desobedeció a los organizadores que le habían prohibido revolear el poncho, y empezó un camino que la convirtió en una de las artistas más queridas del país.

Tres décadas después, esa historia volvió a cruzarse con Cosquín, esta vez con entradas agotadas desde días antes y una expectativa que no hizo más que crecer cuando la lluvia empezó a caer pasadas las 23.

Lejos de espantar a la gente, el agua terminó siendo parte del ritual. Pilotos de colores, familias enteras -desde bebés hasta adultos mayores- y un clima de comunión marcaron la noche en la Plaza Próspero Molina.

A la 1.30 de la madrugada, una grúa avanzó hacia el escenario cargando una luna. Desde allí descendió Soledad, suspendida en el aire, mientras la ovación tapaba el sonido de la lluvia. Así, abrió el show con Sigo siendo yo Vivir es hoy desde lo alto, marcando el inicio de un espectáculo dividido en tres partes.

A las 2.20 apareció el puertorriqueño Pedro Capó para una versión compartida de Piel y canela. Luego fue el turno de Teresa Parodi con El cielo del albañilNahuel Pennisi con Como un cisne y Cazzu, que se sumó para Cómo será.

La seguidilla continuó con La Delio Valdez, que llevó el show hacia un clima más festivo con Nada tengo de ti y Que nadie sepa mi sufrir, en clave cumbiera. Mientras tanto, la lluvia seguía cayendo sin pausa y el público respondía cantando y bailando, envuelto en una postal multicolor de pilotos improvisados.

Después de una tanda de chacareras, Soledad dejó el escenario y su hermana Natalia tomó la posta con Sapo cancionero. Minutos más tarde volvieron a compartir escena, como en los comienzos, para cantar juntas Amor en vuelo, De mi madre, Alma, corazón y vida y Rosario de Santa Fe. La complicidad familiar sumó otro momento emotivo a una noche cargada de recuerdos.

Pasadas las 4 de la mañana, con el público completamente entregado, llegaron los clásicos que marcaron generaciones: Bahiano, Tren del cielo, Entre a mi pago y una despedida falsa con Salteñita de los Valles, en homenaje a aquella primera vez. Antes del cierre definitivo, la oriunda de Arequito se tomó un momento para presentar a sus músicos y llamó al escenario a sus hijas y a su marido, quienes le regalaron un bombo y le colocaron un poncho que no se sacó más.

A las 4.10, bajo la lluvia, cantó la emotiva Brindis cuando, desde el público, le acercaron a Bautista, un bebé de siete meses, que sostuvo en brazos mientras la multitud coreaba la canción. Con el poncho empapado, el agua cayendo y el público acompañando, Soledad cerró una noche que resumió su vínculo con Cosquín y con su gente.

Treinta años después del inicio de su carrera, La Sole sigue celebrando el folklore como aquella vez, con el mismo impulso y un objetivo claro: acercarlo a las nuevas generaciones sin perder su esencia.

 

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