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Boca, sin refuerzos y con Riquelme cuestionado

Ayer el delantero arregló con Vasco Da Gama de Brasil y de esta manera se terminó la novela.El presidente es el apuntado por la falta de fichajes en el año que se vuelve a la Copa Libertadores.

Miércoles, 21 de enero de 2026 00:00

Boca Juniors atraviesa un mercado de pases que incomoda por donde se lo mire. No por una negociación caída, no por un refuerzo que se enfrió o por un nombre que se escapó por detalles, sino por algo mucho más contundente y difícil de maquillar: el "xeneize" no trajo a nadie. Es que ayer se confirmó que el delantero Marino Hinestroza, de Atlético Nacional, ya arregló con Vasco Da Gama de Brasil.

Un mercado en blanco para un club que vive en un estado permanente de obligación. Y lo más llamativo es que esto ocurre justo en el año en el que Boca vuelve a jugar la Copa Libertadores, el torneo que define su identidad, su orgullo y su vara.

En Boca, el mercado de pases nunca es un tema menor. Porque la camiseta pesa, porque la presión devora, porque los rivales se arman, porque la agenda deportiva no permite pausa y porque el club, cuando pretende ser protagonista, necesita jerarquía. Sin embargo el cuadro actual parece escrito al revés: cuando el calendario exige reforzarse, Boca se queda quieto.

Y eso, aun en un fútbol argentino lleno de excusas económicas, es un síntoma. No hace falta exagerar ni dramatizar: alcanza con mirar el recorrido reciente para entender que no es normal que Boca atraviese una ventana sin incorporaciones externas. Podrá traer poco, podrá traer tarde, podrá equivocarse en nombres. Pero "no traer a nadie" es un escenario excepcional.

El punto central no es únicamente el resultado final del mercado, sino el mensaje que deja. Boca está en un momento donde debería enviar señales claras: "vuelve a la Libertadores y va a competir". Pero lo que transmite es otra cosa: dudas, desorden, demora, inmovilidad. Un club que se mide por su capacidad de imponerse, eso es alarmante.

La conducción de Juan Román Riquelme, que llegó con promesas de orden, liderazgo y sentido futbolero, hoy queda atrapada en una narrativa repetida: cuando algo no sale, siempre hay una culpa externa que justifica el problema. Entonces su conducción comienza a ser cuestionada.

 

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