En Jujuy, una opción dulce comienza a ganar terreno en los paladares locales: la pitahaya o fruto del dragón. Y quienes se animan a probarla suelen ir por más y descubrir otra exótica tentación, la carambola. Apreciadas en Asia, ambas frutas ya se producen en la provincia, y la experiencia de un productor de Palma Sola da cuenta de su potencial.
Luis Perales, productor frutihortícola de esa localidad, se caracteriza por diversificar su finca y apostar a un aprendizaje constante. Hace cuatro años decidió incursionar en frutos tropicales y comenzó a cultivar pitahaya y carambola, sumando alternativas a su producción tradicional.
En el caso de la pitahaya, explicó que los primeros frutos llegaron luego de un proceso paciente. "Se coloca el esqueje como plantín y lleva tiempo producir: de dos a tres años para que florezca", detalló. Actualmente transita su tercer año de producción y asegura que la demanda en San Salvador de Jujuy es creciente, aunque todavía la cantidad obtenida es limitada.
La floración presenta particularidades ya que se produce con altas temperaturas y requiere polinización manual nocturna. "Es una planta que tiene dificultad para cuajar, hay que polinizarla a mano. Nos organizamos entre dos o tres personas y lo hacemos de noche", comentó.
Para su producción, la pitahaya necesita calor intenso, entre octubre y noviembre, con temperaturas cercanas a los 40 grados, para estimular la floración, y tolera apenas uno o dos grados de frío, sin resistir heladas.
Además, al tratarse de una planta trepadora, requiere una estructura de sostén, como postes de madera o cemento, que funcionen como tutor. No obstante, Perales la define como una especie "muy noble", hasta el momento no registró problemas de plagas ni enfermedades, a diferencia de lo que ocurre con los cítricos.
Su ciclo productivo contempla entre dos y tres floraciones por temporada. Desde la aparición del brote hasta la cosecha transcurren alrededor de 40 días. Se trata de una fruta muy demandada por sus características y su atractivo visual. Puede consumirse fresca, cortada en mitades o en cuartos, y también utilizarse en preparaciones y presentaciones gastronómicas.
En materia de comercialización, el productor indicó que los precios varían según el mercado y el volumen disponible y en su caso, vende en mercados de San Salvador de Jujuy y en Buenos Aires. Si bien la producción aún es acotada, considera que se trata de una alternativa rentable dentro de su estrategia de diversificación, ya que produce mandarina, naranja, tanjarina, palta y sumó la chirimoya.
En el mercado de Concentración de avenida Almirante Brown se consigue la pitahaya a 3.000 pesos por unidad o el kilo a 10.000 pesos, y no hay carambola, la mayoría llega de Perú y Ecuador.
Perales destacó también el acompañamiento técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), cuyos consejos le resultan de utilidad para avanzar en estos cultivos no tradicionales.
Carambola
Respecto de la carambola, Perales explicó que se trata de un árbol similar a la mandarina o la naranja, que comienza a dar frutos al segundo o tercer año. Requiere abundante agua y altas temperaturas para desarrollarse adecuadamente. Al igual que la pitahaya, se adapta bien a la zona y no presenta mayores problemas sanitarios.
Aunque en Jujuy su consumo aún es incipiente, quienes la prueban la incorporan en jugos, bebidas y también como elemento decorativo en tragos, aprovechando su característica forma estrellada. En los hogares suele prepararse con agua y azúcar, en un jugo refrescante y muy apreciado.
La carambola (Averrhoa carambola), conocida como fruta estrella por su forma al corte, es originaria del sudeste asiático, Indonesia y Filipinas entre otros países, y fue adaptada al norte argentino, especialmente en las yungas jujeñas, con validación técnica del Inta. Es jugosa, crujiente y de sabor que va de ácido a dulce; posee bajo aporte calórico, alto contenido de potasio y vitamina C, aunque su concentración de oxalatos hace que no sea recomendable para personas con problemas renales.
En Argentina se comercializa principalmente en fresco, pero también puede procesarse en encurtidos, salsas, vinos y jaleas. Investigaciones del Inta han abordado tanto sus características sensoriales, incluso en versiones deshidratadas tipo snack, y técnicas de propagación, entre ellas la multiplicación por estaca, para fortalecer su desarrollo en la región.
Se estudia en el Inta de Yuto
La pitahaya es un cultivo exótico cuyas frutas tienen su particular floración nocturna, que en el norte del país fueron impulsadas por especialistas de la Estación Experimental de Cultivos Tropicales del Inta en Yuto . En esa estación experimental estudian tres especies, la blanca (Hylocereus undatus), la roja (Hylocereus monocanthus) y la amarilla (Hylocereus megalanthus). Según explicó la investigadora Carina Armella, en una entrevista anterior con El Tribuno de Jujuy, cada vez más productores del NOA la consideran una alternativa para diversificar sus fincas.
“Tiene muy buena aceptación, no solo por su potencial productivo, sino también por su adaptación al clima subtropical. Aunque es un frutal tropical, se desarrolla bien gracias a su rusticidad, ya que pertenece al grupo de las cactáceas”, explicó. Desde 2019, el equipo técnico evalúa el comportamiento agronómico de distintos clones introducidos tras relevamientos en diversas zonas del Noroeste argentino.
La investigación permitió diferenciar 12 accesiones pertenecientes a tres especies del género Hylocereus, con una amplia diversidad de colores y características. Además de la pitahaya, en la experimental se trabajan otros cultivos tropicales como mango, palta, papaya y maracuyá. Sin embargo, la pitahaya es una de las incorporaciones más recientes y una de las que mayor interés ha despertado en el sector productivo regional.