Siempre sorprende la potencia de la cultura jujeña. En cada rincón del país, y más allá de sus fronteras, el nombre de Jujuy resuena con una fuerza que trasciende la geografía. Y no es para menos, su cultura, su música y sus colores logran algo casi mágico, hacer sentir la provincia en cualquier lugar del mundo. El carnaval es uno de esos emblemas que nos atraviesa y nos recuerda de dónde venimos.
En esta ocasión, la distancia no fue un obstáculo, sino un escenario más para celebrar. Aproximadamente 3.500 kilómetros separan a Jujuy de la inmensidad patagónica, pero el corazón del carnaval jujeño late con la misma intensidad en El Calafate, provincia de Santa Cruz.
Así nos lo hizo saber una de nuestras seguidoras, Judith, quien compartió su testimonio a nuestro diario, El Tribuno de Jujuy, nos permitió conocer una historia que merece ser contada:
“Vivimos en El Calafate, provincia de Santa Cruz, y hacemos la fiesta de comadres y el carnaval jujeño. El pasado jueves 12 celebramos a las comadres y el 15 realizamos la fiesta de carnaval. Ya son tres años consecutivos que festejamos estas fechas, estando lejos de Jujuy”.
Detrás de esta celebración está el trabajo y el amor de “Los Zapatitos Alegres”, una comparsa que nació en 2013 por iniciativa de José Luis Gutiérrez y su familia. Lo que arrancó como una reunión familiar para no perder las tradiciones, hoy es un emblema cultural en el sur del país. La agrupación cuenta con una comisión organizadora y reúne a muchas familias año tras año.
“Los Zapatitos Alegres” no solo representa una tradición, es una muestra clara de que la identidad no entiende de kilómetros. Y en cada edición del carnaval es una celebración que une generaciones y fortalece lazos.
Ver cómo en cada rincón del país, incluso en los más alejados, resurge la memoria y el orgullo de ser jujeño, nos llena de emoción. Porque Jujuy no es solo un lugar en el mapa, es una cultura viva que se celebra, sin importar la distancia.