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Robots de compañía con inteligencia artificial

Diseñados para ofrecer apoyo emocional, estos dispositivos son cada vez más comunes en hogares, escuelas y centros de cuidado. Expertos advierten sobre su impacto en niños y adultos mayores.

Domingo, 11 de enero de 2026 10:10

La inteligencia artificial (IA) ya no solo organiza información o automatiza tareas. En los últimos años también empezó a ocupar un terreno más sensible: el de la compañía emocional a través de robots creados para interactuar, escuchar y responder.

Diseñados de forma similar a mascotas (perros, gatos o aves, por ejemplo), o con figuras humanoides, no son simples juguetes ni asistentes por audio, sino dispositivos que interactúan con voz, tacto y reconocimiento de patrones y que pretenden generar una sensación de presencia diaria en personas que carecen de compañía constante.

En adultos mayores, estos robots buscan suavizar la soledad y aportar rutinas, mientras que en el caso de niños algunos dispositivos prometen interacción educativa y lúdica asistida por IA.

Pero más allá de la novedad, lo asombroso de sus características y sus beneficios, la pregunta central sobre estos revolucionarios aparatos no es qué prometen, sino qué efectos reales tienen cuando se integran en la vida cotidiana de las personas.

Es en ese punto en el que la investigación académica y los estudios empíricos comienzan a ofrecer matices, límites y advertencias.

El impacto de los robots de compañía
Efectos en adultos mayores
La soledad en adultos mayores es considerada un problema de salud pública asociada con depresión, deterioro cognitivo y mayores tasas de mortalidad. Desde hace más de una década, su vínculo con tecnologías de compañía es objeto de estudio.

Al respecto, un informe de Frontiers in Psychology, basado en más de 20 estudios realizados en residencias y hogares particulares, concluyó que los robots de compañía y las mascotas robóticas pueden reducir la sensación subjetiva de soledad y aportar bienestar emocional en personas de avanzada edad.

Parte de esta evidencia proviene también de investigaciones sobre PARO, el robot terapéutico con forma de foca desarrollado en Japón. Estudios publicados en Gerontechnology y en el Journal of the American Medical Directors Association observaron que su uso en centros geriátricos puede incrementar la interacción verbal y mejorar el estado de ánimo en personas con demencia leve o moderada.

Ambas investigaciones revelaron también que algunos usuarios perciben las respuestas de los robots como reconfortantes y que los estímulos pueden asemejarse, en ciertos aspectos, a terapias asistidas con animales reales, sin riesgos asociados como alergias o cuidados físicos complejos.

Sin embargo, no hay un consenso claro sobre la eficacia de estos dispositivos para mitigar la soledad en todos los contextos, y una parte de los adultos mayores no percibe beneficios relevantes, especialmente cuando se difuminan las fronteras entre máquina y presencia humana.

Percepciones y ética


Más allá de estos resultados, el uso de robots de compañía abre un debate ético profundo. Trabajos publicados en Ethics and Information Technology consideraron problemático permitir que un robot sea percibido como humano, especialmente en contextos de demencia o deterioro cognitivo, donde el consentimiento y la comprensión pueden verse comprometidos.

Desde una mirada crítica sobre la relación entre tecnología y vínculos sociales, la investigadora del MIT Sherry Turkle advirtió en libros como Alone Together y Reclaiming Conversation que los robots sociales pueden generar vínculos emocionalmente convincentes, pero carentes de reciprocidad real. Según Turkle, en contextos de vulnerabilidad estas simulaciones afectivas pueden sustituir relaciones humanas genuinas.

Recomendaciones:

La evidencia sugiere que, si bien los robots de compañía pueden ser herramientas útiles, su implementación debe ser cuidadosa y supervisada. Los estudios citados coinciden en que estos sistemas no deben entenderse como reemplazos de vínculos humanos, sino, en el mejor de los casos, como herramientas complementarias dentro de entornos donde el contacto social real sigue siendo central.

En el caso de los adultos mayores, las investigaciones en gerontología y ética del cuidado subrayan que la interacción con robots sociales no puede sustituir la presencia de familiares, cuidadores o profesionales de la salud. Los beneficios observados en algunos contextos, como mejoras transitorias en el estado de ánimo o mayor estimulación, aparecen cuando el uso del robot se integra a un ecosistema de cuidado más amplio, que incluye visitas humanas, actividades compartidas y acompañamiento clínico.

De la misma manera, advierten que el consentimiento informado es un aspecto clave: los usuarios deben comprender que son sistemas artificiales, un punto especialmente sensible cuando existe deterioro cognitivo.

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