Buscarse en las creaciones, y en susprocesos, buscarse en la vida, en el origen y volver a la actualidad para armar la historia y armarse, tomarse el tiempo y comprometer el ser en ese camino, concluye en una obra de arte integral, en la que Marcelo Coca, artista plástico, abrió su intimidad al espectador en general.
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Buscarse en las creaciones, y en susprocesos, buscarse en la vida, en el origen y volver a la actualidad para armar la historia y armarse, tomarse el tiempo y comprometer el ser en ese camino, concluye en una obra de arte integral, en la que Marcelo Coca, artista plástico, abrió su intimidad al espectador en general.
“Tinkunakama”, significa “hasta que nos volvamos a ver”, y es el título de la muestra que está disponible en el Centro Cultural Culturarte (Sarmiento esquina San Martin) desde hace algunas semanas, y que transita sus últimos días. Los interesados en visitarla tienen tiempo hasta el próximo martes. Conversamos con el artista, después de recorrer la planta baja y el entrepiso del centro cultural, donde fue desplegando un camino. Y en la entrada escrito a mano alzada, un texto recibe al visitante, rezando una realidad de la que hay conciencia, pero no hay reparaciones absolutas: “Boliviano, bola, bolita... coya, indio, negro... Mis padres eran bolivianos pero ocultaban su herencia...”, dice esa bienvenida que claramente explica el sentido de tanto por ver y reflexionar en el interior de “Culturarte ”.
Coca, habla de esta muestra como “un acto de arqueología personal, para rescatar las raíces que el miedo arrancó”. En la planta baja hay cuadros y soportes (una cama), montados a modo de instalación, con trenzados de telas, que mientras conversamos con el artista, devela que son prendas de su familia, que encontró en DESTINO SAN JAVIER la búsqueda de elementos que le permitieran decolonizar su historia y la de sus ancestros.
Y en el entrepiso, encontramos una serie de trabajos titulada “Papa chuño”, donde este alimento es el protagonista, y cierra el recorrido del artista y de la historia, con un homenaje a sus padres, en un altar. “Antes que nada, me siento un privilegiado de poder exponer en Culturarte que es uno de los espacios más importantes de la provincia, en planta baja y entrepiso, y de forma individual, porque requiere de recursos económicos, para tener bastidores, pinturas, etc, y sobre todo tiempo, para este proceso de creación”, comienza contando el artista.
“Este trabajo surgió porque creo que es sanador, cura heridas, porque creo que se puede pensar través del arte, se puede reflexionar. Yo quería mostrar un proceso personal, que tiene que ver con mi historia personal, mi historia familiar”, expresa.
El sentimiento que llevó a Marcelo Cosa persona a iniciar este camino sanador, fue el de haber perdido parte de su identidad, porque sus padres en su momento, “quisieron cuidarme al no decir que eran bolivianos en Jujuy”, asegura entendiendo también el contexto de ellos “pienso esto como un acto de protección, pero siento que perdí algo en ese camino”, asegura. Ese fue el motor para comenzar a buscar. Sus padres ya fallecieron, y este trabajo comenzó hace varios años, antes de la pandemia, con un viaje a Bolivia, para reencontrarse con sus parientes y con ese contacto comenzar a rescatar su historia.
La muestra se inauguró con una performance que también explica de alguna forma el recorrido, y que termina en el altar del entrepiso, agradeciendo a sus padres el ser quien hoy es, y asegura después de mucha introspección, que “todos los padres, son los mejores padres que pueden ser y que uno lo da todo. Ahora siendo padre, entiendo eso”. Recordó que el secretario de Cultura de la provincia, José Rodríguez Bárcena, el día de la apertura de la muestra expresó que es muy buena esta perspectiva del arte como sanación y que a través de él se puedan curar heridas, pero que también seguramente es preciso pensar, que cómo es posible todavía que, en Jujuy, decirle “boliviano” a alguien sea un insulto.
“Es una herida que de forma colectiva los jujeños tenemos que curar con Bolivia, porque hay una cercanía cultural, de color de piel, de personas que son y somos descendientes de bolivianos. Parece hasta injusto no reconocer estas costumbres, en este mes que con la Pachamama y otras costumbres prehispánicas”, expresó el funcionario.
Coca entiende también, muy emocionado y traspasado por esta muestra que le toca la fibra más íntima de su ser, que “si bien es un proceso personal, muchas personas se pueden verse reflejadas en este camino de experimentación a través del arte”, reconoce y abre la cancha.
Dice que las telas aparecen como elemento de esta exposición “cuando comencé a pensar mi familia, y mirar fotos, buscando encontrar algo allí. Hay fotos que están impresas sobre telas, tratando de reflejar ese vacío”, comenta, y aparece un primer concepto muy marcado: “Hay una presencia constante en la muestra que es la ausencia, es como que en todo, falta algo”, dice Coca. “En las fotos están borrados los rostros de diferentes maneras, con una nube, con unas rayas blancas, etc., para dar la idea de que falta algo. En las pinturas que están en la planta baja, con un fondo negro, hay unos rostros que aparecen y no está el cuerpo. Hay una constante búsqueda de la manera de transmitir, la ausencia, la falta, en esta muestra”, asegura.
“¿Por qué con telas? porque otro de los elementos que había encontrado, en mi investigación, era la ropa de mi familia, que estaba guardada. Empecé a juntar, recolectar, pedir. Es ropa real de mis familiares”, cuenta. “Y encontré en el trenzado algo especial. Para las mujeres coyas es muy simbólico, a veces tienen dos trenzas o una, que hablan de su situación personal, si están casadas o solteras.
Los varones también se dejan una cola en la parte de atrás que se la corta luego en un ritual. Entonces el trenzado me parecía algo muy importante dentro del mundo andino y lo mezclé con la ropa de mi familia, que iba tejiendo esa identidad. Por eso la presencia de la ropa en diferentes formas y trenzados”, expresa.
Se va haciendo la luz
Cuando el espectador sube al entrepiso, se encuentra con obras totalmente distintas. Allí está la serie “Papa chuño”. Y Coca explica: “Uno va buscando elementos y materialidades que digan mucho de lo que uno quiere, y encontré en el chuño, algo que me parecía un resumen de la identidad, porque es la papa que es tan americana. Es una forma de alimentar el cuerpo, y simbólicamente, este chuño representa también la idea de conservar”.
También “en ese plano del entrepiso trato de decirle al espectador que sí encontré parte de mi identidad, simbolizado en el chuño. Hay una foto mía muy especial en donde estoy con una especie de adornos hechos con chuños sobre mi rostro y cuerpo, porque este alimento representa la identidad prehispánica, es mi tesoro y lo utilizo como adorno para mostrarlo”, se explaya. Identidad perdida, dolor, exclusión, marcas, recupero, orgullo, entendimiento de las generaciones pasadas, y una mirada hacia el futuro con un sentimiento de más arraigo.
Un pro ceso desde el artista hacia su público, y hacia una sociedad que todavía está procurando curar heridas de este tipo, heridas de hermandad no reconocida.